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miércoles, 2 de marzo de 2016

Ya Lo Creo

¡Ya lo creo! Todo cuesta, todo tiene su valor. No poco es el valor que yo le doy a esto, no poco es el trabajo que cuesta el quehacer que conlleva el escribir.
El darle valor a todo ello, aún pudiendo hacerlo, por ser afectado directo en costes y costas, no lo haré, no, no lo haré, cuando además el valor no es económico, ni mucho menos, pero el coste que tiene todo ello en emociones, en melancolías, en desgarrones del corazón, en suspiros… en definitiva, en lágrimas, no es poco, de verdad, no sale barato esto, no.
Es contento también, no puedo obviar ni negar que así sea, para nada. Tener a mi alcance todas estas maravillas, poder hacer y deshacer, leer y releer, buscar y rebuscar, encontrar, dedicar… Todo esto, que es de mi gusto, a que decir que no es complaciente y amable trabajo, sería un reverendo tontaina si lo negara, no lo hago, me siento incluso un privilegiado al tener y poder leer cuantas veces quiera, cientos y cientos de “Pajaritas” y puedo decir, debo decir, que estoy tremendamente agradecido a las cinco “Flores” que tuvieron a bien hacer de mi persona el depositario de tan grande tesoro, dar gracias a esa “Mesa Camilla” por desprenderse del mismo sabiendo el valor que tenía para ellas no puede tener otra forma de, al menos, intentar pagarlo –sin ser necesario el pago por ello- que siendo desgajado, desgranado, deshojando libro por libro, haciendo llegar a todos y cada uno de vosotros éstas “Perlas” a las que cada uno debe dar el valor que en verdad piense que puedan tener, para mí, son impagables. Es por ello que aunque el coste de todo esto es grande, escribir, comentar cada una que es publicada, buscar alguna que se quiera rememorar, alguna que venga bien a cierto momento, a tal trance… No he de negar que cuesta lo suyo, tiene su coste en tiempo, tiene su coste humano personal e intransferible, pero valor, eso ya no sé, ni seré yo el que se lo dé, si lo tiene, claro está, eso que se lo de quien se lo quiera dar, si cree que lo tiene, y se lo quiere dar, claro está.

                                         EL COSTE Y EL VALOR     

Ese del coste y del valor es un problema viejo y de resolución difícil e intrincada. Las cosas y la vida misma ofrecen a veces un contraste fortísimo. Hay cosas que cuestan poco y valen un imperio, y cosas que nos cuestan un sentido y sin valer un ochavo. La vida misma en opinión de un poeta valía tan poca cosa que, puesto a hacer confidencias, nos dijo esta ironía desgarrada: ¡Te he de decir una verdad, y es ésta: que no vale esta vida lo que cuesta!
Pues si la vida entera no vale casi nada, ¿Valdrá una “Pajarita”? Yo sé que no; yo sé que su valor es nulo. ¿Ves que no vale nada? Pues, sin embargo, cuesta. Desde hace algunos días tiene un coste; modesto desde luego, pero tiene su coste. Si éste estuviera en relación con su valor, yo podría afirmar que cada “Pajarita2 puede valer –sin estraperlo alguno, a precio de factura- una peseta justa. Las “Pajaritas” sevillanas son gratuitas; pero éstas de ahora, que son de pueblo, éstas cuestan un poquito producirlas. Y si no producirlas, transportarlas.
Hay muchísimos artículos que no valiendo nada o casi nada, los encarecen los transportes. ¿Qué vale una arroba de paja en la era? Bien poca cosa; pero el alambre de las pacas si vale, y no poco, y el que hace las pacas cobra un jornal decente, y el que las transporta desde la era al pueblo también cobra lo suyo, y luego el llevarlas a la estación, el facturarlas, el retirarlas luego, el descargarlas en el almacén… ¿Qué a cuanto sale la paca de paja en la ciudad? A millón. Y como éste de la paja te podría poner muchos ejemplos.
Pues las “Pajaritas” no tienen tantas manipulaciones; pero el hecho es que nacen en mi pueblo y tienen que llegar hasta Sevilla, lo que es causa de que tenga que usar un sobre, un sello de franqueo ordinario y otro urgente, con lo que nos acercamos a la peseta. ¿Qué valen todavía menos? Lo sé, pero me cuestan sin embargo: me cuestan la peseta y, además, el no pequeño trabajo de escamotear un rato a tantos amigos, a tantas amables tertulias y a tanta afectuosa relación.
No valen nada y a mí me cuestan mucho. Ironías del destino que se empeña en desmentir aquello de “Lo que mucho vale mucho cuesta”. Esto no vale nada y a mí me cuesta mucho. Me cuesta la peseta que es poco ciertamente. Pero ¡anda que el trabajo de usar pluma y papel en este ambiente!

                                                                                                                                 JOSE MONTOTO 
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GOLONDRINA DE DIOS

De ser testigo vengo de una inefable y tierna ceremonia. Ocho doncellas jóvenes, arrodilladas al pie del altar, han recibido el hábito de Esclavas. Una de ellas, la hasta entonces nombrada Hermanita Concha, ha perdido ese nombre y, desde ayer, se llama Madre Santa Isabel.
El hábito en sus manos, lo entregó cada cual a su madrina, y, acompañadas de éstas, se han retirado para volver vestidas con el hábito santo, y enmarcados sus rostros juveniles con las tocas blanquísimas, como blancas también eran sus almas.
Las madrinas, salvo alguna excepción, fueron las madres de las Madres nuevas. No sé si en la excepción entraba la Hermanita Concha. En apariencia sí. A la simple vista no se veía a su madre; era su "madrecita", su hermana mayor -la que con tanto celo y tanta abnegación hace el papel de madre de familia-, la que llegó con ella ante el altar, la que con ella fue a despojarla del hábito de postulanta  y a ayudarle a vestir el de Religiosa, la que volvió con ella hecha ya palomica de Dios con las alas blanquísimas de su toca flamante.
Eso fue en la apariencia. En verdad, en verdad ¡qué se yo que te diga! ¿Tú no notaste, Madre Santa Isabel, como en un suave roce, como en una caricia, las manos de tu madre posándose en tu frente y ciñendo tu toca? ¿Tú no advertiste que entre tu "madrecita" y entre tí ocupaba un lugar la madre de las dos, que por igual os bendecía a ambas? ¡Y cómo se alegró cuando te vio libre de toda traba y de toda atadura! Porque aquello que te decía el Padre no era verdad real, sino frase simbólica. Te decía al entregarte la cadena de esclava: "Esta cadena que te has de ceñír es señal de esclavitud, porque te haces esclava de la Concepción Inmaculada y del Sagrado Corazón". Y por paradoja, la cadena de esclava era la que venía a liberarte de toda esclavitud. Cuando él y tú creíais que te amarraba, lo que hacía era romper las viejas ligaduras que te ataron al mundo, y hacerte libre, libre, en santa libertad. Por eso, porque te sentias feliz y satisfecha, sin nada que fuese obstáculo a tu trato con Dios, estabas tan contenta, y un gran gozo irradiaba en tu semblante, que ayer era semblante de bienaventurada.
La noche antes, solo y a oscuras el inmenso patio del convento, la parcela de cielo que se asomaba al claustro era incapaz de contener tantísimas estrellas. Parecía como que todas las del cielo se habían apretujado para gozar con el gozo de aquella casa de paz y de oración. Yo nunca vi tal profusión de estrellas, ni un brillar más intenso en los luceros. Y era que, como en la Iglesia se cantan visperas, en los cielos también. Y las visperas de ocho virgenes más que se ínmolaban a Dios, llenan de gozo al cielo, y el ire del invierno se hace tibio y la noche callada tiene ese silencio augusto del alma en suspensión y en tierno arrobo, y los astros en su centellar tienen esa inquietud de parpadeo rápido, como de ojos que, preñados de llanto por la emoción, se cierran y se abren por contener las lágrimas que pugnan por salir.
Porque nada faltase, las novicias, desde los claustros altos, han cantado bellísimas canciones. ¿Tú te acuerdas, Concha, hija mía; te acuerdas, Madre Santa Isabel, cómo en nuestra casa de Lora se posaban las golondrinas en los alambres de la "vela"? ¿Te acuerdas cómo desde allí cantaban y cantaban y se respondian las unas a las otras, y la nota que moría en la garganta de una se diría que otra la recogía y otra después en incansables e incansables arpegios? Pues algo así me parecían a mi las novicias en la altura del claustro, con aquellas canciones que se enlazaban las unas con las otras. Y la apariencia de golondrina no venía sólo del canto y de la altura: venía también porque vestidas de golondrinas estaban, con sus hábitos negros y sus tocas blanqísimas; y venía también porque ellas, como golondrinas, consolando al Señor con sus vidas de santas, le arrancan las espinas que le clavamos otros con nuestros yerros y con nuestros pecados.
Tú, que eres una más de esa bandada de espirituales golondrinas, no olvides en tus místicos trinos la casa en que naciste, los hermanos que Dios te concedió y al padre que, como compensación, por lo bueno que no hizo y pudo hacer, te llevò de la mano hasta el convento, gozoso porque hacía el gozo tuyo, y gozoso también porque a su propio gozo añadía el gozo que inundaría a tu santa madre, si ella hubiera vivido. Y porque ella no estaba, él gozó por los dos.
Ayer fuiste feliz, Madre Santa Isabel. ¡Y que me complací y cuanto me gocé en el gozo tuyo! Además, yo vi en tí algo que me encantaba con encanto a lo humano. Aquella suave y serena dignidad, aquel empaque fervoroso y sencillo con que fuiste y volviste del altar, yo lo había visto antes. Aquello, siendo tuyo, no era tuyo del todo, aquello era de otra que, con la vida, te dió también lo mejor que tenía, porque te dió su fe, te dió su amor a Dios, te dió el más claro ejemplo de virtudes, y te dió, de camino, ese señorío de gesto y esa natural dignidad tan sencilla, y a la vez tan solemne, para tratar con Dios.
Y así, Madre Santa Isabel, yo te debo, desde el día de ayer, dos alegrías, dos gozos, dos dulces e imborrables emociones: la una es que ya te llamas Madre Santa Isabel; la otra que eres -y así te vi yo ayer- como un retorno, como un renuevo, como una copia exacta de tu madre Isabel. Y el ser y el parecer; ser como era, parecer como era, ser como eres y parecer como pareces, Madre Santa Isabel; son cosas que a tu padre le llenan de contento y que el día de ayer le hicieron muy feliz.
                                                                  JOSÉ MONTOTO
Publicado por Jesús en 9:57
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Madre Belén

María Dolores Romero Algarín. "Madre Belén". Esclava del Divino Corazón.

BIOGRAFÍA-AÑOS DE INFANCIA

María Dolores Romero Algarín nació en Sevilla, el 6 de Octubre de 1916, en la casa número 14 de la calle llamada "Siete Revueltas", nombre que hace referencia a su singular configuración. Un año antes había nacido su único hermano, Antonio, con el que las circunstancias de la vida le unirán de modo muy especial.
Sus padres, Don Antonio Romero Candau, natural de El Coronil, (Sevilla) y Doña Salud Algarín y Gómez, natural de Sevilla, se casaron en la parroquia sevillana de El Divino Salvador. En esta misma parroquia, se bautizaron sus hijos, Antonio y María Dolores.
Don Alberto era Notario y había ejercido su profesión por tierras extremeñas. En El Coronil, su pueblo natal, y en Montellano poseía el matrimonio fincas y olivares.
Pero la felicidad de este hogar cristiano y económicamente bien situado, va a durar muy poco, solamente dos años. En 1918 sufrió España una grave de gripe especialmente fuerte en Andalucía, que causó muchas victimas. Doña Salud fue afectada de esta enfermedad, que al estar embarazada revistió en ella mayor gravedad, y fallecía el 14 de Octubre de 1918, a las veinticuatro horas de contraerla. Tenía sólo 29 años y dejaba dos huerfanos: Antonio, que aún no había cumplido 3 años de edad, y María Dolores, con 2 recién cumplidos.
Aludiendo a esta dolorosa realidad, escribirá ella más tarde "Apenas tenía dos años, la cruz ya me acompañaba"...
Al faltar la madre, Don Alberto fija definitivamente su residencia en El Coronil y pasa a vivir con ellos la abuela materna, Doña Dolores Gómez. Ella dedica toda su atención y cariño a sus nietos. Don Alberto procura llenar el vacio que en ellos, como también en él, ha dejado la muerte de Doña Salud.
La Primera Comunión la recibieron los dos hermanos en la parroquia de El Coronil. María Dolores no había cumplido aún los seis años. En 1925 fallece la abuela. María Dolores tenía nueve años. Había hecho oficio de madre y su ausencia dejaba un vacío grande en su vida.
Buscando la formación cristiana de sus hijos, Don Alberto busca colegios en Sevilla para que sus dos hijos vayan internos. Antonio irá al de los PP. Escolapios. Lolita, al Colegio Sagrado Corazón de Las Esclavas Concepcionistas fundadas por el Beato Marcelo Spínola y la M. Celia Méndez. El colegio va a ser para ella en adelante como un segundo hogar, en el que pasará varios años.
En vacaciones, los hermanos vuelven a su casa y conviven con su padre. Así se turnan los periodos de colegio y vacaciones, hasta el año 1928 en que de nuevo, el dolor, marcará la vida de aquellos hermanos. Tiene Don Alberto 43 años y se siente enfermo. El 15 de Enero de 1928 fallece, víctima de un cáncer de pulmón.
Tiene María Dolores 11 años y ya, a tan corta edad, sabe por experiencia lo que es el sufrimiento y la soledad. En ella se va haciendo realidad su nombre de María Dolores. La Virgen es ya, de modo muy especial, su refugio y su consuelo. Refiriéndose a estos momentos, escribirá más adelante: "Sin el cariño materno, mi alimento fueron penas. A Ti, dulce Madre mía, yo dirigí mi mirada. Tú ya mi Madre serías"
Su infancia fue difícil. Tantos sucesos dolorosos sin embargo no la llevaron a encerrarse en si misma. Por el contrario, aquí, precisamente aquí, radica aquel su modo de ser lleno de comprensión, de bondad, de amor, de acogida, de entrega a cuantos acudían a ella, singularmente a los más desfavorecidos y necesitados, que fue una característica muy notable de su entrega a Dios y a los demás, a lo largo de toda su vida. Los testimonios que dan las personas que la conocieron respecto a esta actitud de su vida, son numerosísimos.
Antonio y Lolita quedaron solos. En pocos años habían perdido todo lo que más querían. Dice su biógrafa: !"Qué bien le venía a Lolita el nombre de Dolores! Era el compendio de toda su pequeña e intensa historia. Pero nunca le gustó firmarse con el nombre de Dolores a secas. Ella quiere llamarse María Dolores antes que todo otro nombre. La Virgen siempre unida a su dolor. No se sentía sola. Tiene a la Virgen".

NOTICIAS| CLAUSURA DEL PROCESO DIOCESANO

El día 12 de Noviembre del 2015 tuvo lugar la sesión de Clausura del Proceso Diocesano sobre la vida y virtudes y fama de santidad de H. María Dolores Romero Algarín, M. Belén, Esclava del Divino Corazón, en la capilla de las Esclavas de Sanlucar la Mayor, pueblo del Aljarafe sevillano que fue su último destino y en donde descansan sus restos.
Cerró la instrucción el Excmo. Sr. Arzobispo de Sevilla D. Juan José Asenjo Pelegrina. Le acompañaron en la mesa presidencial el Ilmo. Sr. D. Teodoro León, Vicario General y Postulador de la Causa, D. Antonio Vergara, Delegado episcopal y Juez de la misma, D. Angel Failde, Promotor de Justicia y Doña María Del Monte Chacón, como Secretaria.
Antes de solicitar el cierre del proceso, el postulador diocesano, D. Teodoro León trazó una breve semblanza biográfica de M. Belén. Destacó su bondad, abnegación, caridad y acercamiento a los pobres, y añadió: " Vivía para evangelizar, era exigente consigo misma y generosa con los demás".
A su vez el Sr. Arzobispo en su intervención destacó las virtudes y vida de M. Belén, "su amor a Cristo, su servicio a la Iglesia, su generosidad y espíritu misionero que la llevó a Brasil, donde sirvió a los pobres y necesitados.
Fue emocionante escuchar las voces del coro de niñas del Colegio de Sevilla que, dirigido y acompañado al órgano por el profesor D. Jesús García interpretaron preciosamente el "Veni Creator Spíritus" gregoriano al comenzar el acto y, al concluir, la "Salve Regina", canto final con el que se ponía la Causa de Canonización de M. Belén en manos de la Inmaculada Virgen María a quien tanto amó M. Belén, para que Ella la lleve a buen término.
En el acto se cerraron y lacraron las tres cajas que contienen la Documentación del Proceso por triplicado: una queda en el Arzobispado de Sevilla; dos se enviarán a Roma. Pasará el Proceso por distintas etapas hasta que la Congregación para la causa de los Santos apruebe "La Positio" y finalmente el Papa dicte el Decreto de Heroicidad de sus virtudes, con lo que Madre Belén pasaría a ser Venerable.
Tanto el Vicario General como el Señor Arzobispo tuvieron unas sentidas palabras de reconocimiento para H. Concepción Montoto ya que ha sido ella la que preparó la biografía documentada y la que se preocupó de recoger testimonios desde el momento mismo de la muerte de M. Belén, convencida de que algún día se iniciaría el Proceso de Canonización.

FAVORES| TESTIMONIOS

Soy la hija de Pilar Castrillón, hermana de H. María Luisa y quiero contarle lo bien que se está recuperando mi madre después del susto que nos dio el 18 de Septiembre cuando la dieron por descerebrada debido a un derrame masivo.
A mi hermano le preguntaron si desconectaban la asistencia cardiorespiratoria que tenía y decidió esperar a que estuviéramos las hermanas. Casualidades, pero su recuperación sin ninguna ayuda en 24 horas parecía un milagro y no se supo del tumor benigno hasta una posterior resonancia más precisa.
Después de su operación el 11 de Noviembre ha ido mejorando poco a poco.
Queremos agradecer las oraciones a Madre Belén de nuestra querida tía María Luisa por la rápida mejoría de mi madre.
                                                                          Pili morillo.

Quiero dar las gracias a Madre Belén por haber intervenido en el trabajo que le pedí. También pido para que me siga ayudando a mí y a los míos a ir por el buen camino y que me alumbre en todo momento y nos ayude a rectificar.
M. A (Fuentes de Andalucía)
Soy una humilde hija de Dios... Vivo en Santa Fe de Granada. Estoy viuda y tengo cuatro hijos, tres hijos y una hija, todos casados. Llevo 10 años que vivo sola.
En Febrero... me empezó una molestia muy fuerte por encima de la mama derecha (esto fue ahora en 2015) se lo comenté  al médico y a los tres días me hicieron una mamografía... nos dijo el médico que la cosa era mucho más grave que lo que habían visto en la biopsia y que en dos semanas tendrían que tener todo el proceso hecho para empezar con la quimioterapia o con la cirugía, porque creían que tenía metástasis.
Pero yo en ese momento me cogí a Nuestro Señor Jesucristo y a su Santísima Madre. Sé que el Padre Nicolás ofreció alguna que otra Misa por mí y rosarios, que hizo una Novena a una monja que van a beatificar de un convento de Sevilla, y todo eso influyó para que me operaran y no me tiennen que poner quimio en la vena, solamente radioterapia y una pastilla durante cinco años muy flojita[...]
Yo harè caso a todo lo que los médicos me digan, pero sin olvidar siempre que quienes me guian y más me ayudan es Nuestro Señor Jesucristo y su Santísima Madre, y también esta santa monja que no sé su nombre y ha intercedido por mí. Le pido a Dios que la eleven pronto a los altares y siga haciendo milagros. Y le doy gracias al Padre Nicolás que ha intercedido por mí...
                                                                          Inocencia Fernández

El sacerdote aludido nos dice respecto a este testimonio: Le doy mi "versión" del hecho. El 22 de Febrero hablé por teléfono con Inocencia y me comunicó lo que le pasaba. Ese mismo día comencé una Novena de oración al Señor, poniendo como sola intercesora a Madre Belén. Mi petición: o bien que hubiese curación total, cosa que no ha ocurrido, o bien que el resultado de todo fuera tan leve que no le influyera en su vida normal y no sufriera el doloroso proceso de esa enfermedad. Eso creo que si se ha cumplido, por la misericordia de Dios. Aunque no lo pone en la carta, el cáncer bajó de un nivel 6 a prácticamente mínimos.
Yo doy gracias a Jesús por Madre Belén, por su vida misionera y entregada, y especialmente por ayudarme con sus cartas en un momento personal de especial dificultad. No creo que sea un "milagro fuerte" -canónicamente hablando- pero sí que es un gesto de interés, de tantos como tuvo en su vida, Madre Belén por una persona que sufre.
Bueno sea todo para que Dios sea glorificado por la humildad de su Esclava María Dolores, para que de verdad la veamos en un altar, como señal de bondad y de urgencia por anunciar al Evangelio.
                                                             Nicolás María Parejo (Granada)

NOVENA

Señor Jesucristo, que mostraste la fuerza de tu amor en la vida de Madre Belén dedicada por entero a la evangelización y a la caridad para con todos, especialmente para con los más necesitados. Concédenos por el amor de tu Corazón al que ella vivió consagrada la gracia que por su intercesión, confiadamente pedimos... Así sea.
Padre Nuestro... Ave María... Gloria



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martes, 23 de febrero de 2016

PETICIÓN ACEPTADA Y CUMPLIDA

¡Petición aceptada! Efectivamente, alguien pide, yo cumplo. ¡Búscame... a ver si me puedes buscar tal "Pajarita", no sé cómo se llama, ni el año en que fue publicada, sólo sé que... Silverio iba por jara! 
No iba a ser fácil, ya lo creo, buscar entre cien, doscientas, trescientas... bueno, pues si, moverse y buscar entre estas cantidades es, o puede ser fácil, de hecho, lo es, pero buscar entre más de diez mil, enjauladas y divididas en unas cuantas jaulas, eso ya es harina de otro costal, es mucho mas... diremos: campo repleto de jara, donde tendré que llevar y traer una buena "jarría" de borricos para transportar hasta el tejar una o unas cargas, donde además hay al lado del tejar cierta vecina "panadera" ella, siempre al tanto de las idas y venidas de la "jarría", y,  a la cual le encanta que el fuego del horno, su horno, sea el más intenso posible, eso si, para que se cueza bien y nunca falte el pan en el mismo, para deleite y gusto de sus clientes y comensales.
Bueno, pues para esto está aquí de nuevo Silverio con su "jarría",  para transportar de la misma forma, independiente y libre, solícito, entregado y abnegado a grata, pero sufrida labor, y así hacer llegar hasta tejares y panaderías la "jara" con la cual alimentar el fuego de los hornos donde se cuecen el pan y los ladrillos con los que dar sustento y cobijo a los habitantes de esta casa que se construye despacio, sin prisas, con cariño, como a fuego lento, que es como mejor se cuecen los manjares, otras a fuego grande y vivo, que es como mejor se cuece el barro para fabricar los ladrillos con los que levantar paredes y muros, las tejas con las que hacer el techo que nos proteja de las inclemencias y el mal tiempo, en definitiva, construir casa confortable y acogedora para sus moradores.
Los tiempos cambian, no sé si para mejor o peor, no podría valorar lo pintoresco, ni siquiera si es pintoresca ésta forma de buscar y rebuscar, de traer "jara" a éste tejar, las "jarrías" de por sí, son lentas, al paso del noble animal y su dueño, paso lento por el borde de sendas y caminos. Éste particular Silverio no cogerá bicicleta alguna, seguirá con sus pollinos, lo único que espero es, que las cuentas salgan cabales, que no haya tachones y que el libro que un día se abrió aquí, nunca se cierre.

                                        SILVERIO EN BICICLETA   

Más bien debería haber escrito “Silverio ya no es Silverio”. Bien es cierto que no lo fue jamás. Lo fue uno de los suyos, y él heredó ese nombre como el que hereda un mote. Su hijo si es Silverio de verdad. Considerando él que el hijo heredaría también el nombre, se lo impuso en pila para que fuese un Silverio sin trampa ni cartón.
Silverio estuvo siempre adornado de dos grandes virtudes. Fue una la hombría de bien y laboriosidad. Fue otra su apego a las costumbres y a los usos antiguos. Y aún tenía otra virtud: su amor a la independencia en todos los aspectos. En el del trabajo, por ejemplo, no gustó formar parte de cuadrillas obreras, sino que él “se las buscaba” dentro de un individualismo independiente. El se hizo lo que en mi pueblo se llama “jarruchero”. Él tenía una “jarría” de borricos e iba y venía al campo en servicio de arrería llevando cargas de estiércol a los olivares, acarreando aceitunas, y, de modo más continuado, trayendo cargas de jara para los hornos de los tejares y las panaderías.
El iba por esos campos de Dios con su “jarría”, libre, feliz e independiente ganándose la vida honradamente sin depender de nadie y que nadie tuviese que mandarle. Servía a todo el mundo sin por ello dejar de ser señor de él mismo. Una vez lo trataron de interesar en propagandas y monsergas políticas. Le pintaban un mundo más risueño, un porvenir más grato, y no sabemos cuántos beneficios. A los que el buen sentido de Silverio hubo de contestar: “Dejadme a mí de historias, que yo sé lo bastante de la vida. ¿Que mandó don Fulano? ¡Silverio iba por jaras! ¿Que mandó Fulanillo? ¡Silverio iba por jaras! ¿Que pasó tal cosa? ¡A por jaras Silverio! ¿Que cambió aquella cosa? ¡Pues Silverio a por jaras! De modo y manera que, como quiera que pase lo que pase, alguien tiene que ser el que vaya por jaras y ese alguien me ha tocado ser a mí, ¿a que meterme en líos? Y por jaras siguió yendo Silverio, conforme con su suerte y contento y feliz.
Yo había visto a Silverio muchas veces, siempre del mismo modo. Al lado de su “jarría” de pollinos, agobiados éstos bajo la voluminosa carga de jaras, y Silverio caminando al borde de la senda con su paso cansino de hombre que sabe lo que vale el tiempo y que no por correr se adelanta camino.
Pero… ya lo decía en un principio: Silverio ya no es Silverio. Y es que en el campo, igual que en la cuidad, nada es ya como era, y nuevos usos se imponen cada día. Ya la estampa del campo es diferente a como siempre fue. Las eras inmensas de trabajo despacioso y humano han desaparecido dejando libre el campo al maquinismo; los aperos de yuntas dejaron campo libre a los tractores, y todo evoluciona a paso muy ligero. Tan ligero, que se ha tambaleado el casticismo del mismísimo Silverio, al que ayer hemos visto ¡montado en bicicleta!
Silverio en bicicleta representa la liquidación de una edad, la muerte de unos usos y de unas tradiciones, el sucumbir de la historia ante la actualidad tirana. Silverio en bicicleta es como el borrón y cuenta nueva aplicado a una edad; el borrón con el que se tacha un pasado pintoresco y feliz, y la cuenta nueva que se abre en un libro en el que, al rematar, pudiera ser que no hubiesen salido bien las cuentas.

                                                                                                                                                                                                JOSE MONTOTO
Publicado por Jesús en 9:20
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lunes, 22 de febrero de 2016

QUERIDO AMIGO

Quien no caería en la tentación: la de robar. ¿Quién daría, quien podría dar significado tal a “carta de hija monja”, de amigo, mejor que tú? Que de tan grave tentación, se haga tanta emoción.
Tu amigo estaría orgulloso al poder contemplar cómo tan bellas palabras alzan el vuelo en forma de “Pajarita” de tanta y tan profunda Filosofía particular.
Yo me atrevería a decir que ese “amigo” al que tu robaste tan delicada y expresiva e intima confesión al padre, esa preciosa y precisa manera de contar su vida conventual, que no solo no se enfadaría contigo, creo sinceramente que al leerla se atrevería a decir: ¡Estimado Don José: pues no que esta muchacha se le parece tremendamente hasta incluso en la forma de escribir! ¡Si no fuera porque es hija mía, hasta diría: “demonio de muchacha” pues no que me ha hecho llorar, al igual que hizo llorar a usted su queridísima hija la más pequeña al contarle de sus amores! ¡Pues no parece que se hayan puesto de acuerdo éstas nuestras hijas en todo lo concerniente a sus vidas, a sus inquietudes, a sus pasiones, a sus amores, a su entrega a Dios!
Lógico es que haya caído usted en la tentación Don José. Querido amigo mío créame si le digo que si hubiese sido al contrario yo hubiera o hubiese caído en la misma tentación y obrado en la misma forma que usted, sin dudarlo, esa “carta” es de lectura obligada y orgullosa pasión para cualquier padre, para cualquier amigo, para cualquier conocido o simplemente para cualquier sobrina o sobrino que tuviera la inmensa suerte de que cayera en sus manos y leerla, creo que hasta cualquiera de ellos tendría y caería en la misma tentación, y, creo sinceramente que sería una verdadera injusticia no hacer lo mismito que en su día hizo usted.

Si así fuera, Don José, espero que sepa y pueda usted disculpar a quien en esa tentación cayera, lo mismo que en este caso lo disculpé yo a usted.
                                  
                                      Su más que afectuoso y querido “Amigo”     
                                                                         
                                          Caí en la Tentación

Miércoles de ceniza, andaba yo pensando en una “Pajarita” que rimase con el significado de este día. Y cuando más perdido y más desorientado me encontraba, sentí una tentación: la de robar. Yo había visto una carta sobre la mesa de una persona amiga. Miré, curioso, el sobre, y él me dijo: “es carta de mi hija en que narra su dicha en el convento”. Y yo entonces pensé en que lo que dijera la monjita podría venir de molde en este día. Conque mientras mi amigo se distrajo leyendo unos papeles, yo me guardé la carta que transcribo. Que perdone mi amigo, que perdone la monja, y tú, lectora joven ve cómo piensa y siente una muchacha de tu misma edad.
“Queridísimo papá: Hace tiempo que tengo muchas ganas de escribirte y ya no lo difiero más, pues entra Cuaresma y no podría hacerlo aunque quisiera. ¿Es algo que tengo que decirte? En concreto, no; pero si ganas de hablarte de verdad de cosas así generales, pero de una manera particular y más intima que cuando escribo para toda la familia.
A mí me pasa que soy en gran parte como tú; a veces pienso que me diste mucho de tu carácter y de esa especie de doble personalidad o fases de tu persona; que tú tienes una por fuera ante la gente, callado y poco comunicativo, y otra en tu interior, distinta, que vive lejos de aquello que le rodea, en un mundo interior que se te escapa sólo por la pluma, que puesta entre tus dos fases traiciona tus secretos.
De veras papá, que tengo mucho de este tu carácter que sólo explico de paso, pues ya de sobras conoces, y tú sabes que con él se goza mucho y se sufre mucho; quizás no sepa decir qué sobresale más, si el sufrir, o ese gozo especial que de nuestro mismo sufrir a solas, y considerando como sólo cerrado y vedado a nosotros, se desprende.
Tú hablas mucho de la vida y de lo que ésta te trajo y zarandeó. Papá, la vida, a mí, tan chica en edad cuando entré en el Noviciado, ya me había hablado muy claro. La vida, siendo tanto, no es nada; y siendo nada, es mucho sin embargo. Yo sé lo que quiero decir con esto. A mí se me presentaba tan vacía que me enloquecía pensar que fuese así. Desde antes de entrar en el Noviciado, más concreto desde la santa muerte de mamá, yo lo veía todo horriblemente vacio. Fue entonces abrir los ojos a la realidad y contemplar que era fea, e insuficiente todo cuanto lleva el sello de lo mortal para ser digno de vivirse si no hay algo espiritual que le dé un valor imperecedero y lleno; y esto sí que lo hay aún en lo más trivial, y es el hálito divino, el espíritu de Dios llenando por doquier el Universo que Él creó y mantiene; su voluntad en todo.
Esta participación de Dios en su propia obra que es el mundo, la buscaba yo entonces, pero se me ocultaba, y estaba como descentrada sin hallarla. Tú, que percibes lo que no se dice con palabras, has tenido que notarlo en mi entonces e incluso en el Noviciado. Te digo en verdad que yo estoy hecha por Dios sólo para la vida religiosa; no podría vivir fuera. Por eso éste es mi lugar. Pero el convento exige mucho, lo exige todo. Este todo es de proporciones tan gigantescas como lo es la personalidad humana con todos sus atributos y ambiciones. No hay libertad ni para hacer ni para no hacer lo que se quiere; se hace todo como si una no fuese persona con voluntad. Así está ordenada nuestra vida, a toques de campana, y a no ser, ni para la menor cosa, “yo”, sino una esclava.
Esto es maravilloso y santificante; la vida religiosa es una de esas que yo antes llamaba llena con el lleno de la verdad de lo que es, y participa de algo que no es humano ni perecedero. Pero esto a veces cuesta mucho, y se tienen que ir dejando atrás pedazos de la propia vida, lo que no se hace sin que la naturaleza proteste y, a veces, mucho. Ya te digo que mi vida es ésta sin dudarlo, y en otro lugar no podría realmente vivir; mas esto no se opone a que exija constantes y muchas renuncias. Pero todo esto hace mayor el mérito, más dura la adquisición de una santidad que Dios exige, y más grande e intima la satisfacción de dárselo.
También en el convento hay alegrías papá; o mejor diría gozos; gozo íntimo produce esta misma vida cuando al fin se rinde una a Dios y se logra apagar todas estas rebeldías que nos levantan queriendo exigir lo nuestro. Los goces de la vida espiritual son inmensamente mayores que todos, y el gozo de vivir una vida que es llena de la única verdad, no se puede comparar con nada.
Dirás que estoy filósofa, pero no olvides que es que he cursado filosofía en el curso pasado; aún cuando una cosa es la Filosofía, y otras mis filosofías. Bueno papá, no te rías de mí; pero es que tenía esta tarde muchas ganas de charlar un rato contigo, que nunca lo hago. Hasta otra, si Dios quiere.
Un abrazo fuerte, grande y apretado, con todo el cariño de tu hija”.
Y como en la “Pajarita” de hoy no puse sino el prólogo, no es justo que fe la firme por entero. Pondré solo
                                                                                                                                                                                               MONTOTO
Publicado por Jesús en 8:49
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