Cuando digo que son Genuinos, no me falta razón. Como bien podéis comprobar. Cualquiera que sea de Ellos. Imaginación, Soltura, Capacidad para Crear, para Contextualizar, Don de Palabras y Escritura, Facilidad. Resumiedo: "Sobrada Creatividad". Repito y repetiré hasta la saciedad: tener en nuestras manos tal montón de pruebas más que evidentes de la categoría imaginativa y literaria de Don José, Tío Pepe y Tío Rafael, que son los tres "Pajariteros" que han dejado su impronta tan palpable, particular, personal e intransferible, es una inmensa Fortuna. Sumergirse en cualquier tomo, y viajar, por ejemplo, a la Edad de Piedra, Volver a la Edad de Lo Que Sea, habiendo visitado confortables cuevas e intentado comprar pisos a 500 pesetas, pues, ya me diréis. Yo me quito el sombrero y me voy para Triana a mirar escaparates, no para buscar la "bomba atómica de artesanía"... busco un bolso de cuero repujado para mi mujer, y un búcaro de cerámica para mi casa. Para Bombas, las que tiraban Los Fafarrones y que con ellas se hacían Las Gaditanas, Tirabuzones. Que Arte más Grade el de Los Montoto, por favó! ¡Ah, por cierto, habría que leer también a los que no nos dejaron nada escrito, que tendrían lo suyo igualmente!
PAJARITA DE PAPEL
¡Pretérito y futuro!
Verdaderamente que en estos últimos diez mil años ha cambiado un poco la vida en nuestro planeta. El solo transcurso de estos "añitos" ha organizado sobre nuevas bases la vida del género humano, ha cambiado profundamente el medio ambiente en el que nos desenvolvemos, nos ha dotado de nuevos medios y nos ha proporcionado en fin, refinamientos y comodidades que no pudieron ser ni imaginadas en tiempos pretéritos. Si el hombre de Cro-Magnon levantara la cabeza, estoy seguro de que por muy dolicéfala que la tuviera, tendría que apreciar la diferencia que separa su Edad de Piedra de nuestra Edad de Lo Que Sea; pero sin embargo hay que reconocer que en esencia la vida sigue siendo la misma, sobre todo en orden a la satisfacción de esas necesidades primarias de alimentación, vestido y habitación.
En la época cuaternaria, el hombre, para procurarse su sustento, no tenía más recursos que esconderse tras un peñasco, y allí, armado de un hacha de sílex y de una paciencia benedictina, esperar a que pasase algún animal para partirle el espinazo de un tremendo golpe. Hoy el problema en síntesis es el mismo, pero se ha "burocratizado" mucho. Ya la espera no es a la intemperie, sino bajo un techo acogedor y detrás no de un peñasco, sino de las cuarenta o cincuenta personas que te preceden en la cola de la oficina de Abastos, porque es que tras muchos y laboriosos estudios, se ha llegado a la conclusión de que este es el Organismo imprescindible para controlar sabiamente lo que debe entrar en tu estómago, y que con su prudente reparto te evita las lamentables indigestiones que amargaban la existencia a nuestros antepasados los cavernicolas.
El problema del vestido tampoco ha cambiado, apreciablemente, porque si al hombre primitivo le costaba trabajo proporcionarle a su costilla las pieles necesarias para su abrigo, al hombre del siglo XX "le cuesta" más.
Y si pasamos al concepto habitación, no es que dudemos de lo difícil que resultaría entonces encontrar una cueva tan "confortable" como la de Altamira, pongo por caso, pero quisiera yo ver cómo se las apañaba el troglodita más listo para encontrar ahora un piso de quinientas pesetas...
Ahora bien, prescindiendo de estos pequeños detalles, entre aquella y esta Edad, indudablemente hay diferencias, y estas diferencias hay que reconocer que son tanto del tiempo como de la inteligencia humana, porque es evidente que la mayoría de los inventos que nos simplifican la existencia, deben más a lo primero que a la segunda, ya que el inventor muchas veces no hace más que adelantarse unos años y descubrirnos algo que estaba en el ambiente y que el tiempo necesariamente nos hubiera puesto de manifiesto. Y, por paradoja es el tiempo también el luego se encarga de ir dejando anticuado y ridículo lo que antes nos pareció invento novísimo.
Todo en la vida es pues cuestión de tiempo; por eso no podemos explicarnos que misster Truman quiera guardar tan celosamente el secreto de la bomba atómica, porque estamos seguros que pese a toda la prudencia y discreción que guarde, pronto ese secreto habrá dejado de serlo, y no puede estar muy lejano el día en que entre una cartera de cuero repujado un búcaro de cerámica trianera, veamos en un escaparate una bomba atómica "de artesanía "
¡Y si no, al tiempo!
RAFAEL MONTOTO DE FLORES.
Veintidós de Noviembre. Año de 1945
1 comentarios:
Yo a esta alturas me considero un... ¡"Apartavernicola" de la Edad de Lo Que Sea! ¡Que edad más mala, shiquillo! ¡El espinazo roto sin necesidad de un tremendo golpe con hacha de sílex, ni del acero mejor templado que exista. Que edad, ahú, que edad... de verdad!
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