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lunes, 1 de octubre de 2012

UN SOLO INSTANTE

Llevo un tiempo queriendo escribir sobre esto. Lo que quiero narrar es lo vivido en un corto espacio de tiempo… ¡Un solo instante! ¿En cuánto tiempo se puede calcular, medir, un solo instante? El tiempo lo medimos en segundos, minutos, horas, días, meses, años…


El tiempo que llevaba queriendo ir a visitar y hablar de nuevo con mi Madre Celestial lo mediré en días y meses, quizás un año, quizás algo más, no lo sé, no lo puedo decir porque se venía planeando desde muy atrás. Cabría pensar que se empezó a fraguar el día 7 de Septiembre de 1962 y que se cumpliera mucho antes, puede que un par de años después (es mi parecer, por la foto que adjunto) ¿quizás el día 8 de Septiembre de 1964? O, a lo mejor es, un… ¿Cumpleaños de abuelo? ¡Mi madre lo podrá decir! Aunque en ese encuentro solo nos vimos, no hablamos siquiera, solamente fuimos presentados.





Ahora, unos cuantos años más tarde, después de algunas visitas a su “Casa” en Lora y en Setefilla, después de haber caminado junto a Ella, desde el Pueblo a su Ermita, desde la Ermita a su Pueblo. Quizás después de estar toda una noche con Tío Cesáreo, Velándola en su Iglesia de Lora antes de emprender el camino a su Ermita al día siguiente, de otras tantas visitas y de largas charlas con Ella, a diario. Ahora, pasados esos “cuantos años”, había algo más en mi interior que quería forzar el ir en su busca para hablar frente a frente. Se mostraba cada vez más cercana dicha reunión, habían pasado bastantes años desde ese día 7 de Septiembre de 1962 y serían 50 los transcurridos hasta este día 8 de Septiembre de 2012, ya estaba, como digo “todo planeado”.

Estas son algunas de esas razones por las que deseaba tanto ese encuentro, pero una más poderosa y muchísimo más triste me empujaba fuerte, muy fuerte, para llevarlo a cabo. Ultimo día de Abril, primer día de Mayo, penoso suceso para marcar en nuestro calendario familiar en la que otra Madre nos dejaba para ir a su encuentro también, aunque un encuentro mucho más Grandioso, Sublime, Glorioso, pero nuestra “Madrecita” se quedaría a su lado, ya no volvería para estar entre nosotros físicamente, cosa que no ocurrirá espiritualmente, porque siempre estará en nuestros corazones. Los días se hicieron más largos aún, si cabe la capacidad para alargar los días, que solo disponen de 24 horas. Esta es la ¿justa? medida impuesta por el hombre para marcar el paso del tiempo, ¿las horas? ¡En momentos así se hacen muy duras el paso de las mismas! Esos meses se tornaron mucho más dilatados en su tiempo, deseaba que pasaran lo antes posible, quizás por eso, este instante del que hablaré se me mostró eterno. Fueron unos segundos, pero pasaron tantas cosas por mi cabeza en ese corto espacio de tiempo que es imposible su medida, su emotividad e intensidad. Solo La Virgen, y yo, lo sabemos.

Llegado el día 7 de septiembre de 2012 se cumplió el cincuentenario del ingreso en La Hermandad Nuestra Señora María Santísima de Setefilla de este que escribe. 50 años habían pasado desde que Abuelo nos presentó como Madre e hijo, al igual que lo fue haciendo con todos sus nietos. Los nervios de ese día no solo se mostraban por el cumpleaños en sí, al día siguiente iría a su Casa a encontrarme con Ella, con nuestra Madre, con “La Virgen”, esta era en realidad la verdadera causa de los nervios y la emoción, la razón por la cual en la víspera de dicho acontecimiento no se descansara como se debiera descansar, el sueño fue ligero.

Llegados a este punto del relato quiero contar con la inestimable ayuda de D. José, yo podría contaros lo que es el transcurso de la Procesión, como desde “La Levantá” hasta su nueva entrada en La Ermita, El Pueblo de Lora, sus Hijos, llevan a su Madre en volandas en torno a la misma, con el fervor, la pasión y la emoción que Lora del Río pone en el día más grande para ellos, El Día De La Virgen. No lo haré, y busco donde lo busco todo, donde lo encuentro todo, abro la jaula y dejo salir una de esas “Pajaritas” para que vuelva a volar de nuevo, un trayecto corto, pero intenso.


HOY SALE EN PROCESIÓN

Dos fechas cumbre tiene Andalucía, y las dos en estío, cuando el sol brilla más y es su luz cegadora, y los días se ofrecen más alegres como en desbordamiento de un júbilo del todo celestial.

Una fecha es el día de la Asunción, cuando se conmemora la subida a los cielos de la excelsa Señora, que en cuerpo y alma tomaba posesión del trono que su Hijo y su Padre y su Esposo –la Trinidad augusta- le tenían destinado. La otra fecha es la de hoy. Así como en la Asunción conmemoramos su llegada a los cielos, en la Natividad conmemoramos el día felicísimo de su arribo a la tierra, a la que había de regalar después a su Divino Hijo en el plan admirable de nuestra redención.

Y Andalucía celebra estas dos fiestas con doble brillantez: la del boato de solemnes cultos, y la de esa manera clamorosa, entusiasta tan propia de esta tierra en la que es tan sencillo hacer que se desborde el corazón.

Por la Virgen de agosto y ahora en la de septiembre, ¿Qué pueblo hay que no vibre de fervor? Se llaman nuestras Vírgenes con los nombres más bellos; se celebran los cultos con máximo esplendor y no hay ciudad ni pueblo en donde Ella no reine.

Hoy es en Lora el día de Setefilla. Hoy van al santuario millares de devotos. Hoy sale la más bella procesión por lo alto de la sierra, ni hay filas, ni hay organización posible. Hay un santo barullo, y eso es todo. La gente se aglomera en derredor del “paso” de la Virgen, un triunfo cuesta alzarla, otro no chico atravesar el templo, un problema sacarla al exterior, y entre llantos y vítores y piropos y rezos, los unos tropezando y los otros cayendo, entre un gentío del todo impresionante, bajo el ardor del sol y el ardor que en las almas pone el fuego bendito del amor, va la augusta Señora hecha un sol de riqueza el oro y pedrería que la adorna, y hecha un sol de hermosura la belleza inefable de su hechicera faz.

Hoy sale en procesión en muchos sitios. Con nombres muy diversos, pero Ella es sólo una: es la Virgen María. Por eso a mí me agrada que en mi pueblo la nombren sin nombrarla. Aquí dicen “La Virgen” nada más. El título más lindo y el que dice mejor su condición: Virgen pura y sin mancha. Madre y Virgen a la par. Es Ella la pureza, la inocencia, el candor virginal.

¡Bien sabe Andalucía escoger patronato! Ya ves si bien lo supo, que se hizo proverbial decir de Ella que era “la tierra de María Santísima”. De la misma manera que mi pueblo es por su devoción y por su condición y por sus amores íntimos y férvidos, “el pueblo de la Virgen”.

Que Ella te guarde a ti, lector amigo, y de mi no se olvide.


JOSÉ MONTOTO




Había otras “Pajaritas” donde se puede intuir un poco mejor lo que es el “santo barullo” al que nos referimos los dos, pero ésta me ha parecido más cariñosa, más de “su pueblo”, además de ser más acorde y más parecida a lo que ya tenía escrito, por algunas de las palabras y expresiones usadas por mi (debe ser por tanto leerlas).

Bueno, vamos a centrarnos en el día en cuestión. Todos sabéis, tanto por lo leído como por haberlo vivido en directo, que el “santo barullo” se torna en un gran tumulto “ordenado” todo tiene su momento, y el desorden y la algarada aún siendo grandes, están controladas por todos los loreños y loreñas.

Llegamos temprano este día al santuario –hay que llegar temprano- hemos quedado con José Luis, hay que buscar sitio y prepararlo todo para recibir a amigos y familiares durante el transcurso de la jornada. Una vez terminada la faena y después de tomar un buen café vamos a ver a la Virgen.

El templo está siempre lleno, es un continuo e incesante vaivén de personas que se paran a sus pies, que le rezan, le piden por sus familias, por ellos mismos, todos le pedimos que cuide de nuestros seres queridos, yo lo hago con frecuencia, le pido por todos vosotros constantemente. Para mí le pido poco, aunque se me antoja, creo, que es la más grande tarea que le puedo solicitar, pero que una Madre pone el máximo empeño en cumplir. ¡Ángel de la Guarda, Dulce Compañía, no me Desampares ni de Noche ni de Día! Esto es un día sí y otro también. Ella es mi Ángel de la Guarda, así se lo pido. Ella lo ha asumido, yo estoy totalmente convencido, de verdad, no os podéis imaginar hasta qué grado de efectividad, siempre vigilante, puedo prometer y prometo, que cumple a rajatabla con la encomienda solicitada.

Desde esa lejanía tan cercana que marca la longitud del Templo nos paramos a contemplar su Imagen, no importa la distancia, Ella sabe que estamos allí, nos ve. En silencio, el silencio de la “Bulla” que es el que prima en el interior, oraciones, conversaciones… Así tuvimos el primer encuentro.

Todo está dispuesto, el pueblo de Lora, sus hijas e hijos se disponen a portar sus andas sobre sus hombros. La espero fuera de la ermita, a una distancia que me permita verlo todo, pero sin meterme en ese “Santo Barullo”, los pañuelos blancos se funden en uno, los brazos se rompen por coger a su madre, el sudor y el sufrimiento se unen al gozo de llevarla sobre sus corazones, los vítores, los vivas a la Virgen son incesantes, los cantos y los rezos. Sale de su templo, los vaivenes son impresionantes, va como sin rumbo fijo, pero el rumbo está más que fijado. Hasta la cruz del humilladero va la Virgen, la muchedumbre la seguimos con ese mismo fervor con que es llevada en continuos empujones. Una vez llegada a la cruz saldrán los hombres de debajo de las andas para ser relevados por las mujeres, esas bravas mujeres de Lora, que son tan iguales a los hombres en ese cometido, bravura demostrada, dispuestas a derramar sangre, sudor y lágrimas por su madre, siendo esto diferenciado sólo por los pañuelos blancos que cubren las cabezas de los hombres, las caras de sufrimiento son patentes en todos sus hijas e hijos, mas el gozo es tan grande que se vuelve liviano. La sigo a esa distancia que me permita no perderme nada. Los hombres no salen y la Virgen vuelve sobre sus pasos en dirección hacia la explanada principal, allí será el relevo. Sobre un pequeño repecho que ofrece el terreno me situó para verla venir, es una pequeña altura que me permite verla un poco por encima de las personas que me rodean, va y viene, avanza, se para, va a derecha e izquierda, no hay rumbo fijo. Llega a mi altura, no se para, es uno de esos momentos en que avanza con paso firme hacia el frente buscando dicha explanada. La distancia entre Ella y yo es corta, pasa delante de mí, no se para, me salen tres palabras del corazón, en silencio, en mi interior suenan claras… ¡Madre, estoy aquí! Ha rebasado la altura y la distancia a la que me encuentro unos… tres, cinco, quizás siete pasos. Se para, vuelve a desandar lo caminado parándose de nuevo justo frente a mí, el “santo barullo” ni tan siquiera me roza y la Virgen se vuelve, la distancia es corta, muy corta, unos escasos dos metros, se ha parado ahí, justo ahí, frente a mí, nos miramos a los ojos, un hormigueo recorre mi cuerpo de pies a cabeza, ese escalofrío que hace que se ericen todos los vellos de tu cuerpo, que te paraliza el corazón un solo instante, ese instante en que te vienen al pensamiento tantísimas cosas, tantísimas personas y momentos de toda una vida, ese instante en que el reflejo de tu vista se vuelve transparente y húmedo, resbalan por tus mejillas gotas de fina lluvia interior, la miras, te mira, unos segundos, un solo instante, la conversación ha sido tan corta como intensa, pero se ha vuelto eterno ese instante, instante que se quedará grabado en mi memoria para siempre.

Sé perfectamente lo que pensaréis. Podéis decir sencillamente que todo esto sólo es fruto de la casualidad, no lo pongo en duda, pero en mi interior yo no quiero creer que esto sea así, yo lo quiero ver de otra forma, mi corazón lo quiere ver de manera que Ella atendió a mi llamada y me lo hizo ver de esta forma, quizás porque ya a estas alturas de la vida debería dejar que mi corazón pase a un segundo plano, que sea el que me mueva en esos continuos impulsos que me caracterizan, pero que mi cabeza vaya por delante y me aconseje, me apacigüe, en definitiva, que piense bien las cosas antes de hacerlas. Quizás ha llegado ese momento que aún no queriendo ser “La Hora Incierta del Ya” si sea la hora de parar, de empezar a ser hombre y dejar que salga de una vez ese niño inconsciente, osado, majaron y atolondrado que tanto tiempo lleva instalado en mi interior. Debo liberarla de ese difícil cometido, dejar que Ella cuide de los demás, y empezar yo a cuidar de mi mismo, aunque sé también que no me dejará de la mano (me lo ha vuelto a demostrar hace escasos días). Con todo esto lo que quiero decir es: ¡En esta vida, en la vida, todo te puede cambiar en un instante, en un solo instante! ¡Quizás 50 años después de ser entregado por abuelo a su Madre, a este que es su hijo, puede que le haya llegado ese instante! Gracias por todo, Madre Celestial.

Que Ella os guarde a todos vosotros, queridos lectores, y de mí que no se olvide.

Publicado por Jesús CM en 21:24 Etiquetas: JESÚS CM, PAJARITAS DE PAPEL
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domingo, 3 de junio de 2012

Una herida abierta



Cuando contemplo el miedo en tu mirada
y deslizo mi mano por tu piel
presiento el gesto amable de los árboles
que intentan cobijarte entre sus brazos.

La ciudad era un peluche sin ojos,
perdimos la quietud de los árboles,
caminábamos descalzos sobre cenizas
compartiendo el minúsculo espacio
entre el labio y el beso.

Por eso, por eso mismo diré
que amo los vértices y las venas
que recorren tu cuerpo
cuando acecha el calor.

Admiro en mis iguales
la capacidad para permanecer solos,
su íntima realidad,
ese pequeño inframundo creado
y su triste belleza.

Un hombre que no llora no es un hombre.

Y así, de esta manera,
—frente al espejo— puedo observar que
mis manos son las manos de los pobres,
escuálidas,
agujas de pino, finísimas,
que apenas resistirán el invierno.

En nuestra vida
los amigos se convierten en fósiles
que encuentras durante el trayecto;
sin saberlo, al pasar los años,
reaparecen.

Recuerdo a mis amantes,
su extraña simetría.

A pesar de todo, y en silencio,
es posible que encuentre en el murmullo
un acorde enterrado de hojas secas
o un vals de ramas muertas acechando
el cárabe: un amor de mariposas.

Quién sabe si la escarcha derretida
del beso de la nieve en la hojarasca
o el baile de una flor en primavera
herida por los labios de tu boca.

Somos carne, una tierna y débil masa
de materia y desobediencia.

Un dragón de mercurio
sobre una luna de agua.
    
Por ello,
reventamos las carnosas encías
de aquellos pétalos que entre los labios
anunciaban estambres cuarteados
en un paisaje carente de afecto.

Entonces, sólo entonces,
conseguimos definir nuestro hogar;
breve extensión de lumbre clara
con su erguida arquitectura de nichos
abiertos como pétalos en flor.

Simple jerarquía de barro,
de tendones vegetales minúsculos,
acaso tallos cartilaginosos
que sostienen el peso del planeta.

Huerto de piedras y texturas
que diferencian cielo firmamento
de cultivo y cal viva.

Danza de polvo y areniscas,
de lirios de tigre y madreselvas.

Linde última del cuerpo que habitamos.

Pero tienes razón,
sí, miente el universo,
su inmensidad
se reduce a algo casi tan pequeño
como cabezas de alfileres,
una pequeña vía por la que caen
gotas de luz,
luces de gas.

Por eso,
yo, con los ojos hambrientos de sol,
contemplo la caída de las nubes,
ridículo desfile.

¿Quién deshizo los nudos de la carne?

Un alba rota a dentelladas
asoma por el precipicio.

Estallará un silencio
que disolverá la luz,
velará nuestros ojos,
entonces seremos felices.

Felices,
como inconscientes y bellos primates
que ahondamos en la cáscara madura;
fruto prohibido que duerme en tu lecho.

La tierra herida que habitamos;
como el gusano a la vieja manzana,
como el gusano a tu boca, dulcísima,
como el gusano que duerme tejiendo,
respira levemente por las grietas
que se van agrandando a nuestro paso,
que se van agrandando con nuestros pasos.

Te he buscado entre las raíces.

Herí mis manos,
al golpear las piedras de esta tierra,
cortadas por los viejos tallos secos
que asomaban, a medida que el sol
cuarteaba mi espalda.

En vano comprendí
que estabas entre los restos del mundo,
junto al odio que produce tu ausencia,
presente en pequeños gestos de amor.

Y lo sabes,
sabes que el sol brilla
sobre nuestras cabezas,
pero sabes que no,
no conoce la verdadera luz,
la claridad del mar era única en tus ojos.

Busco un día sin fecha
en el que pueda compartir
mi dote con los pájaros,
una gavilla de cuerpos celestes
con los que iluminar esta desdicha.

Si bien,
hay otros gestos de cariño,
los que no se dan,
los que algunos guardan por temor al rechazo,
por miedo a ser discriminados.

Hoy sostengo mi creencia en la sombra,
su fiel discurso,
la solemnidad del silencio,
nos atestigua su belleza.

¿Quién acaricia las hojas de un árbol
del mismo modo que los labios
de una mujer o un hombre?

Apenas nadie.

Dormimos bajo la humedad del sueño
que crece en los bordes de nuestra cama.

Tus labios
arden en espiral.

Luciérnagas iluminando
la duermevela
ante los ojos ciegos del crepúsculo.

Como si se tratase de un fervor
entre piedras que chocan con violencia
e iluminan los límites del abismo.

Acaso el furioso roce
abrasando la sangre de otra piel
en un sueño de serpientes.

Recuerdo la primera chispa.

Por ello,
quiero buscar el cobijo materno.

El hogar, la morada
entre los bosques nucleares,
en sus átomos reside mi calma.

Quiero encontrar bebida que sacie mi sed,
un pozo de agua tibia que endulce mi voz;
la de mis semejantes.

Quiero ser el águila que todo lo observa,
alimentar a mi familia,
salvaguardar sus débiles
y diminutos cuerpecitos,
dar calor, tranquilidad a mi descendencia,
sí, volver al origen.

Vimos a los pueblos desnudos,
esparcidos sus miembros por el suelo,
hiriendo nuestros más bellos paisajes.

La carencia de humanidad es una losa
que cargamos sobre nuestras espaldas,
su peso arquea nuestras vidas,
abate nuestro ánimo.

Como ciervos, calmándose el dolor
de la bala , del mismo modo
que las aves besaron
sus plumas tras el último disparo,
necesitamos aliviar el daño
ayudados por un invierno
—imaginario—
que calme nuestra angustia.

Somos, apenas somos,
gotas de lluvia en la ventana
o un granizo en el mar.

Oscura nieve derretida.
Publicado por José Ignacio Montoto en 19:58 Etiquetas: NACHO
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martes, 8 de mayo de 2012

FUNERAL POR TÍA MARÍA

EL VIERNES 11 DE MAYO, A LAS 21 H. SE CELEBRARÁ UN FUNERAL POR TÍA MARÍA EN LA PARROQUIA DE LOS REMEDIOS.
Publicado por Cristina en 9:09
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domingo, 6 de mayo de 2012

TÍA Y MADRE.... MARÍA

                       Y... SALIÓ LA PRIMERA

¡Qué sencillo, y a la par qué difícil es morir! Sencillo, porque está en la voluntad de Dios que se apague tu vida. Difícil, porque está en tu voluntad -en el dominio de tus nervios, en el domar y tener a raya los afectos, en situarte de una manera consciente sin nerviosismos ni movimientos histéricos- el morir dignamente, tal como quiere Dios.

Morir es la batalla decisiva: el triunfo sempiterno o la derrota eterna. Y para trance tal, hay que tener los nervios bien templados.

¿Y cómo, y de qué modo se templan esos nervios, cómo puede ir el alma a la pelea con sus armas mejores? Buscando en la oración durante muchos años la fuerza que no tienes, el poder que te falta, el valor que precisas.

Cómo es ley que alcanza a todos los  mortales, se venía planeando la batalla desde hacía muchos años; desde el instante mismo de nacer. El momento era incierto, pero cierto que el trance llegaría. Y por ello, como sabio y prudente capitán, ella tenía a mano las armas bien bruñidas, y todo el arsenal de lo que sería necesario, preparado y a punto.

Y en la hora del tránsito del uno al otro día, recitando el Magnificat, enamorada siempre de la Virgen, su alma salió del cuerpo aquel, porque Dios quiso darle lo que no hay en la tierra. ¡Ay qué bello y qué dulce el morir de los justos! ¡Ay qué liada "Pajarita" la que voló al Señor en la hora solemne de aquella noche! ¡Ay qué feliz sería, si al llegar mi momento yo pudiese y supiese librar la batalla postrera con tal sabiduría!


"Y consiento en mi morir, con voluntad placentera, clara y pura, que querer hombre vivir, cuando Dios quiere que muera, es locura". 

Querida Tía María: aún recuerdo, y no se me olvidará nunca, cuando hablábamos sobre lo difícil que es esto de escribir, sobre las veces que escribía y borraba una y otra vez hasta dar con lo que quiere uno contar de la forma que creía era la más adecuada, lo dejé reflejado incluso en una ocasión. Esto no es algo que sólo me pasa a mí, escribir sin hacerlo, sin llevarlo o trasladarlo al papel, imaginarlas y darles forma sin hacerlo, no es cosa exclusiva en nadie. Abuelo lo contaba de esta forma en una de sus "Pajaritas".

 EN EL NOMBRE DE DIOS 

Yo había "escrito", en mi juventud, cosas bonitas. Las había escrito sin escribirlas, que es como mejor salen. Solo para mí: las imaginaba, les iba dando forma, soñaba con ellas, me recreaba en ellas y las olvidaba luego. Escribir es trabajo y es engorro, y, ¿a qué escribir, si para nuestro gusto y nuestro recreo nos basta y sobra con la fantasía, con el soñar, con el imaginar? 
Muchas veces, al escribir, me digo: Y esto, ¿qué le importa a la gente? Pero es el caso que eso me importa a mí, y yo escribo más para mí que para los demás.

Cuento todo esto porque para escribir sobre ti, no hace falta soñarte, para contar algo sobre ti, no hace falta escribir, basta sólo con cerrar los ojos y pensar, todo lo que me viene a la memoria es hermoso, todo bondad, todo amor y cariño, entrega en todos los aspectos de la vida, todo es bonito, nada tiene de trabajo, nada tiene de engorro, todo es amable, y lo más hermoso sin duda, es ver esa sonrisa que permanentemente habitaba en tu alma y se mostraba en tu rostro. Darle forma tampoco es trabajoso, darle forma, es recordar la forma que tenías de dar dos besos de saludo cuando ibamos a verte a tu casa, unidos a la suave caricia de tus manos. Esto es muy difícil, Tía María, porque hablar de ti es hablar de Tía Tote, pues sois almas gemelas, únidas hasta el final. Es difícil, porque habéis llenado nuestro corazones de tanto amor, que ahora dejas un vacío imposible de llenar. Tus hermanas, tu hermano, tus sobrinas, sobrinos, sobrinas y sobrinos nietos...  En definitiva, tus "Hijos" (siempre serás nuestra "Madrecita") primas, primos, amigas, amigos, todos, absolutamente todos, te echaremos mucho de menos.  


 LA "MADRECITA"

Cuanto toca a la madre es adorable: que si adorable es ella, no menos lo es aquella que a falta de la madre hace sus veces, y a la que llamo yo "la madrecita".
Yo no sé ahora, porque todo ha cambiado. Pero antes, gozaban las chiquillas con jugar a mayores. Su espíritu femenino, su instinto de mujer hacendosa, su natural anhelo maternal, le hacía preferir dos juegos inocentes: uno el de las muñecas, acunando a su niña, durmiéndola, diciéndole dulces frases de amor; otro el de la casita. En el extremo de un corredor establecía su casita, colocaba sus cachivaches y se hacía la ilusión de un hogar. Si en la casa había más de una, había tantas casitas como niñas: Y una a la otra se visitaban hablándose de usted y contándose cosas de sus hijos, todo remedo de lo que oían a las madres de veras.
De vez en cuando, estas madres de mentirijillas pasaban a serlo de verdad, cuando, por desgracia, la muerte se llevaba a la madre verdadera. En algún caso, y sin solución de continuidad, hubo quien tuvo que pasar de jugar a la casita a gobernar la casa; de la ficción de mujer, a la verdad de serlo prematuramente.
Estas niñas que se ven forzadas a dejar los juegos para empuñar las riendas de un hogar, son en todo admirables. Sus cabecitas han de trocar los sueños por las realidades, la feliz insconciencia juvenil por la responsabilidad de una función augusta. Tienen que ser como madres de hermanos que les igualan la edad, como esposas del padre, cuyo cuidado embarga sus horas. Son mártires chiquitas que aceptan con mansa resignación sacrificios y cuidados sin cuento. Se diría que sus madres desde el cielo las guían y aconsejan para que acierten en el papel difícil que han de desempeñar.
La madrecita no ha tenido la alegría de crear un hogar: se lo ha encontrado hecho y ha tomado el gobierno de la casa en tétricos instantes. No ha fundado el hogar con ilusión: se lo encontró fundado y entristecido con crespones de luto. Pero ella, animosa, con esa ternura femenina, con ese instinto de maternidad, se asocia al padre en velar por los hijos, adopta como tales a los que son hermanos, renuncia a muchas bellas ilusiones, frena su risa, acepta sinsabores y cuidados, y va serenamente, con valor femenino -que es el valor mayor y más audaz- haciendo su papel de madrecita, cuidando de todo, vigilándolo todo, sacando, no sé de dónde, ternuras para el padre y los hermanos, que nada echan de menos porque nada les falta. ¿De dónde sacan fuerzas para tanto, y dónde aprenden lo que aun no tienen tiempo de saber? ¿Es que hablan con sus madres al rezar? ¿Es que sueñan con ellas? ¿Es que ellas les inspiran la conducta a seguir? Misterio impenetrable es todo esto. Pero lo cierto es que una madre nunca se va del todo. Que algo nos queda de ella. Y es que ellas no se van -porque así se lo piden al Señor- hasta que ven que el lugar que ellas dejan puede ocuparlo ya esa criatura, amable y admirable, a la que llamo yo "la madrecita".
JOSÉ MONTOTO    
Publicado por Jesús CM en 11:51 Etiquetas: PAJARITAS DE PAPEL, TÍA MARÍA
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viernes, 4 de mayo de 2012

MARIA. Llena de virtudes y de gracia, de amor y de cariño, de paciencia y sabiduría, de caridad, de respeto, de humildad, de "tiritas y pañuelos", de corazón puro y de todas las cosas que formaban parte de tu entrañable mundo. PILAR, de espiritu recio, inamobible de raices, justa y poderosa, de alma grande y del metal del que están hechas las mejores madres. Me queda todo de tí y formas parte de lo mejor de mi existencia. ¡TE QUIERO! A mi Tía, Maria del Pilar. Eduardo Castrillón Montoto
Publicado por Jesús CM en 14:11
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Para Leer: Nacho Montoto. Mi memoria es un tobogán/Espacios Insostenibles

 
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