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lunes, 30 de marzo de 2009

Por si no lo vieron mis queridos familiares...

Publicado por José Ignacio Montoto en 22:57 Etiquetas: NACHO
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¿ME ESTARÉ APACIGUANDO?

Veréis, os explico el porqué de la pregunta.

Yo soy un poco inquieto, y las dos neuronas que tengo en la cabeza, como la tengo tan grande, tardan mucho en conectarse, es por eso que no me pienso mucho las cosas, me arriesgo bastante en todos los aspectos y casi no me importan las consecuencias. En fin, ¡lo que se dice un majarón!, también es por ello que tengo numerosas cicatrices, ligamentos y huesos rotos.

Desde que tengo uso de razón, ¡ehhhh quieto, parao! Eso no es así, desde que se tiene uso de razón no se te puede aplicar a tí, lo tuyo es desde que usas la razón, y no la usas tanto como debieras, además, a ti eso de la razón es como en la mili: cuando te licencias, en la cartilla militar a todo el mundo le reflejan algunas cualidades o defectos pero en el valor, a todos se les anota esta frase “se le supone” pues a tí, con lo de la razón haremos lo mismo “se supone que la tienes”.

Bueno, vale, como te pones, ¡que carácter. aaiiii joooeee!

¡Ojú, cómo está el patio! Recuerdo que desde pequeño en Vejer las bicicletas, patines, patinetas, coches de pedales, en fin, todo lo que tenía ruedas valía para tirarse cuesta abajo, pero claro, cinco hermanos con una diferencia de edad de uno o dos años ¡qué peligro!

No había pared, tapia, bordillo, escalón o agujero que saltar, que se nos resistiera, ni gatos, gallinas, perros, pavos, cabras, vacas cualquier bicho que se moviera, y no os digo si se trataba de higueras, membrillos, chumberas, azofaifos, matos de sandias, melones, tomates... os hacéis una idea ¿no? Los vecinos cada dos por tres: ¡Eduardo, los niños! Y mi padre detrás de nosotros corriendo para cogernos y… ¡ayyyy! si te cogía.

Bueno, eso son recuerdos de niñez, pero los de mayorcito, ¡de mayorcito… de mayorcito!

¡Vaaaleee… de mayor! ¡eso esta mejor! Hasta los 25 una locura, pero a esa edad conocí a Machus, ¿conociste? Ojú, vale, ya la conocía, empezamos a entablar relaciones y cuando se enteró su padre, ¡EA! Mira la niña ¿Qué pasa, que no había otro? ¿Tenía que ser el loco ese? Vamos a ver, María, ¡si ese chiquillo está como una regaera!.

Pero todo fue empezar a conocernos, y se fraguó la mayor amistad que se puede tener, entre ¿suegro y yerno? o ¿tío y sobrino? Yo, diría casi como entre padre e hijo. No pasaba un día que no fuera a verlo a su casa o que me sentara con él a tomarme una cerveza a mediodía en “la brasa” y si no podía ir a verlo por lo que fuera, preguntaba ¿no ha venido Jesusito hoy?

De verdad, os digo que lo quise muchísimo y creo que el a mí también, tanto que me permitió casarme con su hija, empezó a confiar en mí, y ahora quiero recordarlo con todo el cariño que de mi parte se merece, sólo decir que me quedaron dos cosas por hacer con él, que me dolieron -aparte de su pérdida, claro- y hoy todavía me entristecen bastante. Fueron el no haber regresado con él a Lopera, el pueblo donde estuvo en la guerra, al que tenía muchas ganas de volver, y la otra fue, ese maldito viernes que ingresó en el hospital y estando con él en la habitación le dije: ¡venga, ánimo, tío Cesáreo, que el lunes estamos otra vez en casa y nos tomaremos una cervecita en “la brasa”! a lo que me contesta con su eterna sonrisa (esa sonrisa, a la que tú haces mención en tu pajarita y que bien recuerdas, Teresa): “niño”, me parece que esta vez no va a poder ser...

(Quiero resaltar lo de su sonrisa, hasta el último momento de su vida y estando donde estaba, siempre sonreía, “tremendo”, genio y figura hasta la sepultura) No se me olvidará jamás su forma de ser, por eso, prefiero recordar los muchísimos buenos momentos que pude vivir con él. Fueron al menos quince años desde que entré en su casa, y que poco a poco intentaré contaros.

Bueno sigo con lo mío, hasta hoy día todavía sigo siendo un desastre, las locuras con la moto las sigo haciendo aunque ya en menor medida, no me paro a pensar en las cosas que hago, en casa lo dejo todo por medio, como todos lo hombres ¿no? Me gusta una juerga más que a un tonto un lápiz, en fin como me dice Machus, un inconsciente.

Pero también tengo que decir a mi favor, que en casa la ayudo en todo lo que puedo y le echo valor a cualquier faena que ella me diga, el caso viene a que siempre que busco algo.
-Machus; no encuentro mis llaves
-están en tal sitio
-Machus; ¿has visto los papeles de la moto?
-los dejaste en este otro

Total, que siempre ando preguntando por todo lo que voy dejando por ahí, pero hace pocos días fue al revés, a ella se le despistó algo y dijo: "no encuentro…", y yo le dije: está en tal sitio, te lo he dejado allí para que no se pierda, y ella, asombrada, me dijo ¡vaya! Parece que te estás “apaciguando”.

No le hice mucho caso, pero claro, hoy pienso, Jesusito, si tío Cesáreo confió en tí, y después de 21 años con Machus ya no corres tanto con la moto (que es mi gran afición) ,el otro día que estuviste con tus grandes amigos en Vejer y no hiciste ninguna locura, te da por escribir, también parece que vas pensando las cosas, las consultas de vez en cuando, y ya no vas por ahí potreando.

¿Será verdad que te estás APACIGUANDO?
Publicado por Jesús CM en 14:08 Etiquetas: JESÚS CM
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domingo, 29 de marzo de 2009

LLEGADA DE JESUSITO AL PLANETA TIERRA



Día 7 de septiembre de 1962


Por Isabel Montoto Flores

Resulta que su hogar lo tenía preparado en Sevilla, y él era el número siete. Tenía ya seis hermanos, pero bueno, los seis anteriores los dejaremos para otra ocasión, hoy nos ocuparemos sólo del siete.

Pasó el invierno y llegó la primavera, y rápido se presentó el verano, verano en Sevilla con cuarenta

grados, seis niños metidos en un piso y esperando al número siete ¡eso es insoportable!, padre y madre se pusieron de acuerdo ¡ésto no se puede soportar, pues vámonos a la playa, que es lo mejor que podemos hacer!. Y así lo hicieron.

Prepararon el viaje, pero aquello no era posible: seis niños, otro en camino, un perro, una jaula con un canario, una olla grande para los garbanzos, una tata para el último niño que todavía no andaba,

la sombrilla, una butaca cómoda para la madre en la playa, los cucos de el pequeño por si se hace pipí, una garrafa con agua y... ¿Qué paso?

Pues que el coche estaba hasta arriba, se sienta el padre, se sienta la madre y ¿dónde metemos a los niños? ¡Si no caben!. Con mucho trabajo entraron tres, pero quedaron fuera otros tres y... ¿Qué hacemos? Espera un momento, voy a llamar a tía María, veras tú como ella nos lo arregla.

La llamo y le digo: María, que nos vamos a la playa y nos sobran tres niños, ¿tú te los puedes quedar que su padre la semana que viene te los recoge?

Tía María: ¿Qué dices? Yo no me entero de nada ¿Qué le pasa a los niños? Qué es lo que les pasa a los niños... ¿Qué están solos en la calle?

No, María, que nos vamos a la playa y no sé qué hacer con los niños, hace mucho calor y yo estoy que no puedo más!

Y tía María dice: Tote, corre coge el seita que compraste y ve corriendo por los niños, porque yo creo que algo está pasando. Gracias a María pudimos emprender el viaje, y la madre le dice al padre: ¡corre, corre, vámonos ligeros antes de que llegue Tote, no se vayan a arrepentir!.

Tote llegó corriendo, pero más corrimos nosotros, porque cuando Tote llegó por los niños estábamos nosotros cerca de Jerez.

Llegamos a la playa, y no os podéis imaginar lo bien que se está en la playa, fresquita y con tres niños menos.

Se supone que la madre de Jesusito volvería a Sevilla a su debido tiempo, para que Jesusito, igual que sus otros hermanos, llegara al mundo en Sevilla y... ¿Qué paso? Pues que Jesusito un día dió la

voz de alarma y dijo: ¡madre, que ya estoy aquí!; ¡pero niño, eso cómo va a ser, si yo no te esperaba tan pronto!; ¡Pues mira, aquí me tienes ya!; ¡pero niño, yo no puedo correr tanto, yo me tengo que ir a Sevilla!; ¡pues lo siento! ¡qué puedo hacer, ya estoy aquí!

La madre se puso nerviosa, y dijo: ¡niña! Llama a tu padre y dile que venga corriendo, que Jesusito viene galopando, no hay tiempo que perder, pero de Sevilla nada, a Cádiz que está más cerca!

Y allí aterrizó Jesusito, en la tacita de plata.

Y otra vez el problema, la madre que se fue de casa deja seis niños solos y otra vez llama a María: María, esos niños otra vez solos y ya no son tres, ahora son seis. Y tía María ¡Ay que disgusto! ¡Y yo sin carné de conducir! Le dice a Tote: yo me quedo con papá, y tú, coge corriendo el seita que compraste y vete para Vejer, porque esos niños necesitan alguien que los cuide. Y Tote, toda complaciente se hizo cargo de los seis niños.

Tote coge el mando de la casa, pero seis niños son muchos niños y ella en ese terreno no tenía mucha práctica, pero por fortuna en esa casa tenían una mujer para la cocina, se llamaba Frasquita, y por la mañana le consultaba a Tote que debía prepararle de comer a los niños. Tote, que desde chica era enemiga de la cocina, porque le recordaba al cura que la obligaba a que se aprendiera el plural de ASARTEN, le dijo: yo de la cocina no quiero saber nada. Pero Frasquita insistía: le parece usted bien que les ponga, ¿sopa de ajos? Y Tote sí, sí, sopa de ajos. Así un día

detrás de otro. Pero una mañana dice Frasquita: ¿le ponemos hoy una tortillita para cambiar?, y Tote le dijo: no, no deja tranquila la ASARTEN, ¡que luego cuesta mucho trabajo fregarla! ¡sopa de ajos, sopa de ajos, que es más sano para los niños!.

No se cómo pasaría Tote esos días, mejor que os lo cuente ella, pero yo os digo que cuando la madre regresó a su casa encontró a los niños muy mejorados y más gorditos y le rogó a Tote: por favor, no te vayas a Sevilla que a mí también me gusta mucho la sopa de ajos.

Y hoy, después de haber pasado cuarenta y seis años te vuelvo a repetir: ¡gracias Tote!, porque lo que tú hiciste aquellos días, tiene más mérito que lo que hizo Agustina de Aragón.

Hoy en la mesa camilla preguntó María: ¿qué edad tiene ya Jesusito? Tote le respondió: María ¿no te

acuerdas? Nació el siete de septiembre de mil novecientos sesenta y dos.

María le contestó: ¡yo no me acuerdo de nada! Tote le contestó: yo te aseguro que si hubieses ido tú no se te podría olvidar tan pronto el día en que Jesusito, y sin avisar a nadie, se empeñó y lo consiguió, aterrizar a su llegada al planeta tierra.

07 de septiembre de 1962

Publicado por Cristina en 13:51 Etiquetas: PAJARITAS DE ISABEL
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jueves, 26 de marzo de 2009

RAFAELA Y SUS "MILAGROS"

Era ella devota de Sor Angela de la Cruz, tenía en su cómoda una estampa a la que rezaba todas las noches, y cuando tenía ocasión, iba a visitarla a su iglesia. Tenía una inmensa fe en ella, y cada vez que le surgía un "improvisto", a ella se encomendaba.
Pues resulta que Sor Angela le concedió algun que otro "milagro", pues un día llegaron a comer unos invitados, y le cogió de sorpresa. Sólamente habían cinco filetes, y eran diez comensales. Ella se echó a temblar y se encomendó a Sor Angela para que la sacase de tal apuro, y Sor Angela le concedió el "milagro" de que hubiesen filetes para todos.

Cuando ya se fueron los invitados, explicó en que consistió el "milagro": "Ay, que apuro, niña, mira que no habían filetes para todos y le he rezado a Sor Angela y menos mal que ha hecho un milagro... habían cinco filetes, cogí el rodillo y estiré los filetes tanto como pude, los corté por la mitad... y al final hubieron diez filetes! Qué milagro, verdad?"

Recuerdo que Rafaela, siempre que llegábamos a casa de abuelo, te pasabas por la cocina para ver qué te daba, a mis hermanos les daba galletas, y a mí me decía: tú siéntate aquí conmigo, que te voy a decir una cosa (y aparecía con una magdalena) mira, ¿tú sabes porqué te doy magdalenas? porque yo soy tu madrina, y quiero que siempre te acuerdes de que tu madrina a los demás les daba galletas, pero a tí te daba magdalenas.

Ya lo creo que me acuerdo... he tenido el inmenso honor de tener unos padrinos muy especiales: ABUELO Y RAFAELA.
Publicado por Nuria en 10:55 Etiquetas: NURIA, RAFAELA, RECUERDOS DE FAMILIA
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miércoles, 25 de marzo de 2009

UNA BUENA BROMA

Hola tío Cesáreo, sí ya sé lo que me vas a decir, ¡ya era hora! ¿No? Pero claro, fíjate, entre ruedas de prensa, spots publicitarios, entrevistas y demás no tengo tiempo ni de escribir. Bueno, sin bromas, llevo unos cuantos días queriendo hablar contigo, de todas formas como tú bien sabes porque nos leerás todos los días, te darás cuenta como os echamos de menos a todos.
No hace mucho le he escrito una carta al abuelo y no me ha contestado aún, es raro ¿verdad? Una persona como él, que no le conteste a un nieto.
El otro día me encontré con mi buen amigo Víctor, sí, ese, el grande que tiene la inmobiliaria, nos acordamos de la tarde y la gran broma que me gastó en el bar “la brasa” ¿te acuerdas? Bueno pues a ver cómo se lo cuento a todos para que sepan la “jartá” de reír que te distes a mi costa, por culpa del gracioso de Víctor.
Empiezo contando cómo es el bar “la brasa”, donde se llevo a cabo la broma mejor urdida y materializada que me han gastado en toda mi vida, y son unas cuantas.

Es un bar de planta casi rectangular, la barra va de derecha a izquierda, haciendo en la parte izquierda una pequeña esquina con una entrada para los camareros, esa es la esquina, no se por qué, pero cada vez que voy es donde suelo ponerme, será manía.

Pues estábamos allí tan tranquilos -serían entre las 5 y las 7 de la tarde más o menos- Tío Cesareo, Machus y yo, tomando una copa y charlando, sentados en la barra, yo en esa pequeña esquina y ellos hacia la derecha, primero Machus y después Tío Cesáreo.
En esto entra la mujer de mi hermano Alfonso con la mujer de mi amigo Víctor y sus correspondientes hijos, nos saludamos y les pregunto donde están Alfonso y Víctor: Alfonso viene ahora, me dice Macarena (es la mujer de Alfonso) y Víctor está en Huelva, me contesta Paloma (es la mujer de Víctor) ellas se sientan a continuación de Tío Cesáreo. Total, seguimos charlando, no había nadie más en el bar (menos mal, porque hubiera sido más desastroso todavía) al rato llega mi hermano, se sienta en la barra con Paloma y Macarena.
Aquí paro el relato y os cuento algo para que os hagáis una idea de todo lo que sucede a continuación.
Mi amigo Víctor es un hombretón bastante grande, fuerte y esto es importante, calvo como una pelota de pimpón.
Vale, pues Alfonso se viene a la esquina conmigo y al momento entra un hombre grande y fuerte, buena planta pero algo perjudicado por el alcohol (es lo que el quería parecer) y se pone a nuestro lado, Alfonso me lo presenta, este es Salva, es hermano de Víctor, lo saludo le doy la mano y se queda detrás de mí.

Ya todos estaban pendiente de él, claro, un tío tan grande y con su aspecto llama un poco la atención, aunque todavía no sé si los demás se dieron cuenta de quien era, yo no, total, que el grandullón este que se pone detrás de mí, me toca en el culo y……….. Claro, la reacción fue inmediata ¿Qué haces tío? El sigue a su bola no contesta y no me hace ni caso, miro a Alfonso extrañado y le digo, ¿killo este tío de que va? Alfonso me dice: déjalo, no le digas nada que es hermano de Víctor, bueno pues no le digo nada más de momento, ya algunos empezaban a reírse, total que el tío este otra vez va y me toca en el culo, el cabreo mío va en aumento, lo miro y le digo “grande, para el carro que te la estás jugando” el grande éste sigue igual, no me hace ni caso, tío Cesáreo y todos los demás se reían cada vez más y, claro, mi mosqueo va aumentando, miro a Alfonso de nuevo y le vuelvo a decir: killo el tío este se esta pasando tres pueblos. Alfonso me dice otra vez, tranquilo, no ves cómo está y además es hermano de Víctor. Sigo aguantando, me estaba portando bien dada la situación, tío Cesáero, Machus, las mujeres, niños, camareros y además es hermano de Víctor, Machus me decía también, Jesús, tranquilo por favor, pero claro llega un momento en el que ya no se puede aguantar más, me quito las gafas, las dejo en la barra y cuando me vuelvo para que me deje tranquilo, pero ya con malas intenciones -no sé qué hubiera pasado, porque un coscorrón de un armario ropero como ese, podía haber sido un poco fuerte- veo que se lleva una mano a la cabeza y se quita una peluca que llevaba puesta: ¡Víctor! ¡¡¡M…piiiiiiiiiiiiiii que c..piiiiiiiiiiiiiii no me lo puedo creer como me la has pegado!!!
Me cachis en los …. Piiiiiiiiiiiiiiiii yo te mato, te mato que c….piiiiiiiiiiiiii
Ahora imaginaros Tío Cesáreo, Machus, Paloma, Macarena, Alfonso, los camareros en fin todos los que allí estaban. Tío Cesáreo sentado en el banquito con los brazos y la cabeza apoyados en la barra con lágrimas en los ojos que le llegaban al suelo de la risa y todos los demás que se partían, de verdad fue -IM PRESIONANTE- para que os deis cuenta que “jesusito” no siempre es el malo.
Todavía hoy día Víctor me dice: ¡qué pena no haber tenido una cámara para hacerle unas fotos a tu tío, que “jarton“de reír se dió!

Bueno Tío Cesáreo da besos y recuerdos a todos y dile al abuelo que todavía estoy esperando su respuesta, ya te escribiré de nuevo
Publicado por Jesús CM en 19:08 Etiquetas: JESÚS CM
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