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sábado, 15 de julio de 2017

LA NIÑA QUE SE MURIÓ

Vuelvo a este blog después de tanto tiempo sin escribir, para desentrañar un misterio que nos tenía un poco alborotados en los últimos días. 

Todo empezó cuando releímos por watsapp una entrada que hizo tía Conchita el 16 de mayo del 2009, que se llamaba "¡Qué bien se vivía en casa!" (podéis leerla pinchando AQUÍ).

En ella recordaba con unas cariñosas palabras a sus hermanos mayores, entre los que había una niña que murió muy pequeña y que ya hablaba, por lo que debía tener dos o tres años. Era un poco mayor que tío Jesús, pero no sabían su nombre, sólo la conocían por un retrato que había en el salón y por el nombre de "la niña que se murió". Cuando ya eran mayores supieron que ni siquiera era ella la del retrato, aunque lo conservaron —y lo conservan— en lugar preferente de las diferentes viviendas que han ido teniendo las tías, sino que la abuela recuperó un retrato infantil de tío Rafael porque se parecía mucho a esa rubilla que fue la mayor de sus hijas.

Y esos eran los únicos datos. No aparecían referencias suyas en ningún documento, árbol genealógico ni listado, ni sabíamos si había sido enterrada en Lora o en Cádiz, donde residían en esos momentos y donde nacieron los siguientes hijos. Sin embargo, sí que se conocía que había muerto otro hermano, cuando tenía unos meses, que se llamaba Luis, nombre que le pusieron al hijo que nació a continuación.


Tía Tote recurrió al "equipo de investigación" familiar, para ver si podíamos averiguar su nombre, ya que tenía la inquietud de no haber tenido la curiosidad de preguntar nunca por él "y cuando llegue al cielo no voy a saber cómo llamarla". 

Pues bien, las pesquisas han dado sus frutos, pero el misterio se ha resuelto sin recurrir a legajos, archivos ni registros civiles. Teníamos la solución más cerca de lo que pensábamos. Hemos conocido el nombre y la historia de esta niña por las palabras del abuelo —una vez más—, que nos la cuenta en una pajarita de papel que escribió en el año 1950. Verdaderamente, las pajaritas del abuelo son una mina para conocer nuestra historia, que es como conocernos mejor. A ver si algún documentalista familiar las va recuperando (¡Jesusito de mi vida! ¡con la de cosas que nos quedan por conocer de nuestra familia, que no se pierdan!)

Queridos primos, tengo el honor de presentaros a MARIQUILLA MONTOTO DE FLORES. Nuestra tía. Por fin tiene nombre "la niña que se murió".




LA NIÑA QUE SE MURIÓ

Hace ya muchos años. Yo tenía una niña que era un encanto. Todos los de la casa estábamos chiflados con ella. Poco más de dos años tenía cuando, en pleno florecer de sus gracias y de sus deliciosas ocurrencias, quiso volar al Cielo. Era la única niña; estaba entre el tercero y el cuarto de los varones. Y siendo sola, no tuvo nunca nombre; era "la niña".

Se fue la niña. Dios la quiso para Él y nada nos quedó sino, con el recuerdo, con el dolor intenso de los padres y el estupor medroso de sus hermanillos, un mechoncito rubio que su madre guardó como reliquia del ángel que voló. Ni retrato teníamos de ella. Pero, ve qué portento: una fotografía había de unos de mis hijos que, por raro fenómeno, en nada se parecía al original y era, en cambio, un retrato fiel de la niña muerta. Se hizo una ampliación de aquel retrato, se colocó en un marco de plata y desde entonces está en lugar preferente de mi sala.

Y aunque todos sabíamos quién era el retratado, fue tal la sugestión del milagroso parecido y fue tal el cariño y el afán que pusimos en que el retrato fuera de la niña, que, desde aquella hora, siempre que hubo que nombrar o referirse al retrato se designó como el de "la niña que se murió". 

Su nombre le fue puesto a otra niña que vino unos meses después; por ello, porque el nombre es ya de otra, ella quedó sin él. Ni lo tuvo primero, porque al ser ella sola era sólo "la niña", ni lo tuvo después que se le dio a otra. Y ella siguió siendo "la niña" siempre: "la niña que se murió".

La veo todas las noches; con su boquita fruncida en gracioso mohín, con su pelito rubio, con su tez sonrosada... Desde hace varias noches me parece que sus ojillos vivos me reprochan un pecadillo mío: "Padre —le creo oir—: ¿con tanta "Pajarita", y ni una para mí? ¿Tantas a mis hermanas y a mí ni una tan sola?" Por eso en esta noche he querido evitar el reproche imaginado y hablar un poco de la niña rubia, de aquella encantadora criatura, primera de mis hijas y guía y adalid de las demás.

Verás tú, Mariquilla: a mí se me figura que tú, como mayor, y la chica, que ahora va a profesar en su convento, os habéis constituido como en guía segura de las otras. Tú, que fuiste la primera, te fuiste al Cielo una noche de Enero, abriendo así el camino que las otras deberán de seguir cuando Dios dispusiese. La chica, por seguir tu camino, se ha consagrado a Dios para en su día volar la misma ruta que tú volaste entonces. Y entre las dos, sirviendo tú de guía y la chica como de escolta, como de guardiana, andan las otras cuatro que "emparedadas" entre vosotras dos, no se pueden perder en el camino. La mayor y la chica habéis sido las más aventajadas de la casa. Tú con la felicidad de la facilidad que Dios te dio llamándote tan niña. Ella, con la felicidad de la fuerza que le ha dado el Señor para dejarlo todo por su amor. 

Alguna vez pensé que no te estaba bien el nombre que te dábamos. Tú no eres ciertamente la niña que se murió sino la niña que se fue a vivir la Vida verdadera. Y porque estoy en lo cierto, y es de fe, que te fuiste a la Gloria, porque te abrió sus puertas el Bautismo y no perdiste la gracia bautismal: porque estás en la Gloria, "niña que se murió" para vivir, yo te tengo nombrada mi abogada.

Ya ves en dónde tengo tu retrato: la Virgen en el centro, y a los lados estáis tu madre y tú. Yo os veo todas las noches y me figuro que así andáis por allá: en el centro la Virgen, vosotras a su lado gozando y suplicando por nosotros. Y nosotros aquí, tan fuera de sentido y realidad que seguimos con la necia costumbre de designarte por el absurdo nombre de "la niña que se murió". Y no te has muerto, no. Ni para Dios, en cuya Gloria vives, ni para mí, que te tengo tan viva en el recuerdo que has logrado el milagro de que nos olvidemos de que aquel tu retrato no es el tuyo, sino de otro hijo mío que en aquella razón quiso Dios que, en vez de salir él, salieras tú de la cámara oscura por prodigioso arcano.

Hace ya muchos años que una noche como esta del frío Enero vinieron muchos ángeles por tí. Desde entonces te vengo nombrando "la niña que se murió", pero sé que es mentira. Ya ves si no te has muerto, que tu vida es completa. Vives en el recuerdo de tu padre. Y vives en la Gloria del Señor.
José MONTOTO

   
Publicado por Cristina en 16:39
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martes, 31 de enero de 2017

A NACHO MONTOTO, IN MEMORIAM





Vuelvo al blog con una gran pena. Nacho, nuestro poeta familiar, nos ha dejado con una edad en la que debería estar prohibido morirse. Es muy difícil aceptar la ausencia definitiva de alguien tan joven, tan activo y con tanto talento, al que le quedaban más cosas por vivir de las que llevaba vividas. Ha sido una muerte tan inesperada que nos tiene confundidos, espantados y perplejos.

Lo conocí por casualidad cuando descubrí que había un montoto por estos mundos del internet que escribía pajaritas de papel, y le escribí para preguntarle (como en la canción): ¿y tú de quién eres?. Porque tenía muy claro que era “uno de los nuestros”, pero en esta familia tan numerosísima es muy difícil conoceros a todos, lo cual es una pena porque, a las pruebas me remito, las nuevas generaciones son tan talentosas o más que las que nos precedieron y nos sirven de referencia.

A partir de ese momento mi admiración por él fue en aumento, y a medida que descubría su talento, su bondad y sobre todo esa manera de ser tan arrolladora me convertí en su fan número uno. Aprendí de él como una esponja y mantuve los ojos bien abiertos a todo lo que hacía. Me enseñó a manejarme en las redes, y fue en gran parte artífice y mentor de este blog. Ayudó a crear este rincón familiar y nos hizo crecer aportando sus textos, sus poemas y su ingenio. Desde aquí nos anunció sus presentaciones de libros y los actos en los que participaba y a los que no falté mientras pude.

Ahora, nosotros sus mayores, nos sentimos huérfanos. Y yo, por mi parte, me siento tan en deuda con él que he sentido la necesidad de volver a este rincón que era tan nuestro, después de tanto tiempo sin escribir, para darle las gracias por habernos dado tanto en tan poco tiempo.

Antes de decidirme a escribir me he dado una vuelta por las entradas que escribió, para leer sus cosas de nuevo, y me ha sorprendido que su última aparición fue un poema llamado “Una herida abierta”, título que podría ser premonitorio de la que deja su ausencia en esta familia. Acababa así:
Somos, apenas somos,
gotas de lluvia en la ventana
o un granizo en el mar.

Oscura nieve derretida

Pues Nacho, con otro fragmento de este poema me despido, ya que tus palabras son más ricas que las mías, pero quiero que sepas allá donde estés, que mientras un montoto viva, vivirás tú en nuestros corazones heridos:
En vano comprendí
que estabas entre los restos del mundo,
junto al odio que produce tu ausencia,
presente en pequeños gestos de amor.

Y lo sabes,
sabes que el sol brilla
sobre nuestras cabezas,
pero sabes que no,
no conoce la verdadera luz,
la claridad del mar era única en tus ojos.

Busco un día sin fecha
en el que pueda compartir
mi dote con los pájaros,
una gavilla de cuerpos celestes
con los que iluminar esta desdicha.



**************
Le comenté a Jesús que iba a escribir esta entrada para ver si quería (más bien si podía) escribir algo. Y esta ha sido su contestación, recuperando un texto que Nacho escribió hace tiempo, para que volvamos a releerlo.

Querida Cristina: llevo desde el día que me pedías escribir algo sobre Nacho dando vueltas a mi cabeza, a los libros de ¨Pajaritas¨, buscando donde no hay ni encuentro, donde no puedo incluso ni escribir, ni dedicar nada (sin soltar un llanto y unas lágrimas que me parten el alma) a la despedida de éste ¨Pequeño Gran Hombre¨.
Para mi nunca jamás habrá una despedida, siempre estará presente, poco o nada hay que decir o demostrar para ver como era, como es y como seguirá siendo para mi, y creo que para todos.
Querido Nacho....

Anoche soñé que tío Miguel hacía un portal de Belén con restos de un papel Albal...
Todo ocurrió una madrugada del 24 al 25 de diciembrecuando mi madre llenó de caramelosmis zapatillas de andar por casa, mi padre afinabauna guitarra, que, sin él saberlo, ya comenzaba yo a tocar.
Sucedió cuando mi abuelo Cesáreo recibió mi Carta de Reyes Magos,mientras mi abuela Teresa me daba unos pestiñitos con miely me invitaba a abrir la alacena para tomar turrón de chocolate.
Realmente ocurrió cuando mi Tía Nena se arrancó por unos Campanillerosen una noche de nochebuena.
Yo era muy pequeño y mi memoria ya empezaba a ser un tobogán.
Los caminos del señor son inescrutables, y yo, gaditano de adopción, cordobés de nacimiento y sevillano de sangre, sin quererlo, ni saberlo, probablemente, sin elegirlo, viví mi peculiar cuento de Navidad.
Y sí, curiosamente, ese cuento pasaba por Cádiz, por Córdoba y por Sevilla.No conocí la hoja del lunes, pero recuerdo que el primer lunes, tras Reyes, y tras pasar por Córdoba y Sevilla, mi tía Salud me tenía preparado un regalo, el último que recuerdo fue un juego de Magia Borrás (que luego, una vez crecidito, y por arte de magia familiar, se convirtió, -ese regalo- en billetes de verdad, no del monopoly), Cádiz, para mi Cádiz siempre será nostalgia, ya sea en verano o en navidad, por muchas cosas. En Cádiz dejé los recuerdos de una madre, de un abuelo y en su momento, incluso, de un padre que recuperé en Sevilla. Yo pasaba en Córdoba mis vacaciones de Navidad, y fue de pequeño cuando subí por primera vez a Santa Marina, cuánto me hubiese gustado llegar a conocer a Tío Pepe... y sus pajaritas de papel. Cuánto de Córdoba guardo en mí, cuánto de Cádiz y de mi estancia en Fernández Ladreda, y quién me iba a decir que iba a acabar en Sevilla, bueno, he de reconocer, que yo, en mi fuero interno, sabía que tendría que acabar en Sevilla, porque, y es algo que nadie sabe, yo he tenido la suerte de tener 11 reyes magos, que realmente han sido 13, aunque quiero decir que han sido casi 20, todos los años, hasta hoy, porque la vida es así, y nunca olvidaré los agobios de mi Tío Ignacio, camino del Corte Inglés para comprarnos el regalito navideño, el cariño de mi Tía Nena, el calor de mi Tía Tere, los sabios consejos de mi Tía Mamen, el polinimio de ternura que Rocío, Machús, Pili y Jesús siempre han mostrado conmigo y mi hermana, los paseos que "el güito" nos daba, la magia gaditana de mi tía Salud, las horas y horas de charla con mi Pepa en verano, navidad y siempre (caburrimiento, burrido estoy) y, porque claro, y es algo que quizá no debiéramos olvidar ninguno de nosotros: Los Montoto, en nuestra familia, siempre tiene que ser Navidad. Mi abuelo Cesáreo que más allá de todo lo que sea pueda decir en su honor, si fue algo en esta mundo es un hombre bueno, con mayúsculas, para el que la vida era una continua Navidad, más allá de Setefilla, de Lora, de Cádiz, del flamenco o del Carnaval. Un hombre bueno, Bondad, eso es la navidad: el espíritu navideño, a eso tendría que reducirse nuestra vida, con nuestros defectos y nuestro fallos, con nuestras virtudes, logros y momentos de pena y alegría. Yo no necesito calles que reconozcan quién es un Montoto. Yo no necesito que homenajeen a nadie de mi familia para que me digan lo bueno que fue. Lo único que deseo, y sé que es lo que desearía mi abuelo Cesáreo, mi Tío Pepe, mi Tía Nena, mi abuela Teresa, mi bisabuelo Pepe, mi madre y todos los Montoto que ya no están con nosotros, es que mi familia siempre permanezca unida, porque ahí está el secreto que ha hecho que el apellido Montoto siempre esté en lo más alto, en la bondad de todos y cada uno de nosotros, más allá de Montotadas, blogs, fiestas y demás. Que nunca se nos olvide que eso es el espíritu de la Navidad. Para lo demás ya sabemos todos, para lo demás -como dice el anuncio- ya tenemos la Mastercard. Felices fiestas y feliz año familia.

Todo ocurrió una madrugada del 24 al 25 de diciembrecuando mi madre llenó de caramelosmis zapatillas de andar por casa, mi padre afinabauna guitarra, que, sin él saberlo, ya comenzaba yo a tocar.

Sucedió cuando mi abuelo Cesáreo recibió mi Carta de Reyes Magos,mientras mi abuela Teresa me daba unos pestiñitos con miely me invitaba a abrir la alacena para tomar turrón de chocolate.
Realmente ocurrió cuando mi Tía Nena se arrancó por unos Campanillerosen una noche de nochebuena.
Yo era muy pequeño y mi memoria ya empezaba a ser un tobogán.

                                                      JOSE IGNACIO MONTOTO MARISCAL


**************************************
A los que nos quedamos, siempre nos quedará su obra y su recuerdo, y para alimentarlo os dejo un enlace a su blog: PAJARITAS DE PAPEL

Y muchas cosas de las que se han publicado sobre él, entre las que he encontrado este vídeo donde aparece leyendo sus poemas:

José Ignacio Montoto from esfiliana on Vimeo.


También ha habido muchísimas referencias a su muerte en la prensa de todo el país, aquí os dejo los enlaces de algunas de las que he encontrado:
-PAPEL EN BLANCO
-EL CONFIDENCIAL
-CORDÓPOLIS
-DIARIO DE CÓRDOBA
-EL PAÍS
-EL DIARIO.ES
-EL CORREO DE ANDALUCÍA
-EL DIARIO DE LEÓN
-DIARIO DE CÁDIZ
Publicado por Cristina en 11:32
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miércoles, 2 de marzo de 2016

Ya Lo Creo

¡Ya lo creo! Todo cuesta, todo tiene su valor. No poco es el valor que yo le doy a esto, no poco es el trabajo que cuesta el quehacer que conlleva el escribir.
El darle valor a todo ello, aún pudiendo hacerlo, por ser afectado directo en costes y costas, no lo haré, no, no lo haré, cuando además el valor no es económico, ni mucho menos, pero el coste que tiene todo ello en emociones, en melancolías, en desgarrones del corazón, en suspiros… en definitiva, en lágrimas, no es poco, de verdad, no sale barato esto, no.
Es contento también, no puedo obviar ni negar que así sea, para nada. Tener a mi alcance todas estas maravillas, poder hacer y deshacer, leer y releer, buscar y rebuscar, encontrar, dedicar… Todo esto, que es de mi gusto, a que decir que no es complaciente y amable trabajo, sería un reverendo tontaina si lo negara, no lo hago, me siento incluso un privilegiado al tener y poder leer cuantas veces quiera, cientos y cientos de “Pajaritas” y puedo decir, debo decir, que estoy tremendamente agradecido a las cinco “Flores” que tuvieron a bien hacer de mi persona el depositario de tan grande tesoro, dar gracias a esa “Mesa Camilla” por desprenderse del mismo sabiendo el valor que tenía para ellas no puede tener otra forma de, al menos, intentar pagarlo –sin ser necesario el pago por ello- que siendo desgajado, desgranado, deshojando libro por libro, haciendo llegar a todos y cada uno de vosotros éstas “Perlas” a las que cada uno debe dar el valor que en verdad piense que puedan tener, para mí, son impagables. Es por ello que aunque el coste de todo esto es grande, escribir, comentar cada una que es publicada, buscar alguna que se quiera rememorar, alguna que venga bien a cierto momento, a tal trance… No he de negar que cuesta lo suyo, tiene su coste en tiempo, tiene su coste humano personal e intransferible, pero valor, eso ya no sé, ni seré yo el que se lo dé, si lo tiene, claro está, eso que se lo de quien se lo quiera dar, si cree que lo tiene, y se lo quiere dar, claro está.

                                         EL COSTE Y EL VALOR     

Ese del coste y del valor es un problema viejo y de resolución difícil e intrincada. Las cosas y la vida misma ofrecen a veces un contraste fortísimo. Hay cosas que cuestan poco y valen un imperio, y cosas que nos cuestan un sentido y sin valer un ochavo. La vida misma en opinión de un poeta valía tan poca cosa que, puesto a hacer confidencias, nos dijo esta ironía desgarrada: ¡Te he de decir una verdad, y es ésta: que no vale esta vida lo que cuesta!
Pues si la vida entera no vale casi nada, ¿Valdrá una “Pajarita”? Yo sé que no; yo sé que su valor es nulo. ¿Ves que no vale nada? Pues, sin embargo, cuesta. Desde hace algunos días tiene un coste; modesto desde luego, pero tiene su coste. Si éste estuviera en relación con su valor, yo podría afirmar que cada “Pajarita2 puede valer –sin estraperlo alguno, a precio de factura- una peseta justa. Las “Pajaritas” sevillanas son gratuitas; pero éstas de ahora, que son de pueblo, éstas cuestan un poquito producirlas. Y si no producirlas, transportarlas.
Hay muchísimos artículos que no valiendo nada o casi nada, los encarecen los transportes. ¿Qué vale una arroba de paja en la era? Bien poca cosa; pero el alambre de las pacas si vale, y no poco, y el que hace las pacas cobra un jornal decente, y el que las transporta desde la era al pueblo también cobra lo suyo, y luego el llevarlas a la estación, el facturarlas, el retirarlas luego, el descargarlas en el almacén… ¿Qué a cuanto sale la paca de paja en la ciudad? A millón. Y como éste de la paja te podría poner muchos ejemplos.
Pues las “Pajaritas” no tienen tantas manipulaciones; pero el hecho es que nacen en mi pueblo y tienen que llegar hasta Sevilla, lo que es causa de que tenga que usar un sobre, un sello de franqueo ordinario y otro urgente, con lo que nos acercamos a la peseta. ¿Qué valen todavía menos? Lo sé, pero me cuestan sin embargo: me cuestan la peseta y, además, el no pequeño trabajo de escamotear un rato a tantos amigos, a tantas amables tertulias y a tanta afectuosa relación.
No valen nada y a mí me cuestan mucho. Ironías del destino que se empeña en desmentir aquello de “Lo que mucho vale mucho cuesta”. Esto no vale nada y a mí me cuesta mucho. Me cuesta la peseta que es poco ciertamente. Pero ¡anda que el trabajo de usar pluma y papel en este ambiente!

                                                                                                                                 JOSE MONTOTO 
Publicado por Jesús en 9:57
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GOLONDRINA DE DIOS

De ser testigo vengo de una inefable y tierna ceremonia. Ocho doncellas jóvenes, arrodilladas al pie del altar, han recibido el hábito de Esclavas. Una de ellas, la hasta entonces nombrada Hermanita Concha, ha perdido ese nombre y, desde ayer, se llama Madre Santa Isabel.
El hábito en sus manos, lo entregó cada cual a su madrina, y, acompañadas de éstas, se han retirado para volver vestidas con el hábito santo, y enmarcados sus rostros juveniles con las tocas blanquísimas, como blancas también eran sus almas.
Las madrinas, salvo alguna excepción, fueron las madres de las Madres nuevas. No sé si en la excepción entraba la Hermanita Concha. En apariencia sí. A la simple vista no se veía a su madre; era su "madrecita", su hermana mayor -la que con tanto celo y tanta abnegación hace el papel de madre de familia-, la que llegó con ella ante el altar, la que con ella fue a despojarla del hábito de postulanta  y a ayudarle a vestir el de Religiosa, la que volvió con ella hecha ya palomica de Dios con las alas blanquísimas de su toca flamante.
Eso fue en la apariencia. En verdad, en verdad ¡qué se yo que te diga! ¿Tú no notaste, Madre Santa Isabel, como en un suave roce, como en una caricia, las manos de tu madre posándose en tu frente y ciñendo tu toca? ¿Tú no advertiste que entre tu "madrecita" y entre tí ocupaba un lugar la madre de las dos, que por igual os bendecía a ambas? ¡Y cómo se alegró cuando te vio libre de toda traba y de toda atadura! Porque aquello que te decía el Padre no era verdad real, sino frase simbólica. Te decía al entregarte la cadena de esclava: "Esta cadena que te has de ceñír es señal de esclavitud, porque te haces esclava de la Concepción Inmaculada y del Sagrado Corazón". Y por paradoja, la cadena de esclava era la que venía a liberarte de toda esclavitud. Cuando él y tú creíais que te amarraba, lo que hacía era romper las viejas ligaduras que te ataron al mundo, y hacerte libre, libre, en santa libertad. Por eso, porque te sentias feliz y satisfecha, sin nada que fuese obstáculo a tu trato con Dios, estabas tan contenta, y un gran gozo irradiaba en tu semblante, que ayer era semblante de bienaventurada.
La noche antes, solo y a oscuras el inmenso patio del convento, la parcela de cielo que se asomaba al claustro era incapaz de contener tantísimas estrellas. Parecía como que todas las del cielo se habían apretujado para gozar con el gozo de aquella casa de paz y de oración. Yo nunca vi tal profusión de estrellas, ni un brillar más intenso en los luceros. Y era que, como en la Iglesia se cantan visperas, en los cielos también. Y las visperas de ocho virgenes más que se ínmolaban a Dios, llenan de gozo al cielo, y el ire del invierno se hace tibio y la noche callada tiene ese silencio augusto del alma en suspensión y en tierno arrobo, y los astros en su centellar tienen esa inquietud de parpadeo rápido, como de ojos que, preñados de llanto por la emoción, se cierran y se abren por contener las lágrimas que pugnan por salir.
Porque nada faltase, las novicias, desde los claustros altos, han cantado bellísimas canciones. ¿Tú te acuerdas, Concha, hija mía; te acuerdas, Madre Santa Isabel, cómo en nuestra casa de Lora se posaban las golondrinas en los alambres de la "vela"? ¿Te acuerdas cómo desde allí cantaban y cantaban y se respondian las unas a las otras, y la nota que moría en la garganta de una se diría que otra la recogía y otra después en incansables e incansables arpegios? Pues algo así me parecían a mi las novicias en la altura del claustro, con aquellas canciones que se enlazaban las unas con las otras. Y la apariencia de golondrina no venía sólo del canto y de la altura: venía también porque vestidas de golondrinas estaban, con sus hábitos negros y sus tocas blanqísimas; y venía también porque ellas, como golondrinas, consolando al Señor con sus vidas de santas, le arrancan las espinas que le clavamos otros con nuestros yerros y con nuestros pecados.
Tú, que eres una más de esa bandada de espirituales golondrinas, no olvides en tus místicos trinos la casa en que naciste, los hermanos que Dios te concedió y al padre que, como compensación, por lo bueno que no hizo y pudo hacer, te llevò de la mano hasta el convento, gozoso porque hacía el gozo tuyo, y gozoso también porque a su propio gozo añadía el gozo que inundaría a tu santa madre, si ella hubiera vivido. Y porque ella no estaba, él gozó por los dos.
Ayer fuiste feliz, Madre Santa Isabel. ¡Y que me complací y cuanto me gocé en el gozo tuyo! Además, yo vi en tí algo que me encantaba con encanto a lo humano. Aquella suave y serena dignidad, aquel empaque fervoroso y sencillo con que fuiste y volviste del altar, yo lo había visto antes. Aquello, siendo tuyo, no era tuyo del todo, aquello era de otra que, con la vida, te dió también lo mejor que tenía, porque te dió su fe, te dió su amor a Dios, te dió el más claro ejemplo de virtudes, y te dió, de camino, ese señorío de gesto y esa natural dignidad tan sencilla, y a la vez tan solemne, para tratar con Dios.
Y así, Madre Santa Isabel, yo te debo, desde el día de ayer, dos alegrías, dos gozos, dos dulces e imborrables emociones: la una es que ya te llamas Madre Santa Isabel; la otra que eres -y así te vi yo ayer- como un retorno, como un renuevo, como una copia exacta de tu madre Isabel. Y el ser y el parecer; ser como era, parecer como era, ser como eres y parecer como pareces, Madre Santa Isabel; son cosas que a tu padre le llenan de contento y que el día de ayer le hicieron muy feliz.
                                                                  JOSÉ MONTOTO
Publicado por Jesús en 9:57
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Madre Belén

María Dolores Romero Algarín. "Madre Belén". Esclava del Divino Corazón.

BIOGRAFÍA-AÑOS DE INFANCIA

María Dolores Romero Algarín nació en Sevilla, el 6 de Octubre de 1916, en la casa número 14 de la calle llamada "Siete Revueltas", nombre que hace referencia a su singular configuración. Un año antes había nacido su único hermano, Antonio, con el que las circunstancias de la vida le unirán de modo muy especial.
Sus padres, Don Antonio Romero Candau, natural de El Coronil, (Sevilla) y Doña Salud Algarín y Gómez, natural de Sevilla, se casaron en la parroquia sevillana de El Divino Salvador. En esta misma parroquia, se bautizaron sus hijos, Antonio y María Dolores.
Don Alberto era Notario y había ejercido su profesión por tierras extremeñas. En El Coronil, su pueblo natal, y en Montellano poseía el matrimonio fincas y olivares.
Pero la felicidad de este hogar cristiano y económicamente bien situado, va a durar muy poco, solamente dos años. En 1918 sufrió España una grave de gripe especialmente fuerte en Andalucía, que causó muchas victimas. Doña Salud fue afectada de esta enfermedad, que al estar embarazada revistió en ella mayor gravedad, y fallecía el 14 de Octubre de 1918, a las veinticuatro horas de contraerla. Tenía sólo 29 años y dejaba dos huerfanos: Antonio, que aún no había cumplido 3 años de edad, y María Dolores, con 2 recién cumplidos.
Aludiendo a esta dolorosa realidad, escribirá ella más tarde "Apenas tenía dos años, la cruz ya me acompañaba"...
Al faltar la madre, Don Alberto fija definitivamente su residencia en El Coronil y pasa a vivir con ellos la abuela materna, Doña Dolores Gómez. Ella dedica toda su atención y cariño a sus nietos. Don Alberto procura llenar el vacio que en ellos, como también en él, ha dejado la muerte de Doña Salud.
La Primera Comunión la recibieron los dos hermanos en la parroquia de El Coronil. María Dolores no había cumplido aún los seis años. En 1925 fallece la abuela. María Dolores tenía nueve años. Había hecho oficio de madre y su ausencia dejaba un vacío grande en su vida.
Buscando la formación cristiana de sus hijos, Don Alberto busca colegios en Sevilla para que sus dos hijos vayan internos. Antonio irá al de los PP. Escolapios. Lolita, al Colegio Sagrado Corazón de Las Esclavas Concepcionistas fundadas por el Beato Marcelo Spínola y la M. Celia Méndez. El colegio va a ser para ella en adelante como un segundo hogar, en el que pasará varios años.
En vacaciones, los hermanos vuelven a su casa y conviven con su padre. Así se turnan los periodos de colegio y vacaciones, hasta el año 1928 en que de nuevo, el dolor, marcará la vida de aquellos hermanos. Tiene Don Alberto 43 años y se siente enfermo. El 15 de Enero de 1928 fallece, víctima de un cáncer de pulmón.
Tiene María Dolores 11 años y ya, a tan corta edad, sabe por experiencia lo que es el sufrimiento y la soledad. En ella se va haciendo realidad su nombre de María Dolores. La Virgen es ya, de modo muy especial, su refugio y su consuelo. Refiriéndose a estos momentos, escribirá más adelante: "Sin el cariño materno, mi alimento fueron penas. A Ti, dulce Madre mía, yo dirigí mi mirada. Tú ya mi Madre serías"
Su infancia fue difícil. Tantos sucesos dolorosos sin embargo no la llevaron a encerrarse en si misma. Por el contrario, aquí, precisamente aquí, radica aquel su modo de ser lleno de comprensión, de bondad, de amor, de acogida, de entrega a cuantos acudían a ella, singularmente a los más desfavorecidos y necesitados, que fue una característica muy notable de su entrega a Dios y a los demás, a lo largo de toda su vida. Los testimonios que dan las personas que la conocieron respecto a esta actitud de su vida, son numerosísimos.
Antonio y Lolita quedaron solos. En pocos años habían perdido todo lo que más querían. Dice su biógrafa: !"Qué bien le venía a Lolita el nombre de Dolores! Era el compendio de toda su pequeña e intensa historia. Pero nunca le gustó firmarse con el nombre de Dolores a secas. Ella quiere llamarse María Dolores antes que todo otro nombre. La Virgen siempre unida a su dolor. No se sentía sola. Tiene a la Virgen".

NOTICIAS| CLAUSURA DEL PROCESO DIOCESANO

El día 12 de Noviembre del 2015 tuvo lugar la sesión de Clausura del Proceso Diocesano sobre la vida y virtudes y fama de santidad de H. María Dolores Romero Algarín, M. Belén, Esclava del Divino Corazón, en la capilla de las Esclavas de Sanlucar la Mayor, pueblo del Aljarafe sevillano que fue su último destino y en donde descansan sus restos.
Cerró la instrucción el Excmo. Sr. Arzobispo de Sevilla D. Juan José Asenjo Pelegrina. Le acompañaron en la mesa presidencial el Ilmo. Sr. D. Teodoro León, Vicario General y Postulador de la Causa, D. Antonio Vergara, Delegado episcopal y Juez de la misma, D. Angel Failde, Promotor de Justicia y Doña María Del Monte Chacón, como Secretaria.
Antes de solicitar el cierre del proceso, el postulador diocesano, D. Teodoro León trazó una breve semblanza biográfica de M. Belén. Destacó su bondad, abnegación, caridad y acercamiento a los pobres, y añadió: " Vivía para evangelizar, era exigente consigo misma y generosa con los demás".
A su vez el Sr. Arzobispo en su intervención destacó las virtudes y vida de M. Belén, "su amor a Cristo, su servicio a la Iglesia, su generosidad y espíritu misionero que la llevó a Brasil, donde sirvió a los pobres y necesitados.
Fue emocionante escuchar las voces del coro de niñas del Colegio de Sevilla que, dirigido y acompañado al órgano por el profesor D. Jesús García interpretaron preciosamente el "Veni Creator Spíritus" gregoriano al comenzar el acto y, al concluir, la "Salve Regina", canto final con el que se ponía la Causa de Canonización de M. Belén en manos de la Inmaculada Virgen María a quien tanto amó M. Belén, para que Ella la lleve a buen término.
En el acto se cerraron y lacraron las tres cajas que contienen la Documentación del Proceso por triplicado: una queda en el Arzobispado de Sevilla; dos se enviarán a Roma. Pasará el Proceso por distintas etapas hasta que la Congregación para la causa de los Santos apruebe "La Positio" y finalmente el Papa dicte el Decreto de Heroicidad de sus virtudes, con lo que Madre Belén pasaría a ser Venerable.
Tanto el Vicario General como el Señor Arzobispo tuvieron unas sentidas palabras de reconocimiento para H. Concepción Montoto ya que ha sido ella la que preparó la biografía documentada y la que se preocupó de recoger testimonios desde el momento mismo de la muerte de M. Belén, convencida de que algún día se iniciaría el Proceso de Canonización.

FAVORES| TESTIMONIOS

Soy la hija de Pilar Castrillón, hermana de H. María Luisa y quiero contarle lo bien que se está recuperando mi madre después del susto que nos dio el 18 de Septiembre cuando la dieron por descerebrada debido a un derrame masivo.
A mi hermano le preguntaron si desconectaban la asistencia cardiorespiratoria que tenía y decidió esperar a que estuviéramos las hermanas. Casualidades, pero su recuperación sin ninguna ayuda en 24 horas parecía un milagro y no se supo del tumor benigno hasta una posterior resonancia más precisa.
Después de su operación el 11 de Noviembre ha ido mejorando poco a poco.
Queremos agradecer las oraciones a Madre Belén de nuestra querida tía María Luisa por la rápida mejoría de mi madre.
                                                                          Pili morillo.

Quiero dar las gracias a Madre Belén por haber intervenido en el trabajo que le pedí. También pido para que me siga ayudando a mí y a los míos a ir por el buen camino y que me alumbre en todo momento y nos ayude a rectificar.
M. A (Fuentes de Andalucía)
Soy una humilde hija de Dios... Vivo en Santa Fe de Granada. Estoy viuda y tengo cuatro hijos, tres hijos y una hija, todos casados. Llevo 10 años que vivo sola.
En Febrero... me empezó una molestia muy fuerte por encima de la mama derecha (esto fue ahora en 2015) se lo comenté  al médico y a los tres días me hicieron una mamografía... nos dijo el médico que la cosa era mucho más grave que lo que habían visto en la biopsia y que en dos semanas tendrían que tener todo el proceso hecho para empezar con la quimioterapia o con la cirugía, porque creían que tenía metástasis.
Pero yo en ese momento me cogí a Nuestro Señor Jesucristo y a su Santísima Madre. Sé que el Padre Nicolás ofreció alguna que otra Misa por mí y rosarios, que hizo una Novena a una monja que van a beatificar de un convento de Sevilla, y todo eso influyó para que me operaran y no me tiennen que poner quimio en la vena, solamente radioterapia y una pastilla durante cinco años muy flojita[...]
Yo harè caso a todo lo que los médicos me digan, pero sin olvidar siempre que quienes me guian y más me ayudan es Nuestro Señor Jesucristo y su Santísima Madre, y también esta santa monja que no sé su nombre y ha intercedido por mí. Le pido a Dios que la eleven pronto a los altares y siga haciendo milagros. Y le doy gracias al Padre Nicolás que ha intercedido por mí...
                                                                          Inocencia Fernández

El sacerdote aludido nos dice respecto a este testimonio: Le doy mi "versión" del hecho. El 22 de Febrero hablé por teléfono con Inocencia y me comunicó lo que le pasaba. Ese mismo día comencé una Novena de oración al Señor, poniendo como sola intercesora a Madre Belén. Mi petición: o bien que hubiese curación total, cosa que no ha ocurrido, o bien que el resultado de todo fuera tan leve que no le influyera en su vida normal y no sufriera el doloroso proceso de esa enfermedad. Eso creo que si se ha cumplido, por la misericordia de Dios. Aunque no lo pone en la carta, el cáncer bajó de un nivel 6 a prácticamente mínimos.
Yo doy gracias a Jesús por Madre Belén, por su vida misionera y entregada, y especialmente por ayudarme con sus cartas en un momento personal de especial dificultad. No creo que sea un "milagro fuerte" -canónicamente hablando- pero sí que es un gesto de interés, de tantos como tuvo en su vida, Madre Belén por una persona que sufre.
Bueno sea todo para que Dios sea glorificado por la humildad de su Esclava María Dolores, para que de verdad la veamos en un altar, como señal de bondad y de urgencia por anunciar al Evangelio.
                                                             Nicolás María Parejo (Granada)

NOVENA

Señor Jesucristo, que mostraste la fuerza de tu amor en la vida de Madre Belén dedicada por entero a la evangelización y a la caridad para con todos, especialmente para con los más necesitados. Concédenos por el amor de tu Corazón al que ella vivió consagrada la gracia que por su intercesión, confiadamente pedimos... Así sea.
Padre Nuestro... Ave María... Gloria



Publicado por Jesús en 9:56
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