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sábado, 13 de junio de 2026

Benditas Horas

 El tiempo empleado en esto, no es tiempo malgastado. A mi me mantiene continuamente embelesado. Leer a Don José, es cosa totalmente enriquecedora, su léxico  es infinito y talmente sorpresivo y agradable. Su expresión y significado gramatical conecta directa y llanamente con la situación, el momento, o simplemente con el relato de cosas tan mundanas y frívolas, terrenales, como tan espirituales y trascendentales. No menosprecio nada de él: ¿Como habría de hacerlo?. ¡Lo venero! Su Grandeza, Su Dignidad, Su más que Reconocido Mérito y Respeto Público, me lleva a Idolatrarlo hasta su máximo significado. Me encanta leer todo lo que está a mi alcance, una y otra vez. Me hace sonreír, me hace llorar, me emociona, me hace añorar, me hace recordar, y me hace, Aprender, esto sobre todo, Aprender, Entender, Razonar....Ponderar!

Por y Para siempre, Don José. Su más humilde admirador. "Hasta el infinito y más allá"

Gracias por darnos el "Ser". Intentaremos saber llevar el "Estar". Que no es poco, proviniendo de Usted, Don José


-Pajarita de Papel 

-Las horas

-Dos llevo ya gastadas en esta noche, y no sabría decirte si las despilfarré o si les dí acertado y justo empleo. Acaso en apariencia las gasté vanamente. Ya ves: las he empleado en estar al arrimo del brasero, en quietud, en silencio y soledad, lanzando nubes de humo hacia lo alto.

¿Las perdí? Creo que no. Las he gozado. Las horas de la noche,  yo no sé lo que tienen que tan golosoas son. El silencio, el apartamiento de las gentes, el estar en monólogo constante es un gozo sin par.

De entre los muchos dones que debemos a Dios, no es chico ciertamente, el regalo inefable de las horas. De la una a las tres he empleado mi tiempo en viajar hacia atrás.  Mirar hacia adelante no seduce cuando lo que se esperar es declinar. De manera infinita nos recrea pensar en lo que fue, aun cuando duela un poco pensar y ver que lo ido ya no vuelve.

A lo que queda aún, lo miramos con cariño entrañable. La posesión de lo que aún poseemos se saborea con gran delectación.  Hace un rato, en el mirar continuo a lo que nos rodea, yo fijaba mi vista en las paredes, en los muebles, en cuanto está cercano, me es tan familiar. A las cosas que un día fueron nuevas y a las que un día miramos con indiferencia, las miramos ahora con cariño entrañable. Este sillón con casi medio siglo a mi servicio, el mueble aquel de <<ella>>, todo cuanto hay aquí sabe mucho de mí, y yo mucho de ellos. El sillón que ahora ocupo es el mismo que un día supo de mis horas de afán. Sentado en él estudié muchas noches cuando, casado joven, hacía oposiciones. Aquel cuadro de allá fue comprado una de aquellas tardes en las que íbamos juntos completando las cosas del hogar. Y la mesita aquella adquirida en Jaén el año 15, y tantas otras cosas, cada una con su historia evocadora.

Todo esto, de día dice menos. Las cosas están mudas ante la luz del sol. A ellas les gusta hablar cuando reinan las sombras de la noche; cuando la soledad y el silencio absoluto pone en ellas el don de la elocuencia; cuando nos ven obsortos en la contemplación. 

Entonces hablan ellas. Un hablar sin hablar, porque es que nada dicen. En verdad se limitan a invitarnos a un dulce recordar.

Gran regalo el regalo de las horas.  Las del día se nos dan para el quehacer, para los mil asuntos que demanda el vivir. Las de la noche, en cambio, se nos dan como don dulce y gracioso; para gozaarlas en íntimo y callado soliloquio. Una hora y otra y otra de emociones suaves: la una, las dos, las tres...    la tres y media ya.

                                    José Montoto

Publicado por Jesús en 14:10
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viernes, 12 de junio de 2026

Unas horas de paz

 Me ha encantado esta Pajarita.

-Año de 1954

En el índice que indica cada una de las que está publicada, por años, por su número de página, su título, y  entreparentesis dice una nota:(Casa de Lora. Malen?)

~Pajarita de Papel

Las cuatro de la tarde de un día de primavera. Buen sol, sombra agradable que prestan las moreras, y la alegría del verde de las parras que se van extendiendo sobre las alambradas de la pérgola. Geranios y rosales nos brindan los colores más brillantes. Un chorrito de agua cae en la fuente con rumor agradable. Mi nietecilla juega inquieta y parlanchina. A mi lado, acostada en la cesta,  duerme la más pequeña. 

Duerme, he dicho, y no es cierto. Sus ojos miran no sé adónde ni a qué. ¿Que es lo que ven los niños? ¿Por qué miran tan fijos? ¿Qué es lo que les sujeta la vista hacia la lejanía?

En este patio grande que sombrea una arboleda muy frondosa y pujante, las horas de la siesta tienen muy grande encanto. Hondo el patio, alejado de la calle, no se escucha un ruido, ni siquiera un rumor. Este patio-jardin en esta hora es sinfonía de luz y de silencio. Sinfonía de luz que entra tamizada por las ramas frondosas. Sinfonía se silencio, porque el silencio parece que se oye. La falta de ruido por de fuera nos trae como un concierto por adentro. Algo suena en el alma cuando todo es silencio en derredor.

Mientras escribo, la nietecilla chica ha cerrado sus ojos y duerme con la paz que los niños duermen. De vez en cuando sus labios se entreabren en muy dulce sonrisa. ¿Que ven, Señor, los niños cuando duermen, para ese sonreír? 

Yo la he estado mirando mucho rato. Es muy grande placer, en la paz de una tarde cómo ésta, ver a una niño dormido bajo el azul del cielo y rodeado de flores. ¡Y rima tan bien todo! La inocencia del niño, el resplandor del sol, el azul de los cielos, la alegría de las flores...

Y la paz,  y el silencio,  y la armonía de la tarde en calma, y el susurro del aire, y el rumor del chorrito de la fuente cayendo sin cesar.

He mirado hacia arriba, después a la niña dormidita, y posando mi mano sobre su frente, virgen de pensamiento todavía,  le he dicho con ternura: ¡Que te bendiga Dios!

                                                       José Montoto

Publicado por Jesús en 21:07
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miércoles, 10 de junio de 2026

 Pajarita de Papel 

De diez me llevo..

Cuando niño le enseñan a uno cosas que luego no son verdaderas. Recuerdo cuando, a coro (porque en aquellos tiempos se aprendia cantando) repetíamos con una cantinela muy monótona: 2 x1, 2; 2 x 2, 4; 2 x 3, 6; 2 x 4, 8... De la misma manera cantábamos: de 10 me llevo una, de 20, dos; de 30, tres, de 40, cuatro...

Realmente esto es mucha verdad por lo que a las matemáticas se refiere. Lo que ocurre es que las matemáticas se rigen por reglas inflexibles y rígidas, en tanto la vida tiene un elasticidad tal en sus normas que quebranta toda fórmula rigurosa y toda preceptiva. Así mientras yo de diez me llevo una, la vida, de diez se lleva seis o siete o las que quiere. Por lo pronto se me ha llevado seis.

Esto consideraba yo en el día de ayer cuando, idos unos y otros, hemos quedado en casa los que quedamos ya. Fueron en tiempos diez y ya son cuatro. La vida al operar, no lo hizo con rigor matemático. Fue más ambiciosa que la suma aritmética, y fulminó: "de diez me llevo seis". Se los llevó,  y en paz.

Y eso es lo grave: la paz que el caso trae aparejada. La paz y la revuelta no son malas en sí, sino en relación con lo que en cada casa estaba estatuido. Hay familias en las que lo normal es la paz, y en las que la bulla y el gentío traen el desconcierto. Hay otras en las que lo ordinario es la revolución de mucha gente, y cuando está se acaba, la paz es para ellos cual silencio de muerte.

Dice un refrán que al que no está hecho a bragas las costuras le hacen llagas. Paralelamente debería haber otro refrán que dijese que aquel que está hecho a llagas no concibe vivir sin la molestias que ellas nos proporcionan.

Una mesa en la que no se cabe es indudablemente una complicación. Una mesa en la que sobra sitio, también resulta complicada en verdad. Por exceso en un caso, por defecto, en el otro, prefiero lo primero.

Pero es que aquí no valen preferencias, aquí hay que estar a lo que se le antoje a la vida en sus arbitrarias matemáticas. Aquí no hay quien pueda hacer que se respete el "de diez me llevo una". La vida se lleva una, y se lleva después a todo el que se le ponga por delante. Y es capaz de decir, de diez me llevo diez y hasta me llevo al padre si se torna. Porque ese es el final; cuando la vida hace las diez de últimas, ella arrambla con todos.

Y eso, que no nos lo enseñaban en aquel canturreo de la escuela, lo aprende uno después: cuando una noche, al sentarse a la mesa, queda vacío el sitio de Cesáreo, de Rafael, de Pepe, de Jesús, de Isabel, de Conchita...

Esto ha ido sucediendo poco a poco sin darle al caso la importancia debida. Cada una de estas idas han sido como esas primeras canas o arrugas en las que no te fijas hasta que un día, de pronto, cuando son demasiadas, dices: ¡Pues estoy todo cano! O ¡Si ya estoy arrugado por completo!

Pues lo mismo, lo mismo, está noche en la mesa, me di cuenta de que estábamos ya, como dice la gente, en cruz y en cuadro. Y entonces se me vino a la mente el canturreo lejano de la escuela: "de diez me llevo una", y pensé para mi: ¿pero la vida, no sabe de matemáticas? ¿O será que nosotros no entendemos el jaleo aritmético que la vida se trae?

Aún cuando bien mirado, ella va por sus pasos, como íbamos los niños aprendiendo en la escuela.  Lo primero sumar: nacen los hijos. Lo segundo restar: se van marchando. Lo tercero multiplicar: vienen los nietos. Y lo cuarto, partir: Que llega la vejez y te encuentras partido por el eje. ¡Vaya, vaya si tienen perendengues las matemáticas que se trae la existencia!


                                          José Montoto

Publicado por Jesús en 13:59
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lunes, 11 de mayo de 2026

Pretérita Edad

 Cuando digo que son Genuinos, no me falta razón. Como bien podéis comprobar. Cualquiera que sea de Ellos. Imaginación, Soltura, Capacidad para Crear, para Contextualizar, Don de Palabras y Escritura, Facilidad. Resumiedo: "Sobrada Creatividad". Repito y repetiré hasta la saciedad: tener en nuestras manos tal montón de pruebas más que evidentes de la categoría imaginativa y literaria de Don José, Tío Pepe y Tío Rafael,  que son los tres "Pajariteros" que han dejado su impronta tan palpable, particular, personal e intransferible, es una inmensa Fortuna. Sumergirse en cualquier tomo, y viajar, por ejemplo, a la Edad de Piedra, Volver a la Edad de Lo Que Sea, habiendo visitado confortables cuevas e intentado comprar pisos a 500 pesetas, pues, ya me diréis. Yo me quito el sombrero y me voy para Triana a mirar escaparates, no para buscar la "bomba atómica de artesanía"... busco un bolso de cuero repujado para mi mujer, y un búcaro de cerámica para mi casa. Para Bombas, las que tiraban Los Fafarrones  y que con ellas se hacían Las Gaditanas, Tirabuzones. Que Arte más Grade el de Los Montoto, por favó! ¡Ah, por cierto, habría que leer también a los que no nos dejaron nada escrito, que tendrían lo suyo igualmente!

PAJARITA DE PAPEL 

¡Pretérito y futuro!

Verdaderamente que en  estos últimos diez mil años ha cambiado un poco la vida en nuestro planeta.  El solo transcurso de estos "añitos" ha organizado sobre nuevas bases la vida del género humano, ha cambiado profundamente el medio ambiente en el que nos desenvolvemos, nos ha dotado de nuevos medios y nos ha proporcionado en fin, refinamientos y comodidades que no pudieron ser ni imaginadas en tiempos pretéritos. Si el hombre de Cro-Magnon levantara la cabeza, estoy seguro de que por  muy dolicéfala que la tuviera,  tendría que apreciar la diferencia que separa su Edad de Piedra de nuestra Edad de Lo Que Sea; pero sin embargo hay que reconocer que en esencia la vida sigue siendo la misma,  sobre todo en orden a la satisfacción de esas necesidades primarias de alimentación, vestido y habitación. 

En la época cuaternaria, el hombre,  para procurarse su sustento, no tenía más recursos que esconderse tras un peñasco, y allí,  armado de un hacha de sílex y de una paciencia benedictina, esperar a que pasase algún animal para partirle el espinazo de un tremendo golpe. Hoy el problema en síntesis es el mismo, pero se ha "burocratizado" mucho. Ya la espera no es a la intemperie, sino bajo un techo acogedor y detrás no de un peñasco, sino de las cuarenta o cincuenta personas que te preceden en la cola de la oficina de Abastos, porque es que tras muchos y laboriosos estudios, se ha llegado a la conclusión de que este es el Organismo imprescindible para controlar sabiamente lo que debe entrar en tu estómago,  y que con su prudente reparto te evita las lamentables indigestiones que amargaban la existencia  a nuestros antepasados los cavernicolas.

El problema del vestido tampoco ha cambiado,  apreciablemente, porque si al hombre primitivo le costaba trabajo proporcionarle a su costilla las pieles necesarias para su abrigo, al hombre del siglo XX "le cuesta" más. 

Y si pasamos al  concepto habitación,  no es que dudemos de lo difícil que resultaría entonces encontrar una cueva tan "confortable" como la de Altamira, pongo por caso, pero quisiera yo ver cómo se las apañaba el troglodita más listo para encontrar ahora un piso de quinientas pesetas...

Ahora bien, prescindiendo de estos pequeños detalles, entre aquella y esta Edad, indudablemente hay diferencias, y estas diferencias hay que reconocer que son tanto del tiempo como de la inteligencia humana, porque es evidente que la mayoría de los inventos que nos simplifican la existencia, deben más a lo primero que a la segunda, ya que el inventor muchas veces no hace más que adelantarse unos años y descubrirnos algo que estaba en el ambiente y que el tiempo necesariamente nos hubiera puesto de manifiesto. Y, por paradoja es el tiempo también el luego se encarga de ir dejando anticuado y ridículo lo que antes nos pareció invento novísimo. 

Todo en la vida es pues cuestión de tiempo; por eso no podemos explicarnos que misster Truman quiera guardar tan celosamente el secreto de la bomba atómica, porque estamos seguros que pese a toda la prudencia y discreción que guarde, pronto ese secreto habrá dejado de serlo, y no puede estar muy lejano el día en que entre una cartera de cuero repujado un búcaro de cerámica trianera, veamos en un escaparate una bomba atómica "de artesanía "

¡Y si no, al tiempo!

RAFAEL MONTOTO DE FLORES. 

Veintidós de Noviembre. Año de 1945

Publicado por Jesús en 12:39
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domingo, 10 de mayo de 2026

Piezas Que Resuenan

 No sabéis que similitud más grande le doy a todas las "Pajaritas de Papel" que obran en mi poder. Todas ellas muy mayores ya. Las páginas de ese color marfileño, tan delicadas de pasar unas y otras, que da hasta miedo tocarlas, no sé vayan a resquebrajar. Un olor peculiar en las mismas. Unos cuantos tomos. Sin embargo, aquí estoy dando nueva vida a su composición. Una "Pajarita" más de tantas y tantas. Música celestial, bajo mi punto de vista. Pienso: ¿ha llegado el momento de hacerlas volver a su casa? Su casa en Lora del Río. Ya lo hablé una vez con Juan José. ¿La verdad? No sé qué hacer. Me gusta leerlas, olerlas, acariciarlas.... Es música para mis sentidos, mi música, vuestra música, nuestra música.

PAJARITA DE PAPEL.

¡Los papeles de música!

Yo solo sé de una, pero creo que serán muchas las casas donde existan papeles de música,  comprados hace tiempo,  cuando el piano estaba en todo su apogeo  y no había señorita que no aprendiese a golpear sus teclas; papeles ya amarillentos, que se conservan amorosamente y que han pasado por las manos de dos o hasta tres generaciones.

Gracias a estos papeles o libros -como queráis llamarles- cada familia tiene su música propia. Las hembras de la casa,  si aprenden a tocar, tocarán esas piezas precisamente. Los varones llegarán a saberlas de memoria y las escucharán con especial delectación, como a cosa muy suya, que va ligada estrechamente con los recuerdos, tristes o placenteros-generalmente tristes- de la vida pasada.

Dondequiera que las oigan, aquellas dulces notas les traerán el recuerdo del hogar. Entonces notaréis cómo quedan callados y absortos, con la mirada pérdida en no sabemos qué remota lejanía.  Un tropel de recuerdos y nostalgias invadirá su espíritu.  Aunque la música brote del gangoso altavoz de un café, ellos terminarán por sentirse conmovidos evocando pretéritas escenas. Y si les preguntamos por el motivo de su repentina melancolía, seguramente esquivarán una respuesta, o acaso nos dirán, con voz grave y velada: "Esto lo tocaba mi madre".

¡Oh música querida y entrañable! ¡Amada música nuestra, que rara vez oímos fuera de nuestro hogar! ... Música delicada que acaso no recuerde nadie ya; viejo papel de música, que ya no encontraremos en ninguna tienda! .... Tú tienes la virtud de transportarnos a un mundo de recuerdos, y pareces escrita expresamente para el libreto de nuestra propia vida. No permitas, lector, si los tienes, que lleguen a perderse los cuadernos de música que acaso están a punto de ingresar en el cuarto de los trastos inservibles -esa fosa común donde yacen tantas cosas ligadas a nuestro pasado- No permitas que lleguen a perderse. Repara en que  ellos guardan entre sus tapas de color marfileño, las suaves melodías que tantas veces bañaron tu espíritu, inundándolo de dulces emociones. Guarda, celosamente, como puedas guardar las viejas fotografías, como guardas las cartas antiguas, como puedas guardar un tesoro, los papeles de música que contienen "Tú" música; la música del libro de tu vida.

JOSÉ MONTOTO DE FLORES.

Siete de Septiembre. Año de 1945.

Publicado por Jesús en 8:44
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