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martes, 29 de junio de 2010

QUERIDA "MAMARRACHA"

Dedicada a mí querida “Primamiga” Cristina:

“Mamarracha” te digo yo, “Fementida” te denominas tú, lo de” Moharracha” lo dejaremos aparte, esto ni lo voy a comentar.

Fementida: Dicho de una persona, Falta de fe y palabra.

Verás querida Cristina, yo no voy a opinar ni comentar sobre la fe, ni sobre las creencias de cada cual, esto es muy íntimo y particular de cada persona, lo que si digo es que todos estamos educados y adoctrinados en la fe y en la creencia a Dios y a la Virgen Santísima, todos hemos sido bautizados, todos hemos hecho la primera comunión, todos estamos confirmados, también diría sin miedo a equivocarme que todos hemos estado y cursado estudios en colegios de religiosas y religiosos (la paridad del gobierno vaya por delante) después, a lo largo de nuestras vidas cada cual habrá seguido las doctrinas y las habrá practicado en mayor o menor medida, cada cual transmitirá a su descendencia (el que la tenga) en lo que cree o deja de creer, así será por los siglos de siglos.

Como yo no soy precisamente de los que más practican, hablaré por mí, solo diré que aunque no vaya mucho a Misa, si creo en Dios y en la Virgen, por eso quiero decir, por eso digo, que cada uno practicará a lo largo de su vida su fe y su credo, según su forma de verlo o entenderlo.

En la siguiente “Pajarita” abuelo deja una frase, frase que creo que es la más adecuada a todo lo que te cuento, y como consecuencia directa te demostrará lo que he querido decir, la nombrada frase reza así: “¡Como uno está criado en eso…!” Pues lo dicho, como uno está criado en eso, aún no practicando ni rezando todo lo que uno debiera, siempre busca un apoyo en ello cuando tenemos dificultades de cualquier índole, cuando las tormentas del alma nos abordan y atrapan, cuando algo nos aflige, siempre o casi siempre, todos o algunos, miran o miramos hacia arriba diciendo: ¡Dios mío…! ¡Virgencita…! Y varias muchas más, entre ellas una que es muy redicha por todos, creyentes y no creyentes, una que es válida para todo y para todos, una que usamos bastante: ¡Que sea lo que Dios quiera! Y ante esto, yo digo ¡Amén! Todo esto es también herencia de ellas y ellos, cada cual puede recoger la parte que crea le corresponde.

¡Ah, que se me olvidaba! Falta de palabra no tienes, de esto, yo puedo y debo dar “FE”. Espero que te guste la “Pajarita”. Besitos Cristina.




EL ROSARIO DE LA ABUELA


Esta noche, al sentarme a escribir, hallo sobre mi mesa un rosario que me es muy conocido. Figúrate si lo conoceré que vengo viéndolo desde hace ya 43 años. Es un rosario grandote, con un María muy lindo y una gran cruz de plata. Lo llevaba mi suegra consigo casi siempre, y en sus manos lo vi miles de veces mientras movía los labios en callada oración.

Después, en los diez años que mediaron desde que ella murió hasta que se acabó la vida de su hija, lo usó ésta cada día, y con él en sus manos iba llevando el rezo familiar. Hoy lo tienen mis hijas, y “el rosario de abuela” sigue siendo la herencia más preciada y a la que hay vinculados los recuerdos más tiernos y emotivos.

Si el creer y el rezar no tuviesen un fin más elevado, ya sería bastante el que sirva el rosario como lazo de unión de unas generaciones con las otras. Yo recuerdo un sencillo argumento, una razón sentimental tan sólo, pero que dentro de ella llevaba un contenido de gran peso. Era cuando al principio de la guerra. Recién tomado el pueblo en que nací y horrorizados aún por la tragedia, escuché a mujerucas y a no menos varones dolerse de las profanaciones de los templos y de la destrucción de imágenes, dando como razón de la repulsa aquella y de aquel gran dolor: “¡Como uno está criado en eso...!”

Pues esto digo yo de este rosario. Será igual el rezar con él entre las manos que con otro cualquiera. Pero “está uno criado” en rezar precisamente con este tan grandote, con un María muy lindo y una cruz de plata; y por estar criado al arrimo de él, acabamos creyéndolo más rosario que otros. Con él entre las manos rezaba por los suyos la abuela de mis hijos. Con él entre las manos rezó su hija por ella. Con él entre las manos rezan ahora mis hijas por su madre.

Y cuando veo el rosario, creo ver a la abuela con su cabeza blanca, su cutis sonrosado, su apostura gallarda. Y creo ver a su hija con aquel continente serio y digno y aquella fe tan firme rezando por sus hijos que estaban en la guerra. El rosario de abuela es para mí un espejo que me permite ver lo que ya no pueden los ojos de la cara.

Es esta del rosario una herencia muy chica y muy grande a la vez. Chica, porque te cabe en una sola mano. Grande porque se encierra en el rosario toda la historia de tres generaciones de mujeres: de una madre; de una hija; de unas nietas. Y es una herencia tan fuerte y duradera, que no es como los bienes de fortuna que se pueden perder. Porque si estos se pierden, mientras quede el rosario quedará la memoria de unas santas mujeres. Y el rosario de abuela entre las manos, será siempre un obstáculo que impida que las nietas caigan en tentación.
JOSÉ MONTOTO
Publicado por Jesús CM en 14:05 Etiquetas: PAJARITAS DE PAPEL
12 comentarios

¿QUE TAL, PAPA?

Como hoy es domingo, tengo más tiempo, así que estaba preparando unas verduritas para comer, pero no paraba de acordarme de tí, hasta que me dije: ¡a la porra las verduritas!, ya comeremos lo que sea. Me apetece hablar contigo y ponerte un poco al día de lo que hacemos por aquí.
La verdad es que te echamos de menos, sobre todo cuando nos reunimos en Santa Marina. Ayer mismo, por la tarde , lo hubieras pasado estupendamente, papá. Tuvimos una reunioncita agradabilisima, de las que a tí te gustaban. estaban los niños chicos, que ahora abundan como setas. La de luis es preciosa, gorda, rubia, inquieta, y se rie más ... Pepe ya sabes que es más "jovencito" y más tranquilo, y está de guapo ...
Mamá con los biznietos disfruta como una enana; lo que hacamos es "sacarle punta" a las gracias de los niños. Luis saca su máquina fantástica y hace fotos estupendas, es como "el reporter Tribulete" pero en bueno.
En éstas reuniones te prometo que estás presente; es la misma terraza que te gustaba tánto, los mismos árboles dando su sombra, el mismo escenario que tú nos enseñaste a apreciar ... Para colmo, papá, cuando anocheció salió una luna preciosa, llena, naranja, redonda ... apareció entre las ramas de las palmeras, ¡qué bonita!. Te imaginaba apoyado en la baranda y observándola.
Bueno, ¡qué le vamos a hacer!, todos no podemos vivir al mismo tiempo, así que con los recuerdos nos tenemos que apañar.
Me estoy alargando y todavía no te he contado casi nada. Ahora hablamos mucho todos los primos del abuelo en una cosa que se llama blog. Eso es un lio que no te puedo explicar, tú no conociste los ordenadores pero no sabes qué maravilla.
El primo Jesús Castrillón publica Pajaritas suyas y gracias a éso podemos leer ésas maravillas que le dictaban su corazón, su imaginación, su madurez y su experiencia. Nos sirve de enseñanza y es una manera de guiarnos desde donde está. Va a ejercer de Patriarca hasta que no quede un Montoto sobre la tierra.
Papá, tengo que dejarte porque me espera Cristina. Tú estás bien, ¿verdad? Te imagino en el cielo, sentado en tu mecedora que habrás colocado en un sitio estratégico desde donde nos puedas ver a todos. Me ha encantado hablar contigo, pero tengo muuuuuchas más cosas que contarte. Un besito, papá.
Publicado por Maruja Montoto en 1:01
2 comentarios

lunes, 28 de junio de 2010

COSITAS DE CÁDIZ

Qué Cádiz tiene una gracia exquisita, varias veces lo he dicho ya! Que toda Andalucía tiene arte, nadie lo va a dudar, pero lo que tiene Cádiz no lo tiene ninguna otra ciudad, lo que tiene Cádiz no se puede comparar. Cádiz tiene la “Sal”, Cádiz tiene ese salero que se lo brinda el Mar, Cádiz tiene ese pellizco, su gente, su carácter, su forma de ser, su forma de hablar, de reír, cantar y contar. ¡Si, tal como lo leéis, contar! Hasta su forma de contar las cosas es distinta, ellos tienen una forma “especial” de hacerlo, ellos se cuentan sus cosas como jamás nadie lo hará, derraman a raudales su “Sal” porque Cádiz tiene un salero que no tiene final, nunca se podrá acabar, porque Cádiz tiene un salero que se lo brinda el Mar, porque los gaditanos tiene “Sal” para derrochar.
Con la siguiente noticia que transcribo tal cual se publicó en un periódico de la ciudad creo que lo puedo demostrar.
Artículo publicado en el Diario de Cádiz en Julio del año 1995:

UN ALEMÁN FUE DETENIDO CUANDO ORINABA SOBRE LA PUERTA DE LA CATEDRAL.
Oscar Lobato
Cádiz.

Un ciudadano alemán ha sido detenido bajo cargos de desacato y resistencia, al ser sorprendido por la policía mientras orinaba sobre la fachada de la Catedral.
El suceso comenzaba al recibirse varias llamadas de ciudadanos indignados, reportando que un fementido estaba miccionando contra una de las puertas de la seo gaditana.
Tan reprobable conducta –atentatoria contra los planteamientos arquitectónicos de Gustavo Acero y la costosa rehabilitación del edificio recientemente concluida- se producía sobre las diez de la noche, hora en la que la plaza de la Catedral se encuentra bastante concurrida.
Uno de los comunicantes manifestó que al recriminar al desahogado, este le había mostrado el falo desvainado, cual si dicho apéndice fuera digno de ostentación y gran pompa.
Una dotación policial desplazada al lugar sorprendió al moharracho en pleno riego del uzo, requiriéndole su documentación.
Tras la negativa a cesar en su impúdico refitor y oponer fuerte resistencia, el pagote fue detenido y conducido a la comisaría.
En las dependencias policiales se le identificó como al ciudadano alemán Wegner Geb Schleubner, de 33 años de edad.

P.D. Esto es para el creador del artículo: ¡Oscar, que arte tiene Pisha!
Publicado por Jesús CM en 17:44
5 comentarios

domingo, 27 de junio de 2010

COMO UNA MADRE NO HAY NA

"Piel con piel Cristina", le dijo el pediatra,
y con el consejo le metió la pata;
el niño y mi niña son como una piña
pues no se separan ni para dormir,
yo creo que no deben de seguir así.
Cristina, ¡por Dios, despegátelo!
porque no os conviene tantísima unión.

Con tánto cariño y dedicación
él está enmadrado,
pero tén cuidado que tú estás peor.
Y mamá, ¿qué hago?, si me necesita,
si es muy chiquitito, me tiene loquita.
Ya lo sé, bonita, éso es natural;
pero pronto tienes que ir a trabajar,
y entonces verás.

Las madres de ahora lo tienen díficil.
Pa colmo de males tenemos la crisis,
con lo mal que está ésto del trabajo,
¡ay! ¿cómo se manda un jefe al carajo?
Publicado por Maruja Montoto en 0:51
0 comentarios

sábado, 26 de junio de 2010

SIN COMENTARIOS

Querida familia: se dice, o dicen que “querer es poder” además creo que si se puede, el poder se torna en deber, no sé si a esto le falta o le sobra razón ¿por qué? me explico; veréis, ardo en deseos de comentar la “Pajarita” qué vais a leer en esta ocasión, pero no quiero, no porque no pueda ¡no! A estas alturas creo que incluso podría hacerlo, sinceramente lo pienso, me digo, me repito una y otra vez ¡Quiero hacerlo! Creo que saldría algo emotivo y bonito, lo pondría todo de mi parte para que fuera lo más lindo que jamás pudiera escribir, él se lo merece todo, pero en verdad creo que esta “Pajarita” no necesita comentario alguno, y aunque pudiera, es mi deber no hacerlo, pues la sola lectura de la misma lo dice todo.

¡Querer! Quiero; ¡Poder! Creo que puedo; ¡Deber! Creo que no debo; ¿Si tú eres quien mejor te conoces, que puede un nieto decir de su abuelo? Cuando lo leáis sabréis a lo que me refiero.




TAL COMO SOY


Más de cuatro lectores habrán pensado alguna vez. ¿Cómo será este posma que nos da la tabarra cada día? Y como la imaginación es libre, y por ser libre es loca (como todo lo que anda en libertad, sin ley, sin freno, sin sujeción alguna) como es loca, repito; cada uno se habrá forjado un tipo bien distinto: gordo, delgado, chato, narigón, calvo, con abundante cabellera… Y razonable es ya que, quienes nos conocemos por el trato, nos conozcamos también por la persona. Una fotografía no es un retrato: una fotografía –que es lo que conocéis de mi persona- es la imagen fiel del gesto, la postura y la disposición con que te presentaste al objetivo. Y es lo tremendo que casi siempre nos presentamos mal.

Los chiquillos y los hombres de pueblo no somos aptos para la fotografías. Los chiquillos por chiquillos; y los hombres de pueblo porque vienen a ser como chiquillos-hombres. Todos los pueblerinos tenemos dos caras. En eso realmente somos iguales a muchos de la ciudad, en donde abundan bastante los bifásicos: los que tienen una cara para cuando uno está delante, y otra, muy redistinta, para cuando está uno detrás. Las caras de los hombres de los pueblos son de otra condición y otra manera: tenemos una cara para todas las cosas de la vida, y otra exclusiva, para fotografiarnos. Por eso, ponernos ante el objetivo y ponérsenos “cara de retrato” es cosa simultánea.

A los chiquillos les pasa lo mismito. Yo recuerdo, hace ya muchos años, una vez que entramos en una fotografía que había en Cádiz en la calle Montañez. La “victima” era el entonces más chico de mis hijos con el que fracasaron el truco del pajarito y todos los demás. “Pepito, ponte así” le decíamos nosotros. Y Pepito obedecía tan ahincadamente que resultaba caricatura lo que queríamos fuese natural. “Cierra un poco la boca” le decíamos. Y Pepito fruncía los dos labios con furia desusada. “No, así no –le decíamos-, sonríete un poquito”. Y el niño hacía una mueca espantable que no era risa ni cosa parecida. Después de mucha lucha salió lo que salió, que no fue, desde luego, nada bueno.

Pues como al niño le ocurría al padre. No había fotografía en que saliera como era y como es. Por eso tuvo a bien acudir al ardid del retrato. Porque el retrato no eres tú en un momento dado: eres tú en el transcurso de varias horas una porción de días. Y durante esas horas charlas, fumas, te estás callado un rato, a veces te alegra el semblante, a veces se ensombrece por un recuerdo triste… Pero el pintor artista percibe una cosa en ti que queda en cada estado y que pervive entre todos los cambios. Y esa cosa constante, esa expresión, ese gesto especial, ese rictus o esa sonrisa o esa mirada honda o esa clara expresión, eso, que es el espíritu de tu alma, es lo que los pinceles van fijando en el lienzo.

Del retrato que me ha hecho Santiago Martínez debería de hablar, en opinión de algunos, un crítico de arte. Yo creo lo contrario: el arte de Santiago es conocido, y alabada su técnica y admirada su maestría en el dibujo y su dominio en el colorido, lo que es el arte de Santiago Martínez está ya dicho y más que repetido. Por eso, el juicio crítico del cuadro debe quedar, y queda a cargo de quien puede, mejor que otra persona, decir si está el retrato bien o mal.

¿Y quién puede decirlo sino yo? ¿Hay, por ventura, alguien que me conozca mejor que me conozco? El “nosce te ipsum” el “conócete a ti mismo” del filósofo, creo que pocos han de haberlo alcanzado como yo. En lo material, como en lo moral e intelectual, me conozco como nadie me puede conocer. Advierto y sé cuáles son mis defectos, sé cuáles cualidades no lo son, y sé y conozco las virtudes aquellas que sería bien tuviese y debiera tener. Sé hasta dónde llega mi caudal sentimental, mi capacidad de amar, mi apego a esto o a aquello, mi anhelo ilusionado o mí desengañado escepticismo…

Sé lo que en mi hay de agudo y sé lo que hay de romo. Y sé cómo se mezclan y confunden, dentro de mí, candidez soñadora y desengañada ironía.

Yo veía pintar a Santiago, y me decía a mi mismo: Así soy yo: igual que los colores que él crea con su paleta. El tomaba un color y otro color, y otro color y otro en proporciones varias, y salía un color nuevo. Y luego, de estos colores que él había creado, tomaba pinceladas, las mezclaba con otras de otro color también hecho por él, y surgía otro color distinto y nuevo. Del mismo modo, yo voy tomando elementos de la paleta de mis sentimientos, y mezclando los unos con los otros voy formando esa cosa difusa de un estado de ánimo en el que entró de todo: alegrías, tristezas, esperanzas y desesperos, afán y sed confundidos con desgana y desánimo… ¡de todo cuanto en mí hay en lo más hondo!

Y así estoy retratado. Tiene mi boca un rictus de amargura que se quiere cuajar en sonrisa también. Parece que hablo y parece que callo, es mi boca, a la vez expresiva y silente. Y mis ojos tienen el mirar triste y a la vez malicioso. Son como ojos que lloran, pero que antes de verter las lágrimas se animan un poquillo con malicia. Parece que los ojos miran lejos, como ojos que no captan lo que ven porque querrían ver lo que no captan, sino que lo imaginan. Y su mirar es hondo, y se diría que amargo. Y en el semblante hay la tranquila expresión del que es señor de su ánimo: del que tiene poder para mandar en sí, siendo amo de sí mismo: del que tiene poder para reírse un poco de sus propios pesares, y para apesararse y como avergonzarse de su propia alegría y de su risa. Pero todo ello con sereno continente, con cierta calma, como sin prisas, como sabiendo que todo –empezando por uno mismo- vale tan poca cosa que no merece la pena de hacer un solo gesto que nos ponga en peligro de perder la clara dignidad de la expresión.

Y porque en el retrato estoy yo como soy y tal cual soy, el retrato es perfecto. Y es que, además de estar hecho por la mano expertísima de Santiago Martínez, se ha pintado en su tiempo y sazón.

Hace años yo no era como soy. El hombre es como un templo que se fuese labrando al correr de los años. Cada uno de ellos es como una piedra que hay que trabajar. Y las piedras, tu sabes que se labran y se trabajan a fuerza de golpes recios, de fuertes martillazos que lastima y hieren, pero que pulimentan y debastan. A mi edad, ya mis piedras, a fuerza de dolores se encuentran bien talladas y en su punto. Y bien talladas ellas dan a la construcción el aspecto de cosa ya lograda. Lograda, no es que quiera decir en este caso que la obra sea buena y acertada, sino que está acabada, que ya se concluyó, que es ya lo que iba a ser.

Y es en este momento –en el que uno es ya como una síntesis de tiempo y de experiencia-; cuando la vida se asoma a nuestros ojos que miran a lo lejos; cuando nuestra sabiduría –la que nos dio la vida- cuaja en una expresión que es como una sonrisa que va desde los ojos a la boca y, después de pasearse por toda nuestra faz, concluye por pararse, por no querer salir desembozadamente, y por quedar cuajada en gesto comprensivo, indulgente y sereno. Es en este momento cuando el hombre es más él, su cara más su cara, su persona más suya.

Y si en este momento tienes la suerte de que un pintor –que siendo artista es también psicólogo- te quiera retratar, ten por seguro entonces que acertará de plano. Como acertó Santiago Martínez en éste mi retrato, con el que me hizo dueño de un tesoro: porque con él, les dejaré a mis hijos una joya de arte que fue como el estuche en que envolvió otra joya que me daba: la preciada y preciosa joya de su amistad.

JOSÉ MONTOTO
Publicado por Jesús CM en 0:53 Etiquetas: PAJARITAS DE PAPEL
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