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viernes, 6 de abril de 2012

No Hay Pesadumbre

Solo Dios sabe que no sé como empezar. Solo yo sé que lo que he hecho no está bien. Solo puedo decir que lo que he hecho no debí hacerlo. ¿Por qué? No puedo explicarlo, pero lo hecho, hecho está.
No es fácil esto.
Lo que a continuación os transcribo hará que entendáis un poco lo que quiero decir. A lo mejor con ello me conoceréis un poco más. Me siguen pidiendo que escriba, en su día me comprometí yo solo a hacerlo, no lo hago diariamente como él, o ellos, os he dejado de la mano, que no en el olvido, no me siento encadenado a nada, pero si voy, y vengo, además de haberme ausentado por una larga temporada. Vuelvo a casa de nuevo, perdonar mi ausencia. ¡Gracias!
-Lector, ¿qué sabes tú de mí? Nada, absolutamente nada. Crees tomarme el pulso diariamente, penetrar en mi pensamiento de cada mañana, pero nada conoces de los graves problemas que me fatigan al tiempo de escribir y de la poca o ninguna relación que guardan con lo que escribo. Piensas tenerme cerca, siempre en el mismo lugar, inmóvil, encadenado por la firma, sujeto a estas columnas. No sabes que voy, vengo, y me ausento durante largas temporadas.- 
Extracto de la "Pajarita" El Fuego Sagrado. Publicada por José Montoto De Flores. Año de 1945.

Un día me invitaron a escribir aquí. Nunca creí que pudiera llegar a hacerlo. Empecé con unas pequeñas y escuetas lineas, fueron dirigidas a quien hoy le pediré disculpas. Le siguieron otras tan iguales, como simples y llanas. Lo hice sin saber nada de nada. Lo que hice, lo hice sin saber, sin tener ni idea de que alguien o algunos pudieran un día pedirme que siguiera escribiendo. ¿Qué puede saber alguien que no ha escrito en su vida? ¿Que impulsos son los que pueden hacer que vuelva a intentarlo? ¿Que es, lo que hace que alguien como yo se atreva a redactar lo vivido, lo acontecido en el día de hoy, algo que con inusual atrevimiento, he sido capaz de hacer?.

Llevo con gran orgullo mis Apellidos... Castrillón Montoto Shelly De Flores Huertas González De La Hoyuela... ¿Por qué digo esto? Porque lo que nunca imaginé que haría, lo que nunca jamás hubiera hecho, lo que ni por asomo me hubiera pasado por la cabeza, lo he hecho hoy. No me pesa el nombre, no me pesan los apellidos, no me pesa el que me pidáis que escriba, lo hago encantado, no me pesa llevar, ser, sangre de su sangre, lo llevo a gala, muy a gala, lo llevo para mí, solo para mí. Si sale a colación me crece grande el orgullo, me late fuertemente el corazón al decir: ¡Soy nieto de Don José Montoto González de la Hoyuela!. Sin embargo hoy me pesa algo, me pesa haber sido capaz de usar su nombre para conseguir entrar en la que fue su Casa de Hermandad, la casa que le otorgó el titulo de Hermano Mayor a Perpetuidad.. La Carretería.

¡Semana Santa, agua y más agua! El tiempo no acompaña. Cofradías que se quedan en sus Iglesias, lágrimas que se derraman, lágrimas que van cayendo desde los ojos de tantos y tantos Hermanos. Tristeza en sus corazones.

¡Viernes Santo! Las palabras no valen para saber lo que se siente, no sé como explicaros la ilusión de un chiquillo de corta edad, biznieto de don José, después de no haber salido el día anterior a hacer Estación de Penitencia con su Hermandad a causa de la lluvia, después de no haber visto, vivido, el procesionar de otras Hermandades. Cómo explicar que no era sólo este chiquillo. Quien puede comprender que este nieto de don José, de la mano de este chiquitín, tuvo el atrevimiento de no hacer cola para pasar a ver las Imagenes de esta Hermandad de la Carretería que se quedaron en su Capilla por la misma causa.

En la misma puerta de la Capilla, de la mano de este chaval de ocho añitos, dispuestos a entrar a pesar de la cola, pero... Este, su tío, que le supera en estatura, más no lo supera mucho en edad, (creo que tendré interiormente unos ocho añitos más que él) no puede hacer las cosas como debieran hacerse. Bastaba con ponerse en la cola y esperar nuestro turno como todo el mundo hacía. Había otra forma de entrar, y no se me ocurrió alguna mejor ¡Cómo no, Jesús, donde quiera que vas!

Vereis, por la misma puerta pero en sentido contrario, justo por donde salen los que ya han visitado la Capilla, veo que entran diez o doce personas, no se me ocurre otra cosa que decirle a mi compañero de travesura ¡Métete detrás de ellos! ¡Allá vamos! Pero he aquí la gran sorpresa, tanto para mí, como para el señor que nos impide el paso. Seguidamente a la afirmación de este señor: ¡Por aquí no se puede pasar! Respondo: ¿Por qué ellos sí y nosotros no? Sentencia con voz firme de nuevo: ¡Ellos son hermanos! Sin saber el porque, sin querer, me sale esta frase: ¡Yo soy nieto de Don José Montoto y González de la Hoyuela! Os aseguro que la cara de sorpresa que puso este señor fue muy significativa, pero no lo fue más que la mía al escuchar: ¡Y yo, pertenecí a su Junta de Gobierno! ¿Por qué no lo has dicho antes? -Aquí, justo aquí, es donde debo pedirte disculpas por el atrevimiento al usar tu nombre en esta situación creada solo por mí, no debí hacerlo Abuelo, pero soy así, imprevisible, es inevitable en mí. ¡Lo siento!
¡Pasar!. Este fue el salvoconducto que automáticamente nos llevó a los pies de Nuestro Santísimo Cristo de la Salud, María Santísima de la Luz, y de Nuestra Señora del Mayor Dolor en Su Soledad.

Entraba por primera vez en la que fue tu Casa de Hermandad durante tantos años, entraba por primera vez en la Hermandad que te nombró su Hermano Mayor a Perpetuidad, y no lo pude hacer de manera peor, pero ese sentimiento que recorrió mi cuerpo, mi mente y mi corazón no podía haberlo sentido de otra forma que no hubiera sido esta, no podía haber imaginado jamás el peso de tu paso por esta Hermandad tantos años después.

Tu nombre sigue teniendo ese peso tan difícil de llevar, tan duro de cargar sobre unos hombros como los míos. Difícil para un nieto tuyo que tiene esta forma de ser tan atolondrada como irrespetuosa a veces, pero te puedo asegurar que no hay nada que me haga sentir más orgulloso, te puedo prometer que no alardeo de ello, pero te puedo asegurar también la gran satisfacción que me produjo este suceso acaecido en esta lluviosa tarde de Viernes Santo en la que fui de la mano de un biznieto tuyo a visitar tu antigua Casa de Hermandad, en la que esta pequeña travesura de hombretón que sigue teniendo en su interior la edad de su sobrino, fue capaz de cometer, donde menos lo debió hacer.

Ahora, sólo ahora, después de disculparme por mi comportamiento, puedo hacer lo que a petición de otro nieto tuyo, debo, que no quiere decir que pueda, pero quiero hacer.
Esto que hago. Lo que he hecho. Arrepentido, quiero escribir y contar lo vivido sin querer.

No es Pesadumbre Abuelo, aprenderé y sabré llevar a gala tu nombre. No me pesa lo hecho, me causa inmenso placer saber que el paso del tiempo no ha conseguido borrar tu nombre, sigue estando presente, muy presente, sobre todo en esta tu Casa de Hermandad. Lo he podido comprobar.
PESADUMBRE DEL NOMBRE

Pocas cosas hay que pesen como el nombre. Porque es tanto su peso, hay tantos hombres que, sin fuerzas para ostentarlo enhiesto, lo arrastran malamente. Entre todas las herencias que pueden recibirse, ninguna tan difícil de administrar como la del nombre ilustre que nos legara un padre.

Administrar bien los bienes de fortuna, ni es fácil ni está en ti tener acierto. Para obviar este mal, se inventaron lo vínculos y mayorazgos, con lo que, al menos el primogénito, conservaría el lustre famíliar.

Esto era en lo económico; pero, ¿y en lo otro? ¿Podía ser fácil administrar la gloria y el honor, mostrándose a toda hora en tesitura y posición de príncipe? ¡Ay, qué difícil es! No ya por ser bueno ni malo, sino por saber ser señor, que es arte tan difícil, que en el empeño fracasan muchas veces personas que descienden de casas nobilísimas, mientras en ocasiones se conducen con gentil señorío los que nunca tuvieron abuelos tan ilustres.

Se puede ser , y se ve por ahí quien no es mala persona, pero que dista mucho de lo que es ser señor. Estos tales, valiera más que no hiciesen mostración ostentosa de sus nobles abuelos, porque con ello nada ganan, antes pierden, al comparar la altura de que vienen y el ridículo alcor en que se empinan. Porque en cuestión de altura hay dos maneras. Ser alto, encontrarse elevado por méritos, es una; la otra es empinarse, en ridícula pugna, queriendo aparentar una estatura a la que no se llega de verdad.

El grande es como el sol. Puede estar cuando nace a ras de tierra; puede estar a la altura discreta de la media mañana o de la media tarde; puede estar en el cenit, a la hora histórica del apogeo de su casa y estirpe, tan alto como el sol a mediodía. Y puede estar en el declinar de la tarde, tocando los picachos de los montes o hundiéndose en la tierra de la llanura parda. Pero siempre, a la altura de la hora en que esté, le corresponde estar con la grandeza y con la dignidad del astro rey.

No es exigible a nadie que sostenga la tesitura de la nota aguda que diera el fundador de su linaje en la hora precisa de su aria, como al sol le sería imposible sostenerse por siempre a la altura de las doce del día. Ni ha de estar en heroico, ni en poderoso si Dios dispuso privarle de los bienes o méritos que tuvieron los suyos de otra edad.

Lo que sí es necesario es que esté a todas horas "en señor". que en lugar de alabarse de que tuvo un abuelo heroico e ilustre, sea digno de él en el afán diario de la vida. Que en lugar de decir con modo impertinente "yo vengo de Fulano", y creerse por ello redimido de toda obligación, piense en cada momento y contingencia: ¿qué haría, cómo actuaría mi abuelo en este caso, en esta más modesta posición en que me colocó la vida? El ser nieto de alguien no redime de nada. Antes, obliga mucho. Por eso es tan difícil administrar la herencia de un buen nombre. Porque muchos, deslumbrados por proclamar "yo vengo de Fulano", se olvida de decir y practicar en muchas contingencias de la vida: "yo haré de este modo porque así lo haría él; porque no en balde soy nieto de Fulano".

En aplicar esta sencilla regla está todo el secreto de la sabia y honesta, a la vez que difícil, administración del brillo de la estirpe que, debiendo ser norma, acicate y estímulo, lo convierten algunos en origen de un sueño impertinente; porque sueñan que son lo que no son, y se comportan como no corresponde a lo que quieren ser.

JOSÉ MONTOTO

PD: ¡Domingo de Resurreción!. Aprovechando el día y en términos taurinos, me voy a tomar la libertad de dedicarle este escrito a quien me animó a hacerlo... ¡Va por ti Ignacio! ¡Gracias por animarme! ¡Porque tú, sí que sabes estar cuando, donde, y cómo hay que estar!
Publicado por Jesús CM en 22:26 Etiquetas: PAJARITAS DE PAPEL
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viernes, 30 de diciembre de 2011

¡FELIZ AÑO NUEVO!

QUERIDA FAMILIA:
LAS PÉREZ-AGUILERA MONTOTO, Y CON ESTE CRISTMA DE NUESTRO PADRE, OS DESEAMOS QUE EL AÑO NUEVO VENGA CARGADO DE:
Publicado por Cristina en 9:09 Etiquetas: FELICITACIONES
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jueves, 22 de diciembre de 2011

FELICITACIONES

ISABEL MONTOTO DE FLORES LE DESEA FELICES FIESTAS A TODOS SUS FAMILIARES DE MADRID, CÓRDOBA, SEVILLA, CÁDIZ Y LORA DEL RÍO.
ASÍ PUES... SALUD, DINERO Y AMOR PARA TODOS Y FELIZ AÑO NUEVO
Publicado por Jesús CM en 18:57
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viernes, 30 de septiembre de 2011

LOS “DE FLORES”

Por Luis Montoto de Flores.

Dedicado a mis sobrinos “tercerones” y “cuarterones” en el apellido de Flores, a punto de extinción, para que les sirva de ilustración y recuerdo.

Muchas glorias, alabanzas y distinciones a los Montoto, y de los de Flores ¿que?. Inclinados los unos hacia las letras, los otros fueron grandes labradores. Tío Rafael, gran investigador en genealogía familiar, nos lleva hasta Don Pedro de Flores, natural de Córdoba, vecino de Sevilla, casado en Espera el 14-IV-1697 con Doña María López Prieto, no pudiendo llegar a más al desatender el Registro Civil sus requerimientos. Pasaron a Constantina dedicados algunos al comercio, recuerdo cuando allí veraneábamos en 1941 visitar mi madre a sus parientes los Sagrario.

Sobre 1835 varios pasan a Lora. Mi padre menciona a Juan Segovia de Flores viviendo en el edificio hoy ocupado por la Delegación de Hacienda, y un Críspulo de Flores Muñoz en la calle Santa María con su hija Petra, medio perturbada, a quien dedicó una “pajarita”, contando la anécdota que a un señor mal avenido que le dejó el acerado, contestó: “lo cortés no quita lo valiente, pase Vd. so sinvergüenza”.

Patriarca y antecesor nuestro fue Romualdo de Flores Muñoz, mi bisabuelo, casado con Isabel Cepeda Reina, loreña. Censado en 1847 en Barrio Sevilla nº 39 (hoy Rafael de Flores nº 7) en unión de sus hijos: Rosa (casada con José Cepeda Carmona, son sus descendientes los Cepeda Rodríguez y Cepeda López), Antonio Ramón (soltero sin descendencia), Purificación (murió joven) y Rafael, mi abuelo, hombre estimado y querido, Alcalde Diligente, con su peculio particular libró a muchos del servicio militar cuando se cumplía embarcando hacia Cuba o Filipinas, con dudoso regreso. Reconocida tan desprendida acción, en agradecimiento, rotularon una calle respetada por diversas Corporaciones políticas habidas en el Ayuntamiento. Casó con Dolores González Naranjo, natural de Peñaflor.

Con abundantes propiedades incrementaron entre todos el patrimonio. Romualdo (mi bisabuelo), iniciados del mismo, unificó “El Membrillo” comprando terrenos colindantes. Sus hijos Antonio Ramón y Rafael, al heredarlo, acordaron no dividir llevando en comunidad lo recibido, comprando y vendiendo indistintamente, sin control ni contabilidad alguna. Muerto Rafael (mi abuelo) el 3-VI-1898 la división es inevitable y difícil, origina pleitos, apelaciones ante el Supremo, “vas a durar más que el pleito de los Flores” se decía. Gastos judiciales obligan a vender, y el 5-VII-1905, tras siete años, los amigables componedores forman dos lotes sorteados de semejante valor. Mi abuela, al recibir el suyo, divide entre sus hijos Rafaela, Romualdo e Isabel.

Mi tía Rafaela, casada con Rafael Quintanilla Briones (propietarios de la Casa de los Leones), recibe 550 fanegas al sitio de “Las Carreteras”, hoy Priorato.

Mi tío Romualdo recibe igual cantidad de tierra al sitio de “Los Zamorales”. Murió con 35 años en casa de su madre (mi abuela), al estar separado de su mujer Carmen Naranjo Oliveros.

Isabel, mi madre, conservó lo recibido, 375 fanegas en “El Membrillo”, finca disfrutada y querida, canto de evocaciones y recuerdos de varias generaciones. Divididas las tierras, el caserío queda indiviso y, al no descansar su conservación en responsabilidad concreta, entra en estado lamentable. Ante aparente abandono, los vecinos no respetan las lindes, obligando a entablar acciones judiciales para recuperar y frenar abusos. Mis hijos pretenden rehabilitar parte.

El lote de mi tío abuelo Antonio Ramón corrió distinta suerte. A mi madre, que tenía once años cuando quedó sin padre, le tomó gran cariño al punto de llamarla “mi Isabelita” y pregonarla públicamente su heredera; reclamaba sus frecuentes visitas, con más intensidad en recaídas y dolencias al punto de fallecer cogido de su mano. Había testado el 15-I-1910, y veinticinco días antes de fallecer rectificó con otro en el que reconocía “hallarse algo delicado de salud”. Beneficiaba con legados a varios servidores, instituciones religiosas y de caridad, pero su contenido principal causó sensación. Desdiciendo lo pregonado, anunciado y prometido públicamente, heredan sus sobrinos hijos de su hermana Rosa, y para “su Isabelita” ni una sola mención. Al concurrir varias circunstancias, tan brusco cambio de opinión fue comentario del pueblo.

Las familias y apellidos, como entes vivientes, se constituyen, multiplican y extinguen. Los de Flores, llegados a Lora sobre 1835, con el fusilamiento el año 1936 de Rafael de Flores Naranjo (hijo de mi tío Romualdo y único varón) pierden la posibilidad de perpetuarse.

Actualmente llevan el apellido de Flores:
En segundo lugar, los Montoto de Flores.
En tercer lugar “tercerones”, los Montoto Castrillón, Cañas, Linares, Sousa y Castaños.
En cuarto lugar “cuarterones”, los Pérez-Aguilera Montoto, Castrillón Montoto, Coronel Quintanilla y Cepeda Quintanilla.
En quinto lugar,… ignoran llevarlo.

Isabel de Flores González, mi madre, nació el 20-IX-1888 en la Calle Juan Quintanilla (casa ocupada actualmente por Imprenta Becerra) y la vivió hasta su matrimonio con José Montoto González de la Hoyuela el 24-VIII-1912. Practicar las virtudes fe, esperanza y caridad fueron directrices en su vida. Devota del Amor Misericordioso, quiso extender su devoción en Lora donando la imagen de un crucificado, venerado en el Convento de las Mercedarias de la Roda. Una esmerada y fácil redacción dejó plasmada en cartas y escritos. Falleció el 16-IX-1942, y bajo el lema “SIEMPRE QUE ME MIRES, REZA” nos dedicó unas fotos que, enmarcadas, conservamos y cumplimos.

Publicado por Cristina en 10:23
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miércoles, 28 de septiembre de 2011

COSITAS DE CÁDIZ II

EUSKERA FÁCIL, GADITANO DIFÍCIL
CÁDIZ. Me llamo Mikel Gorriarán, llevo 15 días en Cádiz y me estoy o me están volviendo loco. Os contaré mi historia:
Soy investigador privado y he venido a Cádiz a resolver un caso simple, pero la verdad es que cada día que pasa se vuelve más complicado. Tan sólo se trataba de descubrir al amante de la mujer de un alto mandatario vasco, comprenderán ustedes por tanto que no dé su nombre, además porque me debo al secreto profesional. En principio no tenía muchas pistas. Sólo sabía que el hombre en cuestión era de Cádiz, se llamaba Manuel Ramírez, que trabajaba en el puerto de Cádiz y que le conocían con el alias de “picha”. Así que el individuo en cuestión debía estar bien dotado, ya que además de amante de la mujer del político, eran conocidas sus correrías por el puerto de Bilbao. También usaba otro sobrenombre, “quillo”. Con estas pistas tomé el avión hasta Madrid y allí enlace con el tren hasta Cádiz.
Como digo, llegué a la estación de trenes en Cádiz, cogí un taxi y mientras iba camino del hotel intenté entablar conversación con el taxista. La cosa quedó en eso, en el intento, porque que yo sepa una conversación es, entre dos o más personas, pero el taxista no me daba opción ya que hablaba por los codos y de modo ininteligible. Lo hacía de forma sumamente apresurada y las pocas palabras que podía cazar al vuelo estaban incompletas. Quise preguntarle por el puerto, pero sabiendo que su respuesta no la entendería, lo dejé para mejor ocasión. Llegué al hotel Playa Victoria, y como mi interés era buscar al tal Manuel Ramírez, en un principio consulté la guía telefónica de la ciudad, pero como presumía, aquí había demasiados Ramírez. En mi tierra hubiera sido muy fácil, así que opté por buscar pistas en su lugar de trabajo. Salí a la calle y pregunté por el puerto. Un señor muy amable me dijo que lo mejor era coger el autobús de los Comes, pero para eso tenía que ir a Cádiz, aquello me desconcertó. ¿Dónde estaba yo? empecé a atar cabos. Efectivamente, cuando llegué a la terminal de la estación no ponía Cádiz, sino Cortadura y además recuerdo que en el trayecto di unas cabezadas y claro, en ese intervalo pudo haber algún enlace, o algo, ¡no sé! Lo cierto es que yo no me encontraba en Cádiz, pero no debía estar muy lejos. Paré un taxi y con gesto decidido le dije al taxista que me llevara a Cádiz. El me contestó… ¿A Cádiz?, ¿a dónde? Y le contesté algo enfadado que a Cádiz. ¡Joder, a Cádiz! ¡De una puta vez quiero llegar a Cádiz! Ya luego el taxista con mucha paciencia y muy despacito me explicó que donde yo estaba era Cádiz, pero no era Cádiz. ¡A ver si lo explico bien! Resulta que aquí la gente le llama Cádiz a la parte antigua y desde unas murallas para adelante le llaman Puerta Tierra. No sé si lo expliqué bien, pero yo ya lo he entendido. Llegué por fin a la estación de autobuses de Comes, pedí un billete para el puerto y me subí al autobús correspondiente. El trayecto fue relativamente corto, si acaso 30 minutos, pero la verdad es que yo creía que Cádiz era más pequeño. Sin duda me había informado mal, y además mi trabajo aquí se complicaba puesto que habría de buscar en una ciudad más grande de lo que pensaba. Pero mis sorpresas no habían acabado. Llegado a la estación terminal pregunté por el puerto. Mi interlocutor me miró con mal genio y me dijo que esto era el puerto. Yo no entendía nada. Ese hombre enfadado, y yo no veía barcos por ningún sitio. La verdad es que el hombre tuvo más paciencia que el santo Job. Me fue explicando poco a poco que aquello era el Puerto de Santa María, pero que por todo el mundo, (todo el mundo menos yo) era conocido por el Puerto y además me dijo que eso no era Cádiz, que Cádiz estaba allí enfrente, que el Puerto era un pueblo de Cádiz y que si lo que quería era ir al puerto de Cádiz que cogiera el vaporcito y me dejaría allí mismo. Total, antes lo de Cádiz, que no era Cádiz, que era Puerta Tierra y ahora que el Puerto es un pueblo de Cádiz, y entonces digo yo… ¿cómo le llaman al puerto, al de los barcos, al puerto de siempre? Subí por fin al que le llaman el Vaporcito del Puerto, que para que lo sepan ustedes no es un barco de vapor, no, porque aquí en Cádiz o donde coño esté yo ahora, no le llaman a las cosas por su nombre, sí, le llaman el Vaporcito, pero en realidad es un barco que va a gasoil.
Llegué por fin al puerto pesquero de Cádiz, ya pienso que gastaré mucho dinero y tiempo, más de lo que yo esperaba. Además no sé cómo justificar ante mi cliente, porque me temo que no me va a creer y tampoco quiero darle muchas explicaciones porque seguro que voy a ser objeto de burlas. Bien, obviaré todos estos inconvenientes y pasaré a la acción. De siempre las mejores informaciones se consiguen en los bares, así que me acerqué al bar más próximo al puerto, perdón, al muelle, uno que se llama “Lucero” y pedí un tubo de cerveza, se entiende, pero el camarero no lo entendió. Yo más o menos le expliqué lo que quería y él con aire de suficiencia me dijo: “ah, usted lo que quiere es un “bó”. Joder, no sabía yo que también tenían un idioma particular los gaditanos. Me acomodé en la barra del bar y puse la oreja atenta a lo que allí se cocía. Me acerqué la cerveza a los labios, tomé un trago largo y de pronto escuché la palabra mágica: “picha” ¡Dios! Por fin la suerte me vino de cara. Casi no podía creérmelo. Me atraganté con la cerveza, me puse perdido, pero merecía la pena. Había encontrado a la persona que estaba buscando. Bendita suerte la mía. Con disimulo me acerqué a los dos hombres que charlaban de un tema que no comprendía, pero tenía que ver con la música, con los coros y con un jurado, que por lo visto no tenía ni idea. Gente, sin duda muy creyente, aunque mal hablados, eso sí, se escapaban de vez en cuando, demasiado de cuando en cuando, palabras mal sonantes, que no creo que deban reproducirse aquí, pero a mí lo que me interesaba que uno de ellos fuera el “picha” y para asegurarme que ese era el tipo que buscaba, pedí otro “bó” y pegué la oreja a la conversación. Efectivamente a lo largo de la conversación, uno de ellos era constantemente llamado “picha” por su compañero de conversación. Joder, pensé, Dios le da pañuelos a quien no tiene nariz. No sé si lo captan ustedes porque aquel tipo se estaba trajinando a la mujer de mi cliente y aunque esté mal decirlo, porque soy un profesional, es una mujer de bandera. No me extraña que a ese tipo le dijeran el “picha” porque sin duda era lo único bueno que tendría. Bueno, bueno, que me desvío de la trama. Había dado con el individuo y eso era lo importante. Esperé tranquilamente a que acabaran la conversación y seguí al “picha” con la idea de abordarlo solo y sin testigos. Y ocurrió un caso inédito en mi dilatada carrera. Se encontró con un amigo suyo y al saludarlo le dijo: ¿Qué pasa “PICHA”? y el otro le contestó: muy bien “picha” ¿y tú? Si, efectivamente, había dos individuos con el mismo alias y a decir verdad, este segundo tipo tenía más pinta de amante que el enano de antes, pero en esto de la investigación nunca se puede descartar a ningún sospechoso. Lo malo de todo esto es que ahora tendría que doblas mis esfuerzos y hacer seguimientos alternativos, para comprobar cuál de ellos era el verdadero amante. Opto en principio por seguir a este último ya que lo veo con mejor planta, pero sin descartar, como buen profesional que soy, al tipo enano. El individuo toma un autobús y entabla conversación con un conocido suyo al que llama “quillo”. ¡Dios! Esto se complica a cada paso. Ahora tengo a dos “pichas” y a un “quillo”. Mi instinto de detective me dice que estoy siguiendo una pista falsa. Empezaré de nuevo, así que vuelvo al bar del “muelle” y le pregunto al camarero si conoce a un tal Manuel Ramírez que trabaja en el puerto. Me dice que con esos datos no le suena y que además El Puerto le queda algo lejos. Caigo entonces en la cuenta y rectifico diciéndole que donde trabaja es en el “muelle”. No cae. Le digo entonces que lo conocen con el apodo de “picha” y también con el de “quillo”. El tipo se carcajea en mi cara y me aclara que aquí todo el mundo es “picha” y “quillo”. La policía sin duda, aquí lo tiene complicado. Te estás luciendo, Mikel, me digo para mí. Otra carcajada, no obstante el camarero me dice que pregunte por “Paco el bigote” que en el muelle es el que contrata a los estibadores, después de darle todos los datos de que disponía sobre el tal Manuel Ramírez, que según tenía entendido trabajaba en el muelle y que durante seis meses trabajó en el puerto de Bilbao, lo de los apodos lo omití, porque con el cachondeo del camarero ya tuve bastante, aquel me contestó de mala gana, que ya no trabajaba allí, que según tenía entendido ahora trabajaba en la “Residencia”. Yo le pregunté que ¿en cuál Residencia? Él me contestó, con menos gracia que antes, que cual iba a ser, joé, pues en la Residencia. Era ya tarde y como la verdad, había conseguido bastante información, volví a comer. Lo de la residencia lo dejaría para más tarde. Pensé que era buena idea tomar pescado para el almuerzo, que aquí lo habría de haber bueno con tanta costa, así que le pregunté al camarero que si tenía pescado. Él me contestó que tenía unas “zapatillas” muy fresquitas. A mí, sinceramente, me importaba poco lo que calzaba el fulano. Yo lo que quería era comer y además no sabía a qué venía aquello de las zapatillas. El tipo me estaba chuleando o tendría a media una zapatería con algún cuñaaaaooooo y me hacía la propaganda. Obvié el comentario e insistí en lo del pescado. Pero el camarero volvió con lo de las zapatillas fresquitas. Puse mala cara y el camarero debió notarlo, porque rápidamente me aclaró que en Cádiz se les llama así a las doradas. Gente rara esta de Cádiz. No hay Dios que las entienda con lo que corren hablando, con la de palabras que no pronuncian y con las que pronuncian a medias. Y para colmo cambian el nombre de las cosas. Luego dicen que el euskera es difícil. No, euskera fácil, gaditano difícil. Después de una buena siesta reparadora, volví al trabajo. Tendría que averiguar a qué residencia se refería “Paco el bigote”. Deduje sin duda que tenía que ser muy conocida, por la forma con que el susodicho me dijo “cuál va a ser, joé, pues la residencia”. Perspicaz que es uno. En la misma recepción del hotel me dieron la información que necesitaba. La Residencia estaba a cien metros del hotel. Un paseo siempre vendría bien, pero llevaba cierto tiempo andando y no encontré ninguna residencia. Pregunté a un transeúnte y me contestó que la había pasado, que estaba a dos bocacalles. Así que volví sobre mis pasos, pero yo no encontré ninguna residencia. Volví a preguntar. ¿Por favor la Residencia? Pues eso que tiene usted ahí delante. Pero… ¡Eso es un HOSPITAL! Aquí le decimos la Residencia, me contestó la señora y se quedó tan tranquila y de camino me echó una miradita como diciendo… “pareces tonto”.
A partir de ahora no volveré a caer en estas artimañas, porque para mí, está claro que hay algún tipo de complot, y entre todos los gaditanos intentaban marearme con nombres equivocados o cosas que solo pueden tener un nombre. Investigué en el hospital y saqué un dato importantísimo, allí trabajaba desde hacía dos meses un tal Manuel Ramírez que estuvo cierto tiempo en Bilbao, según todo ello me confirmó un celador de la Residencia. No pudo decirme su dirección concreta, aunque me dijo que vivía por la Plaza de Toros, iba, a pesar de la cantidad de datos, incorrectos, cercando al sospechoso. Dar con la Plaza de Toros sería tarea simple. Eso pensé, pero hasta el día de hoy, y llevo quince días aquí, no, he conseguido dar con ella. Y tiene que estar ahí, porque una Plaza de Toros es una Plaza de Toros y a eso no se le puede cambiar el nombre. Además a todo el que le pregunto me dice que “dos calles más pallá” o “una mijita más palante”. Luego eso confirma mi teoría: hay una Plaza de Toros. Todos me hablan de ella, pero yo no la encuentro. Me estoy, o me están, volviendo loco. Definitivamente dejo el caso y como dicen aquí, me guannajo, me las piro pa Bilbao.

PD: el hijo de Manuel Ramírez, para más INRI, estudiaba en el Hospital de Mora, y tras los quince días también me fue imposible encontrarlo, ya que debido a mis experiencias pasadas, yo buscaba una Residencia creyendo que el niñato de los cojones estudiaría medicina o enfermería o algo parecido, pero nunca, repito, nunca pude imaginar que lo que el señorito hacía eran… ¡Empresariales! (dato que me confirmaron tras mi llegada a Bilbao).
AGUR!
Publicado por Jesús CM en 20:54 Etiquetas: JESÚS CM
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