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lunes, 11 de mayo de 2026

Pretérita Edad

 Cuando digo que son Genuinos, no me falta razón. Como bien podéis comprobar. Cualquiera que sea de Ellos. Imaginación, Soltura, Capacidad para Crear, para Contextualizar, Don de Palabras y Escritura, Facilidad. Resumiedo: "Sobrada Creatividad". Repito y repetiré hasta la saciedad: tener en nuestras manos tal montón de pruebas más que evidentes de la categoría imaginativa y literaria de Don José, Tío Pepe y Tío Rafael,  que son los tres "Pajariteros" que han dejado su impronta tan palpable, particular, personal e intransferible, es una inmensa Fortuna. Sumergirse en cualquier tomo, y viajar, por ejemplo, a la Edad de Piedra, Volver a la Edad de Lo Que Sea, habiendo visitado confortables cuevas e intentado comprar pisos a 500 pesetas, pues, ya me diréis. Yo me quito el sombrero y me voy para Triana a mirar escaparates, no para buscar la "bomba atómica de artesanía"... busco un bolso de cuero repujado para mi mujer, y un búcaro de cerámica para mi casa. Para Bombas, las que tiraban Los Fafarrones  y que con ellas se hacían Las Gaditanas, Tirabuzones. Que Arte más Grade el de Los Montoto, por favó! ¡Ah, por cierto, habría que leer también a los que no nos dejaron nada escrito, que tendrían lo suyo igualmente!

PAJARITA DE PAPEL 

¡Pretérito y futuro!

Verdaderamente que en  estos últimos diez mil años ha cambiado un poco la vida en nuestro planeta.  El solo transcurso de estos "añitos" ha organizado sobre nuevas bases la vida del género humano, ha cambiado profundamente el medio ambiente en el que nos desenvolvemos, nos ha dotado de nuevos medios y nos ha proporcionado en fin, refinamientos y comodidades que no pudieron ser ni imaginadas en tiempos pretéritos. Si el hombre de Cro-Magnon levantara la cabeza, estoy seguro de que por  muy dolicéfala que la tuviera,  tendría que apreciar la diferencia que separa su Edad de Piedra de nuestra Edad de Lo Que Sea; pero sin embargo hay que reconocer que en esencia la vida sigue siendo la misma,  sobre todo en orden a la satisfacción de esas necesidades primarias de alimentación, vestido y habitación. 

En la época cuaternaria, el hombre,  para procurarse su sustento, no tenía más recursos que esconderse tras un peñasco, y allí,  armado de un hacha de sílex y de una paciencia benedictina, esperar a que pasase algún animal para partirle el espinazo de un tremendo golpe. Hoy el problema en síntesis es el mismo, pero se ha "burocratizado" mucho. Ya la espera no es a la intemperie, sino bajo un techo acogedor y detrás no de un peñasco, sino de las cuarenta o cincuenta personas que te preceden en la cola de la oficina de Abastos, porque es que tras muchos y laboriosos estudios, se ha llegado a la conclusión de que este es el Organismo imprescindible para controlar sabiamente lo que debe entrar en tu estómago,  y que con su prudente reparto te evita las lamentables indigestiones que amargaban la existencia  a nuestros antepasados los cavernicolas.

El problema del vestido tampoco ha cambiado,  apreciablemente, porque si al hombre primitivo le costaba trabajo proporcionarle a su costilla las pieles necesarias para su abrigo, al hombre del siglo XX "le cuesta" más. 

Y si pasamos al  concepto habitación,  no es que dudemos de lo difícil que resultaría entonces encontrar una cueva tan "confortable" como la de Altamira, pongo por caso, pero quisiera yo ver cómo se las apañaba el troglodita más listo para encontrar ahora un piso de quinientas pesetas...

Ahora bien, prescindiendo de estos pequeños detalles, entre aquella y esta Edad, indudablemente hay diferencias, y estas diferencias hay que reconocer que son tanto del tiempo como de la inteligencia humana, porque es evidente que la mayoría de los inventos que nos simplifican la existencia, deben más a lo primero que a la segunda, ya que el inventor muchas veces no hace más que adelantarse unos años y descubrirnos algo que estaba en el ambiente y que el tiempo necesariamente nos hubiera puesto de manifiesto. Y, por paradoja es el tiempo también el luego se encarga de ir dejando anticuado y ridículo lo que antes nos pareció invento novísimo. 

Todo en la vida es pues cuestión de tiempo; por eso no podemos explicarnos que misster Truman quiera guardar tan celosamente el secreto de la bomba atómica, porque estamos seguros que pese a toda la prudencia y discreción que guarde, pronto ese secreto habrá dejado de serlo, y no puede estar muy lejano el día en que entre una cartera de cuero repujado un búcaro de cerámica trianera, veamos en un escaparate una bomba atómica "de artesanía "

¡Y si no, al tiempo!

RAFAEL MONTOTO DE FLORES. 

Veintidós de Noviembre. Año de 1945

Publicado por Jesús en 12:39
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domingo, 10 de mayo de 2026

Piezas Que Resuenan

 No sabéis que similitud más grande le doy a todas las "Pajaritas de Papel" que obran en mi poder. Todas ellas muy mayores ya. Las páginas de ese color marfileño, tan delicadas de pasar unas y otras, que da hasta miedo tocarlas, no sé vayan a resquebrajar. Un olor peculiar en las mismas. Unos cuantos tomos. Sin embargo, aquí estoy dando nueva vida a su composición. Una "Pajarita" más de tantas y tantas. Música celestial, bajo mi punto de vista. Pienso: ¿ha llegado el momento de hacerlas volver a su casa? Su casa en Lora del Río. Ya lo hablé una vez con Juan José. ¿La verdad? No sé qué hacer. Me gusta leerlas, olerlas, acariciarlas.... Es música para mis sentidos, mi música, vuestra música, nuestra música.

PAJARITA DE PAPEL.

¡Los papeles de música!

Yo solo sé de una, pero creo que serán muchas las casas donde existan papeles de música,  comprados hace tiempo,  cuando el piano estaba en todo su apogeo  y no había señorita que no aprendiese a golpear sus teclas; papeles ya amarillentos, que se conservan amorosamente y que han pasado por las manos de dos o hasta tres generaciones.

Gracias a estos papeles o libros -como queráis llamarles- cada familia tiene su música propia. Las hembras de la casa,  si aprenden a tocar, tocarán esas piezas precisamente. Los varones llegarán a saberlas de memoria y las escucharán con especial delectación, como a cosa muy suya, que va ligada estrechamente con los recuerdos, tristes o placenteros-generalmente tristes- de la vida pasada.

Dondequiera que las oigan, aquellas dulces notas les traerán el recuerdo del hogar. Entonces notaréis cómo quedan callados y absortos, con la mirada pérdida en no sabemos qué remota lejanía.  Un tropel de recuerdos y nostalgias invadirá su espíritu.  Aunque la música brote del gangoso altavoz de un café, ellos terminarán por sentirse conmovidos evocando pretéritas escenas. Y si les preguntamos por el motivo de su repentina melancolía, seguramente esquivarán una respuesta, o acaso nos dirán, con voz grave y velada: "Esto lo tocaba mi madre".

¡Oh música querida y entrañable! ¡Amada música nuestra, que rara vez oímos fuera de nuestro hogar! ... Música delicada que acaso no recuerde nadie ya; viejo papel de música, que ya no encontraremos en ninguna tienda! .... Tú tienes la virtud de transportarnos a un mundo de recuerdos, y pareces escrita expresamente para el libreto de nuestra propia vida. No permitas, lector, si los tienes, que lleguen a perderse los cuadernos de música que acaso están a punto de ingresar en el cuarto de los trastos inservibles -esa fosa común donde yacen tantas cosas ligadas a nuestro pasado- No permitas que lleguen a perderse. Repara en que  ellos guardan entre sus tapas de color marfileño, las suaves melodías que tantas veces bañaron tu espíritu, inundándolo de dulces emociones. Guarda, celosamente, como puedas guardar las viejas fotografías, como guardas las cartas antiguas, como puedas guardar un tesoro, los papeles de música que contienen "Tú" música; la música del libro de tu vida.

JOSÉ MONTOTO DE FLORES.

Siete de Septiembre. Año de 1945.

Publicado por Jesús en 8:44
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lunes, 26 de enero de 2026

Tía Salud-Tío Miguel

domingo, 17 de febrero de 2008

SALUD MONTOTO. MI MUJER DE OJOS GRANDES

Gracias a todas, siento vuestro calorcito, lo noto en medio de este frío que me recorre por dentro.
Algunas habréis pasado por esto, mi madre está muy malita, así que sabréis cómo me siento, perdida en un bosque, haciéndome a la idea de vivir sin aquélla que me iba dejando las piedritas para que encontrara mi camino y de que debo guiarme por las estrellas para seguir. Y eso lleva su tiempo y sus lágrimas, hasta que este corazón aprenda a vivir con la certeza de que aquella que me ha acompañado, respetado y querido siempre, hiciese lo que hiciese, se convierta en recuerdo. Quisiera volver a ser una niña, de las que creen que existen los cuentos de hadas, para tener por lo menos el consuelo de pensar que mi padre la estará esperando, sentado con los pies colgando de una nube, para enseñarle el sitio perfecto donde plantar juntos el caballete, y que volverán a ser aquellos jóvenes y guapos que se encontraron en el patio de la facultad y que supieron que estaban hechos el uno para el otro. Y que serán felices y comerán perdices...

Quiero permitirme la licencia, como blogmaster de este Universo de Hoy Libro, de dedicarle a ella una entrada, como la Mujer de Ojos Grandes que es para mí. Se lo debo, y sé que comprenderéis y me perdonaréis que igual que he compartido muchas risas con vosotras también comparta mi pena.

Como mis neuronas no dan para más, utilizaré algunas de las que le dedicó otra de nuestras blogueras, Pili Lebe, o sea, Pilar Lebeña Manzanal, en la biografía que hizo de mi padre "Miguel Pérez Aguilera, el pintor de los silencios".

Salud Montoto de Flores

No seas tonta, si quieres entrar en Bellas Artes no tienes más que hacer el examen de ingreso y ya está —la animaba su amiga Lolita Alarcón.
Sí, pero no era tan fácil. Ella había soñado con ser periodista, con pintar, pero sentía que ya no tenía edad para esas cosas. Lo de querer ser periodista había sido, muy probablemente, por el ambiente en el que se crió. Su padre, José Montoto González de la Hoyuela, director de El Correo de Andalucía durante más de treinta años, la enorme casa de la calle Albareda con aquel mosaico enorme del Cardenal Spínola, fundador del periódico, controlando tus pasos. La redacción en la planta baja y la vivienda en la primera.
—Don José, ¿puede bajar que tenemos un problema?
—Don José, que dice el Cardenal Segura que hay que incluir esto.
Así siempre. Como si la redacción y la vivienda fueran una misma cosa.
La vida en el periódico era estupenda. Correteando por la redacción, hablando siempre con los redactores. Redactores que lo mismo entraban en casa los lunes, viernes o domingos pues los problemas, las consultas y las dudas no entendían de días de la semana. Los domingos, lunes o viernes bajando los hermanos a la planta baja a jugar con las letras inservibles de plomo que caían de la linotipia.
Ella también quería escribir textos de mayor.
Quería ser periodista pero no pudo ser.
Le gustaba pintar pero le parecía que ya era demasiado tarde.
Hubiera querido ir a la Universidad pero no pasó del colegio de monjas. Ellas eran niñas bien que no tenían que aspirar más que a ser señoritas casaderas. Sólo sus hermanos estudiarían. Habría abogados del Estado, jueces… Ellas eran niñas de su casa, de una casa donde no tenían que mover un dedo. Para eso estaba Rafaela, Isabel la cocinera, Encarna la planchadora… Chicas de servicio que fueron siempre parte de la familia. Que vieron nacer y crecer a aquella prole de diez hermanos.
Quería entrar en Bellas Artes pero no quería hacer el examen de ingreso. No había estudiado el bachillerato. ¿Y si lo suspendía?
—Se puede ser alumno libre. Venga, anímate —insistía su amiga.
Sí, pero no es tan fácil. Pasaba ya de los treinta. Y era muy tímida.
—Venga, no seas tonta mujer. Yo voy contigo. Nos vamos a Casa Carreras, compramos la caja de pinturas y punto.
Entraron en un mundo con un ambiente muy diverso. Niñas bien que iban a Bellas Artes con coche propio o chófer como Teresa Duclós o Carmen Laffón, ya terminando la carrera. Esperanza Rojas Marcos. Alumnos becados de extracción humilde. Clase media. Curas, monjas. Allí había de todo.

Estaba en primero y ya escuchaba a sus compañeros hablar de él.
—Ya verás cuando llegues a su clase.
—Espera que llegues a la clase de Pérez Aguilera, ya verás lo que vas a aprender.
Siempre la misma cantinela colada en las conversaciones.
Cuando al año siguiente llegó, por fin, a la clase de Aguilera se dio cuenta de lo que querían decir los que le habían hablado de él.
—Por favor, ustedes dos. ¿Pueden guardar silencio y trabajar?
Apenas se habían dicho algo su amiga Esperanza Rojas Marcos y ella, protegidas tras los tableros, pero el profesor no soportaba ni el zumbido de una mosca. Y a ella le encantaron sus clases. Su extraordinaria forma de enseñar, su pasión, su concentración, que hacías tuya. Su dedicación a los alumnos. Los corrillos en los descansos de los modelos. Don Miguel hablando sin parar. Apasionado. Los alumnos bombardeándole a preguntas. Salud oyó hablar en aquellos corrillos por primera vez en su vida de la pintura que se hacía en Europa, del Modernismo, del Impresionismo.
—Nos vamos a Madrid a ver una exposición de Kandinsky —les decía Miguel.
Y se iban a Madrid, a París, a Bruselas o a Italia; a donde fuera con tal de empaparse de pintura, de arte. De cultura.
Descubrió, no sólo lo buen profesor que era, sino también, lo pirradas que andaban las chicas por él. Les gustaba de don Miguel su timidez, su actitud rebelde, su planta, su soltería, su posición de catedrático, sus ojos azules.
Suspiraban por don Miguel y no todas en silencio.
—Dicen que tiene novia —decía una.
—Bueno, ha tenido varias que me lo han dicho —decía otra.
A ella no le importaba. No se fijaba porque andaba enamoradilla de un chico que la traía de cabeza. Ella era libre. No quería compromisos. Iba a Madrid, salía, entraba. Organizaba guateques estupendos en el cortijo que la familia tenía en Lora del Río. Se había sacado el carnet de conducir —una de las primeras mujeres en la ciudad en hacer tal cosa—, conducía su flamante seiscientos verde jabón, como ella lo llamaba. Él, un chico de familia bien, que la llevaba en moto. Vividor, mujeriego, vital, alegre, guapo, juerguista. Le decía que la quería y ella sabía que no era verdad. Tampoco le importaba demasiado. Había salido de una relación con un novio pesado, celoso y madrero. Y, a fin de cuentas, tenía claro que quería ser una mujer independiente, libre. No casarse nunca ni tener hijos, no fuera a sucederle lo mismo que a su madre y los dejara huérfanos.
Su madre, tan elegante, tan exageradamente cristiana. Cuando iban a la casa de Lora del Río se sentaba en una mecedora que habitaba discreta en el patio de columnas que seguía al zaguán e iba llamando hijo por hijo para rezar el rosario. Siempre se empezaba tarde por culpa de Jesús que era el sempiterno tardón. Cuando estaba a punto de morir les hizo prometer que no dejarían nunca de rezar el rosario.
Su desaparición la llevó a una orfandad que aún coletea reciclada en una especie de vacío que provoca congoja cuando la recuerda. Una soledad vestida de luto que acentuó aún más su ya profunda timidez, y una melancolía innata que intentó aliviar en los muchos cuadernos donde dibujó todo lo que pudo para aliviar ausencias.
Era una adolescente de dieciocho años marcada de por vida por la muerte de su madre que nunca volvería a rezar el rosario pues hacerlo sola le resultaba una pesadez.
Un día, saliendo de la Escuela, el muchacho del que anda enamorada, la estaba esperando en su moto.
—¿Es ese el profesor del que tanto hablan? —le preguntó mirando hacia la puerta de la salida de la Escuela.
—Sí.
—Tiene percha de profesor.
—Es el profesor.
Rubin de Celis, compañero de clase y amigo le comentó:
—Salud, el otro día cuando acabó la clase me preguntó don Miguel quién eras.
La mojigatería propia de la época. ¿Que querrá?. ¿Por qué preguntará por mí?. ¿Pero no dicen que tiene novia?
Salud.

El hombre también vive de satisfacciones.
Llevó a sus alumnos de viaje a Granada. ¡Qué paliza les dio!. No paraba de hablar, de explicarles cosas. Anécdotas. Historias. Incansable. Pintura, pintura y más pintura. No era el profesor serio y estricto del aula. Era distendido, alegre, parlanchín. Era, también, alto, delgado, pasados los cuarenta pero no parecía mayor. Ojos azules. Tenía percha de poeta, pensó Salud. ¡Y cómo se parecía a Amadeo Nazzari, el actor italiano de moda!
El Albaicín, la Alhambra. ¿Estaba empezando a gustarle don Miguel?. Y él hablando sin parar; explicándoles todo; llevándolos de un lado para otro. Sin pausa, como si no se cansara nunca. El Sacromonte, el paseo por el Darro… Inagotable.
¡Qué agradable era!
Sí. Amadeo Nazzari y don Miguel se parecían definitivamente una barbaridad.
Don Miguel empezó a invitarla de tanto en tanto a tomar café. Ella le ofrecía su seiscientos verde jabón para llevarle a Artes y Oficios donde daba clases de mosaico de ocho a diez de la noche. Ella también era alumna de aquella clase de don Miguel y estaba encantada de llevarle siempre que él lo deseara.
—Don Miguel, para mí no es ningún problema acercarle a la calle Zaragoza, que yo voy de camino, ¿sabe?
—Gracias, Evaristo Muñoz también me ha ofrecido su moto.
—Bueno, bueno, pero el día que usted quiera me lo dice y yo lo llevo; no me cuesta ningún trabajo, de verdad. Pero me lo dice usted, ¿eh?, que yo ya se lo he ofrecido.
Miguel a veces iba con su alumno Evaristo Muñoz en la moto, otras con Salud, que aparcaba su coche en cualquier lugar; no eran tiempos aquellos de atascos y embotellamientos. Caminaban hasta el Britz, tomaban un cafelito y después se dirigían a la clase de mosaico.

Miguel veía cómo pasaba el tiempo y no formaba una familia.
Y no es porque no lo intentara. Aquí en Sevilla tuve dos o tres novias pero no cuajó ninguna relación. Me pedían más de lo que yo podía ofrecerles. Hasta que apareció Salud. Era muy agradable, muy simpática, muy dulce y charlábamos mucho de muchas cosas.
Don Miguel era muy agradable pero ella no tenía ganas de tener nada serio con nadie. Vivía estupendamente así. Se lo pasaba de lo lindo con su grupito de amigos, sus guateques, sus idas y venidas. Su libertad. Sin compromisos de ningún tipo, no fuera a pasarle lo que a su madre.
—Don Miguel, cuando usted quiera lo llevo en coche a Artes y Oficios.
Se hicieron novios en el cine viendo la película Vértigo, de Alfred Hitchock. Era febrero de 1961 y se casaron en septiembre de ese mismo año. Salud dejó la Escuela para evitar comentarios.
—Tampoco era muy buena alumna, la verdad.
—Eso no es cierto, Salud. Eras buena pero poco vocacional.
—Pues yo digo que era sólo regular.
Novios formales y siempre con el horroroso «don» a cuestas que no conseguía quitarse de encima. Iba a abrir la boca y se le escapaba lo de don Miguel y a Miguel, que nunca le había gustado eso del «don» no sabía qué hacer para que Salud le llamara simplemente por su nombre. ¡El trabajito que costó!
Si no llega a ser por una señora que afirmó haber asistido a su bautizo no se casa. La partida de nacimiento de Miguel no aparecía por ningún lado. La parroquia de Santa María había ardido durante la guerra, desapareciendo todos sus archivos. ¡Cuántas vueltas por Linares buscando a alguien que le solucionara el problema!. Hasta al Arzobispado fue a protestar.
—De ustedes será la culpa si no me caso, que lo sepan.
Y cuando ya se había solucionado ese problema, Miguel casi no llega a la ceremonia porque estuvo pintando desde temprano por la mañana.
Salud tardó casi un año en quitarse el odiado «don» de encima.
Miguel pensó que había desterrado la soledad.
Tomaron un autobús y se fueron de viaje de novios a Portugal.
El hombre también vive de satisfacciones.

Septiembre se convirtió en un mes fetiche para ellos. En septiembre se casaron y en otros septiembres Salud se quedó embarazada de sus dos hijas. Cuando nació la primera, fue una felicidad absoluta. A las diez de la mañana, en el paritorio de la clínica que daba a un corralón con árboles, mientras Cristina nacía, se oía el jolgorio de unos pájaros cantando. Cuando llevaron a Salud a la habitación, el recién estrenado padre le había colocado encima de la mesilla un ramito de jazmín.
Publicado por Jesús en 21:55
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Nacho y J

   Ahora es el presente dado la fecha por la que hemos pasado. Nunca ha sido el pasado, pues vive en nosotros permanentemente, es futuro, el que tengamos la suerte de vivir, en el que nos acompañará indefectiblemente.

Estoy leyendo de nuevo sus poemas. Quiero permanecer imperturbable, más no hay forma. Quiero entenderlo y a veces, muchas veces, me cuesta, pero no puedo dejar de leer una y otra vez, buscar el sentido de lo escrito, lo que había dentro de su corazón, en su cabeza. Interpretarlo? Daría lo que fuera por sentarme de nuevo con él y hablar para poder entender, lo que a ojos vista nadie puede ver, nada más que él, comprender lo que sentía y sufrió en tan intensa y corta vida. Creemos saber, creemos entender y diría sin miedo al error, que no, que nadie sabía lo que había en su interior. Si supiera interpretar lo escrito, es tan complicado, como tan fácil era pasar el tiempo en su compañía. 

Quizá hubiese necesitado pasar más tiempo en su compañía como lo tuvo Josefa en sus veranos en Cádiz hasta llegar al tedio. Me resuena constantemente en la cabeza una frase que Josefa decía sobre esos largos ratos de los veranos con él en casa de vuestros abuelos. Esas larguísimas jornadas interminables, decía: "toy burrío". Quizás Josefa si tenga ese poder para entender.

Siento inmensa tristeza porque la vida no nos ha dejado que este pequeño gran hombre desarrollara todo el potencial inspirador, estimulante, provocador, sugerente... Misterioso. Lo que muestra en su corta, pero transgresora obra, que a buen seguro, hubiese sido muy diferente a otros poetas, como ya venía demostrando, nos habría dejado más o menos impresionados, conmovidos, sorprendidos, pero nunca permanecer impávidos y no intentar buscar significados.

Elijo al azar un poema de su poemario "La orquesta revolucionaria"

La Sombra Del Cuervo: lleva antes del poema una cita de Franz Listz. Que quizá nos puede hacer entenderlo un poco mejor. Dice así: "llevo un profunda tristeza en el corazón que de vez en cuando debe estallar en sonido" 


La noche es la Sombra de un cuervo; la noche es la costra de un niño, sus ojos cerrados. [Demolición de luz]


El abismo en sus ojos describe un árbol sin tronco, dibuja ramas desnudas, refleja un rayo transparente.

La flor que sobreviva a la masacre será polinizada por el pájaro azul.


Ojo! Para que nadie me malinterprete. No es crítica, ni mucho menos. No sé me ocurriría por nada del mundo hacerlo. Solo deseo aprender en intentar entrar dentro de el, en sus inquietudes, sus sentimientos, descifrar el misterio. Puede ser que esté pidiendo ayuda para ello, puede que necesite que hablemos de el para hacerlo.

No obstante, y no estoy queriendo justificar mi total desconocimiento sobre su persona (nos ha faltado tiempo, mucho tiempo) si quiero hacer ver, cosa que vosotros ya sabéis, que su corazón, su débil corazón, lo tenía lleno de Amor, y que de su obra, su corta pero intensa obra, si hay cosas que entiendo, y de la que también quiero dar muestra de ello.

Este es de su poemario "diario del fin del mundo". No está titulado, no hace ni falta decir que no lo necesita, y que cuando lo leí, me partió el corazón y me llenó de gozo simultáneamente, lágrimas y sonrisa embargaron mi ser. De su puño y letra:

 "La paradoja fue le última. <<En Julio, cuando mi abuela. Si , fue cuando mi abuela. Llevo desde ese día sin llorar. Hoy he quedado con J y M. J se ha caído de la moto. Un accidente, pero nada grave creo. Se casaron el pasado año. Joder, me veo tan solo en el futuro>>, comenta. Aunque a veces le gusta la soledad, ha de reconocerlo. Tal vez sea demasiado sensible como para soportarla. <<Creo que mi familia y mis amigos son lo más importante. Al menos hoy. Mañana estaré con ellos a ratos iguales. Es difícil, pero lo intentaré. Por si acaso. Por lo que pueda pasar>>.

Lo vuelvo a leer una y otra vez. Este me parte el alma cada vez que lo leo.... Premonición?

Vuelvo a repetir, sin ánimo de criticar, no lo haría jamás. Te podrá gustar, o no, pero impasible, nunca te dejará.

Hablemos de él, es el hecho, es el hacer, es nuestro deber para que no caiga donde nunca caerá. Es lo que a toda costa, mientras nosotros estemos aquí, lo que hemos de evitar.

Conversaciones en la Intimidad:

No sé que me pasa con nuestros queridos escritores, poetas. Cada vez que me dispongo a escribir algo y recurro a alguno de sus libros para dicha tarea, zas! De Nacho tengo todos los que le publicaron, son cinco o seis, creo. Los saco de la librería y los dispongo encima de la mesa, sin saber que busco, me dejo llevar, elijo uno al azar, lo abro y... "La paradoja fue la última.." no sé porqué, ni quien me ha llevado hoy abrir ese y por esa página. Me pasa igual con las "Pajaritas de Papel" de D. José Montoto, son quince o veinte tomos, de unas trescientas pajaritas cada uno mas o menos, una al día, año tras año, todas debidamente impresas y encuadernadas, pues me  pasa exactamente lo mismo, me dispongo a escribir sobre algún tema familiar que se me antoja por cualquier motivo, y busco entre uno, dos, o incluso tres tomos, abro este por aquí, el otro por allá, y, ahí está, la mas indicada, la mas aproximada a lo que quería contar, el mas fiel reflejo de las personas, de los sucesos a las que me quiero referir, la mejor de las formas para definir las plumas, bolígrafos, lapiceros, a los que quiero, y quiero homenajear. Para mi no es fruto de la casualidad. Si hubiese sido una sola vez, diría, bueno vale, dejalo estar, pero tantas veces ya... Es un dialogo constante, y cuando lo quiero contar, son ellos los que me llevan a lo que hemos conversado en la intimidad. Niño! Coge aquel de allá! Abre este, y venga, vamos a charlar. Son Ellos, lo digo de Verdad!!

Publicado por Jesús en 14:41
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domingo, 18 de enero de 2026

A tu padre...

 Enfrascados en las tareas del hogar. Tu fotografía, Papá. Papá, en mi cabeza toda la vida, tu fotografía en mi cabecera, veintitrés años hace. Me dice Machús: "a tu padre hay que cambiarle el marco ya". Fíjate bien.. "a tu padre". Ella no dice a la fotografía de... No, no eres foto, no eres un simple marco que haya que cambiar porque el paso del tiempo ha conseguido deteriorar. Tú lo has escuchado, iguál que yo... A tu padre. Ya ves papá, presente hasta la eternidad, no solo en la cabeza, no solo en la cabecera, no solo en el corazón, presente en el alma, en el día a día, en las tareas del hogar, en tu hogar, que es nuestro hogar. Moras en mi casa, como moré en la tuya hace tantos años. He de cambiar el marco a tu fotografía papá, pero me resisto, es el marco que eligió mamá... ¿Como lo voy a cambiaŕ? Solo hay una forma de hacerlo, es a la que me voy a agarrar. Voy a pensar como pensaba mamá: "aquí hay que hacer una obra, esto ya se tiene que arreglar, así que vamos a tirar ese tabique y levantarlo dos o tres metros mas allá...esta ventana la vamos a agrandar... el salón lo recomponemos y a pintár...una habitación por aquí... la cocina mas para acá"... en fin, las cosas de mamá. Mamá voy a hacer una pequeña obra en nuestra casa, en nuestro hogar, en nuestra habitación, en tu cabecera papá, voy a tirar los tabiques que forman el marco de tu pequeño cuarto en mi mésilla de noche, lo voy a reformar. Perdóname por haber tardado tanto, han pasado veintitrés años, ya va siendo hora de hacer una obra y renovar, como bien diría mamá. Tu lo has escuchado iguál que yo: A tu Padre... Sí, ya va siendo hora, Papá.

Publicado por Jesús en 17:32
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Para Leer: Nacho Montoto. Mi memoria es un tobogán/Espacios Insostenibles

 
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