miércoles, 20 de mayo de 2009
¿ES CASUALIDAD?
Veréis, no se si es casualidad, pero como siempre me pasa, vuelvo a leer cosas de abuelo, esta vez es de un libro de “pajaritas” que recopiló, encuadernó y repartió, me parece que para todos los hermanos, Tío Cesáreo, libro que mi querida Madre ha tenido la gentileza de prestarme para poder leerlo, cosa que le agradezco, lo digo porque siempre hago alguna referencia a sus pajaritas y la verdad, no se si tendréis alguno de estos dos maravillosos ejemplares, este recopilatorio de Tío Cesáreo, y “pajaritas de papel” de abuelo, si lo tenéis, es perfecto, porque así podréis comprobar de lo que hablo, si no lo tenéis, es una pena, aunque con algo de interés, preguntando si alguien cercano lo tiene, podríais conseguirlos y tenerlos con vosotros.
Hace pocos días publique un texto, lo llamé o titulé “soledad”. En él hacía referencia a esta situación que en la vida se encuentra uno sin querer, que también incluso puedes buscar, y leyendo una de estas “pajaritas” (que pesado soy con esto ¿no?) bueno, en esta ocasión se titula “balance de pascuas” ¿hablamos de lo mismo? ¿Es casualidad? Yo no lo sé, pero, ¿de dónde me sale a mí esto? ¿Por qué? Abuelo hace referencia a él mismo, lo mío es para “las niñas” ¿sentirán lo mismo? ¿Será igual? ¿Es esta esa soledad? Diría que sí, ¿no lo creéis? Estas son, las preguntas tontas de jesusito...
Otra cosa que también me llama la atención. Llevábamos algún tiempo esperando que Tía Conchita nos concediera la oportunidad de deleitarnos con algún escrito suyo, y mira por donde aquí lo tenemos, precioso, lleno de verdad, sentimientos de cariño y amor, yo no diré nada más, no hace falta, ya lo dicen todo Santiago, Cristina y Mamen.
Bueno, pues también hace poco leí algo, es una carta dirigida a su padre, y que él hizo volar como “pajarita” titulada “caí en la tentación”. Pero claro, era fácil caer, la carta que para mí es fiel reflejo de lo que ella siente y que le llena el corazón, corazón lleno de amor a Dios, corazón lleno de bondad, algo que me emociona y me impresiona, permíteme que te pregunte, Tía Conchita ¿sentiste esa soledad? Porque con solo 19 años y como tú dices, ¡que bien se vivía en casa! La llamada de Dios fue imparable, la vida ya te había hablado muy claro, ¿verdad?
Yo tengo un grato recuerdo de las “esclavas concepcionistas del sagrado corazón” allí estuve contigo en el colegio, allí hice la primera comunión y allí me casé. En el colegio estuve poco tiempo y además me asalta una duda, verás, cuando Jesusito se fue con las tías a Matalascañas y pasó lo que tuvo que pasar, en ese momento se acabaron los niños con ellas, en el colegio entonces había niños pero desde que yo pase por allí, recuerdo que me caí de cabeza en una fuente, también recuerdo que me subí en el autobús que nos traía y llevaba a casa, me senté en el asiento del conductor y le dí a llave de contacto y el autobús se fue hacia el coche que había delante y le dió un porrazo, alguna que otra vez me llevaban contigo a tu despacho, creo que sería porque me portaba mal, en el autobús también recuerdo a la Madre Buen Consejo que me castigaba sentándome al lado de las niñas para que me estuviera quieto, aunque me daba caramelos... en fin, un diablo de niño ¿no? ¿Crees que fui el motivo para que los niños desaparecieran del colegio unos cuantos años? Otra pregunta tonta de jesusito.
Es de agradecer, y un placer, que quieras compartir con nosotros algunos de tus recuerdos, que nos permitas conocerte aun mejor de lo que ya te conocemos, que aprendamos a tener fe en Dios, y a ser buenos como tú lo eres. Es, como dice Mamen, una suerte pertenecer a esta gran familia, es una suerte saber que nos queréis y es para nosotros un deber haceros ver cómo, y cuánto os queremos, pero claro, viendo como os queréis y os respetáis entre vosotros, es mucho lo que nos queda por aprender.
Otra “pajarita” que me llena de emoción es “la niña que se murió” que tú recuerdas, y de la que todos os acordáis, que él la nombró su abogada para vivir, y que entre ella como mayor, que voló la primera hasta el cielo iniciando el camino, constituida en guía, emparedando a las otras cuatro, entre ella y la chica, como él dice, consagrada a Dios que en su día hará la misma ruta, sirviéndoles de escolta, a las demás, por lo que nunca se perderán.
Perdóname por usar frases y “pajaritas” de abuelo, pero de verdad que me llenan de emoción y de sentimientos imposibles de callar, debe ser algo que he debido heredar, no lo entiendo, claro que, viviendo alrededor de personas como vosotros, es fácil llevarlo dentro.
Besos MADRE SANTA ISABEL.
martes, 19 de mayo de 2009
Firma de libros en la Feria del libro de Sevilla

Este jueves 21 de Mayo a partir de las 20:00h en la caseta nº26 (REI) de la feria del libro de Sevilla, estaré firmando ejemplares de Mi memoria es un tobogán - Espacios insostenibles, así que espero veros por allí.
Es una buena oportunidad para quien ún no tenga el poemario, pues se puede comprar in situ.
Espero veros por allí.
sábado, 16 de mayo de 2009
¡QUÉ BIEN SE VIVÍA EN CASA!
En un grupo de Montotos se ha despertado la vena literaria y se han puesto a escribir y comunicarse datos, hechos y anécdotas familiares de distintos temas y épocas. A ellos vengo hoy a sumarme yo, Concha Montoto Flores, la monja de la familia, con la intención de aportar también alguna cosa aunque por mis concretas circunstancias, como explicaré, no pueden ser demasiado amplias.
Salí de la casa Montoto para ingresar en el convento en julio de 1947, cuando en Sevilla vivíamos aún en la calle Albareda. El 19 y 25 de marzo del año anterior se casaron Cesáreo y Pepe, el primero en Vejer y el segundo en Bujalance. Fuimos nosotros tres los primeros hermanos en desgajarnos del racimo de los diez. Esto significa también que mis recuerdos se encuadran, y a la vez, se limitan, a la convivencia familiar sólo durante 19 años, que fue la edad en que salí de casa y los dejé.
¿Que recuerdo de aquellos años? Detalladamente, muchas cosas. Pero mi recuerdo fundamental no está en las cosas concretas que ocurrieran, sino en el ambiente en que vivimos con nuestros padres y en aquella convivencia de los diez. Nuestra casa estaba llena de vida y animación, a la vez que de concordia, a pesar de ser tantos, con diferentes edades y aficiones y cada uno con su diferente modo de ser. Pero, supuestas las “peleas” caseras entre hermanos, que a ciertas edades no pueden faltar, nos llevábamos bien, mejor dicho, muy bien. Allí viví yo muy a gusto, y así lo recuerdo, porque allí daba gusto vivir.
Y esto que fue verdad en los años en que los diez convivimos bajo el mismo techo, se ha prolongado también cuando cada uno hemos tomado nuestra ruta personal: ni entonces ni nunca ha habido entre los diez ninguna desavenencia fundamental, ningún problema que haya desajustado o roto, ni de fondo, ni de forma, esta realidad.
Como recuerdos concretos, quedan muchos en mi memoria: destaco las temporadas en Lora donde la animación de la casa se incrementaba con amigos y primos, sobre todo por parte de Jesús. Jesús era importante en nuestra vida loreña, porque era el “dueño” de los coches de caballo, lo que quiere decir que de él dependían nuestras idas al cortijo, meta ilusionada de aquellas temporadas. Y del cortijo, tanto en estas idas, como en las temporadas que en él pasábamos, recuerdo el recorrido por sus campos, el beber en aquellos arroyitos tan limpios y frescos que entonces corrían por cualquier lugar, el bajar a la huerta y coger las naranjas de los árboles; el ir a la “era” y ver aventar el trigo y trabajar al trillo; el buscar entre los zarzales los nidos de huevos porque las gallinas, que entonces andaban libres picoteando por los campos, los ponían allí, en los zarzales Y en el atardecer, ver las yuntas de mulos que volvían de arar. Y en la cocina grande del cortijo, la chimenea encendida, y tantas cosas más.
Estas idas esporádicas al cortijo las hacíamos fundamentalmente nosotras, “las niñas”, y Luis, mientras los tres mayores, Cesáreo, Rafael y Pepe, se ocupaban ya de cosas más de acuerdo con sus edades.
He nombrado a los tres mayores: Cesáreo, Rafael y Pepe. Y quiero dedicarles unas líneas precisamente a ellos, los que faltan.
Por supuesto que de los tres pueden contarse muchas cosas concretas e importantes. Yo voy a limitarme a expresar un poco la percepción que siempre tuve sobre cada uno, lo que me parece que más les caracterizó, sus cualidades y modo de ser, el cómo eran, según mi peculiar percepción.
Cesáreo: activo, simpático, optimista, responsable, de una indiscutible rectitud, y con una circunstancia que le dio siempre un prestigio entre los 10: ser el mayor. Entre nosotros, ejerció de mayor toda su vida. Ante cualquier circunstancia más especial, del tipo que fuera, que afectara a la familia, la expresión habitual ha sido siempre “a ver que dice Cesáreo”. Su opinión pesaba y daba garantías.
Vivió fuera de Sevilla bastantes años; se entregó a fondo al propio hogar que él constituyó, tan numeroso como todos sabemos y que centraba toda su dedicación. Pero nada de esto anuló, ni ante él ni ante nosotros, su puesto como hermano mayor.
Es cierto que él supo ejercer como tal. Pero no es menos cierto que los nueve restantes lo respetamos y consideramos siempre como lo que era para todos. Y le dimos siempre el lugar que le correspondía.
Otras muchas cosas podría evocar de él. Pero creo que ésta, que fue nuestro hermano mayor, para los Montotos Flores, tiene un recuerdo y una relevancia especial.
Rafael: Educado, moderado en todo, de buen carácter, de fina ironía, muy cuidadoso tanto de sus cosas como de todo lo que con él tuviera relación. Sus trajes siempre impecables; todo en él y todo lo suyo era limpio, ordenado, distinguido…
Me recuerdo en Lora limpiando los cascabeles dorados de los arreos de los coches de caballos, porque él nos lo pedía; no concebía el descuido en nada de lo que con él tuviera relación. Este simple detalle de querer los cascabeles limpios y brillantes, es un signo expresivo, entre los muchos que podría recordar, de su cuidadoso modo de ser.
Buen cristiano; buen hermano, cariñoso y cercano, dispuesto siempre a echar una mano a quien acudiera a él.
Empecé definiéndolo como educado, y es que había en él una especial distinción. Era así Rafael. Por su matrimonio con Luisa Linares, aunque a título de consorte, acabó siendo Marqués. Y es que Rafael, evidentemente, llevaba en sí toda esa hidalguía, esa nobleza innata que algunos poseen, que les brota de dentro y que él, al menos yo así lo ví siempre, poseía de verdad.
Pepe: Lo tuve siempre como el más valioso y dotado de todos los hermanos. Inteligente, culto, trabajador, lleno de cualidades; gran profesional como Abogado del Estado, literato y poeta… Como escritor podía haber llegado muy alto si a eso se hubiera dedicado en exclusiva; algo nos ha quedado de él en este orden de cosas; sus “Pajaritas”, sus novelas, sus obras de teatro, su libro “La Espiral” que recoge sus composiciones y donde se evidencian sus hondos sentimientos, su condición de creyente y también la gracia y simpatía con que describe personajes y asuntos que es un gozo leer.
Poeta, intelectual y artista. Sabía también pintar y hasta nos dejó algún cuadro.
A todo esto unía el ser un Montoto de los más Montoto. Con esto quiero decir que tenía esa concreta modalidad, que también se daba en nuestro padre, de abstraerse, de estar ausente de lo que le rodeaba, para vivir en su mundo, en ese mundo interior que absorbe a los que tienen por dentro algo mucho más valioso e importante que lo que de ordinario les rodea.
Pepe era un hombre de gran valía. Lo sabemos todos. Y recordarlo así, es algo que nos tiene que llenar de satisfacción.
“La niña que se murió”.
Al dedicarle un recuerdo a los hermanos que se fueron, me veo en la fraterna obligación de recordar a otro, en este caso otra que, aunque no la conocimos porque nació de los primeros y murió pequeña, ocupó en nuestra casa su lugar. Tuvo su nombre de bautismo, pero nunca fue nombrada por él; la llamamos siempre, sin más, “La niña que se murió”. Su retrato, -sólo el rostro con una melenilla rubia-, estuvo siempre en un lugar visible de la casa y muchas veces, como referencia para indicar dónde habíamos dejado alguna cosa, decíamos “junto al retrato de la niña que se murió”.
No sólo no sobramos ninguno en nuestra casa, a pesar de ser 10, sino que todavía había lugar incluso para aquella niña… que se murió.
Así, fue siempre, durante años. Pero un día –ya adultos todos y más que adultos- nuestro padre, con una pícara sonrisa, nos hizo una confesión: “el retrato de “la niña” no es de la niña, -dijo-, porque murió sin que tuviéramos ninguno de ella; es de vuestro hermano Rafael que, de pequeño, se le parecía mucho, y mamá la quiso tener siempre entre nosotros de esta forma; pero es Rafael”.
Tal confesión no alteró para nada las cosas, que siguieron siendo igual. La familia fue reduciéndose por el casamiento de los que lo hicieron y por mi salida también, y fue cambiando varias veces de piso: Albareda, Asunción, Nervión, Los Remedios otra vez; muchos muebles y objetos fueron quedando atrás con tanta mudanza; pero el retrato de “la niña que se murió”, que siguió llamándose así, permaneció en todo este periplo. Y hoy, mayo del año 2009, en el piso de Virgen de Loreto nº 24, vivienda de María y Mª Dolores, en el salón donde pasan el día, está colgado aquel mismo retrato de “la niña que se murió”.
Y aunque de nuestra casa y convivencia podrían contarse muchas cosas, éstas son las que en esta tarde se me ha ocurrido contar.
Termino aquí mi aportación, deseando a toda la familia, niños y adultos, lo que para todos pido cada día: la fe en Dios, única realidad que da sentido a la vida, y que en nuestra casa siempre alentó.
Que así sea, que en latín se dice: Amén.
jueves, 14 de mayo de 2009
YA ESTÁ BIEN DE MIRAR UNA PANTALLITA!
De momento somos Machús, Jesusito, yo y toda mi prole (por parte de los montoto), pero el que se quiera apuntar será bienvenido.
Jesús ha prometido hacer unas almejitas a la marinera (¿o eran almejitas a la montotera?... no me acuerdo), yo pondré las cervecitas. Nada de protocolo. No hay que venir de chaqué ni con pamela. Sólo queremos saber qué cara tenemos. A lo mejor nos sorprendemos y la tenemos rectangular y con letras de molde... quién sabe...
miércoles, 13 de mayo de 2009
MADRE NUESTRA QUE ESTÁS......
No te preocupes, porque como ya he dicho en varias ocasiones, yo no dejaré de escribir, aunque no necesito publicar nada en Internet para decirte y deciros lo que siento por todas vosotras.
No me hace falta contarle, ni hablarle, a nadie de lo que todavía puedo, quiero y debo aprender de vuestra sabiduría y vuestro bien, y buen hacer, pero permíteme ponerte estas líneas para que te quedes tranquila.
Para mí vosotras sois el C.G.P.F.A.T.R.M. (Consejo General del Poder Familiar para Asuntos y Temas Relacionados con los Montoto).
Consejo, porque mejores consejos que los que vosotras nos podéis dar, no nos los dará nadie.
General, porque sois las que tenéis el mando de todo lo que ocurra, se diga, y deba o pueda ocurrir sobre todos nosotros.
Poder familiar para asuntos y temas relacionados con los montoto, porque vosotras al igual que vuestros hermanos, sois el pilar y la base de su familia, porque estáis en la cumbre o cima de esta casa, que él fue formando junto con vuestra madre, y a los que todos les debemos la vida.
No te preocupes, porque creo que ninguno de nosotros, (yo lo digo por mí) jamás dejará de respetar cualquiera de vuestras decisiones sobre todo esto que se está publicando en “estoquehahechocristinaenintenne”
No sé si lo que estamos haciendo, escribiendo o publicando, puede estar mal, cuando lo único que hacemos es recordar, honrar y respetar la memoria de vuestros padres y demostrar el cariño que sentimos por vosotras.
Nosotros no estamos dando, ni intentamos dar, información de personas que no necesitan de ella, pues el que quiera informarse sobre su figura (lo digo por abuelo) tiene otras formas de hacerlo, pero que nosotros, posiblemente sí la necesitamos, porque queremos saber cosas de los que fueron, y todavía son, nuestros abuelos, y quién mejor que vosotros para darnos esa información.
Estoy de acuerdo que ésto lo puede leer cualquiera.
¿Pero a quién le interesa los sentimientos de alguien que ni tan siquiera conoce? y si lo conocen o nos conocen, ¿qué mal es hacer ver, a quien quiera que sea, el cariño que sentimos por los nuestros?
Creo que quien o quienes nos lean, sentirán una dulce sensación de “envidia” por lo que significa para nosotros la familia, y ver cómo recordamos con el cariño y el respeto que se merecen, a esos seres queridos que ya no se encuentran entre nosotros, que es lo único que hemos hecho hasta ahora.
No te preocupes, Tía María, tú eres, por lo menos para mí, y diría si miedo a equivocarme, que también para todos lo demás, “La Madrecita”, y nuestra Madre, Madre que nos ha querido, nos quiere y nos seguirá queriendo siempre, sólo con decir tu nombre es suficiente, “María”, (es nombre de Madre)
Como me pedías en la última reunión que tuvimos, voy a hablar con tu padre para pedirle que te cuide y que te ayude, te lo prometo, pero no lo haré por carta, lo haré en Lora, ante la Virgen, encenderé esas velas que un día le dije a tu Madre en la carta que le escribí: “querida abuela” y pediré por tí, por vosotras, por mis tantas Madres, y mis tantas Abuelas.
Te quiero Tía María