No sabéis que similitud más grande le doy a todas las "Pajaritas de Papel" que obran en mi poder. Todas ellas muy mayores ya. Las páginas de ese color marfileño, tan delicadas de pasar unas y otras, que da hasta miedo tocarlas, no sé vayan a resquebrajar. Un olor peculiar en las mismas. Unos cuantos tomos. Sin embargo, aquí estoy dando nueva vida a su composición. Una "Pajarita" más de tantas y tantas. Música celestial, bajo mi punto de vista. Pienso: ¿ha llegado el momento de hacerlas volver a su casa? Su casa en Lora del Río. Ya lo hablé una vez con Juan José. ¿La verdad? No sé qué hacer. Me gusta leerlas, olerlas, acariciarlas.... Es música para mis sentidos, mi música, vuestra música, nuestra música.
PAJARITA DE PAPEL.
¡Los papeles de música!
Yo solo sé de una, pero creo que serán muchas las casas donde existan papeles de música, comprados hace tiempo, cuando el piano estaba en todo su apogeo y no había señorita que no aprendiese a golpear sus teclas; papeles ya amarillentos, que se conservan amorosamente y que han pasado por las manos de dos o hasta tres generaciones.
Gracias a estos papeles o libros -como queráis llamarles- cada familia tiene su música propia. Las hembras de la casa, si aprenden a tocar, tocarán esas piezas precisamente. Los varones llegarán a saberlas de memoria y las escucharán con especial delectación, como a cosa muy suya, que va ligada estrechamente con los recuerdos, tristes o placenteros-generalmente tristes- de la vida pasada.
Dondequiera que las oigan, aquellas dulces notas les traerán el recuerdo del hogar. Entonces notaréis cómo quedan callados y absortos, con la mirada pérdida en no sabemos qué remota lejanía. Un tropel de recuerdos y nostalgias invadirá su espíritu. Aunque la música brote del gangoso altavoz de un café, ellos terminarán por sentirse conmovidos evocando pretéritas escenas. Y si les preguntamos por el motivo de su repentina melancolía, seguramente esquivarán una respuesta, o acaso nos dirán, con voz grave y velada: "Esto lo tocaba mi madre".
¡Oh música querida y entrañable! ¡Amada música nuestra, que rara vez oímos fuera de nuestro hogar! ... Música delicada que acaso no recuerde nadie ya; viejo papel de música, que ya no encontraremos en ninguna tienda! .... Tú tienes la virtud de transportarnos a un mundo de recuerdos, y pareces escrita expresamente para el libreto de nuestra propia vida. No permitas, lector, si los tienes, que lleguen a perderse los cuadernos de música que acaso están a punto de ingresar en el cuarto de los trastos inservibles -esa fosa común donde yacen tantas cosas ligadas a nuestro pasado- No permitas que lleguen a perderse. Repara en que ellos guardan entre sus tapas de color marfileño, las suaves melodías que tantas veces bañaron tu espíritu, inundándolo de dulces emociones. Guarda, celosamente, como puedas guardar las viejas fotografías, como guardas las cartas antiguas, como puedas guardar un tesoro, los papeles de música que contienen "Tú" música; la música del libro de tu vida.
JOSÉ MONTOTO DE FLORES.
Siete de Septiembre. Año de 1945.
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