Me da pena y añoranza pasar por dicha calle, en ella están las pisadas de nuestra niñez y juventud, llena de tantos recuerdos.
Pero no sé si existe el número 17. La casa fue demolida, los balcones y nuestros dormitorios ya no existen, en su lugar hay un espacio vacío, especie de patio y la entrada al garaje.

Nuestro piso daba al fondo con el hotel Márquez, que estaba regentado por una madre anciana y sus hijas: doña Rosario y doña Encarnación. Teníamos un patio interior compartido por dicho hotel, por lo que nos veíamos al tener balcones y azotea contiguas.
Nosotros jugábamos en la azotea, donde hacíamos números de circo, y pasábamos por los tejados a la casa contigua, que estaba cerrada y en ruinas, y que había sido un hospital llamado San José (donde hoy está la taberna Cinco Jotas) y las vecinas, doña Encarnación y Rosario, gritaban a voces: ¡Rafaela... Isabel... esas niñas, que se van a matar!
El hecho de vivir en un piso grande, estar en el centro de la bulla, ser nosotros muchos hermanos de diversidad de edades, hacía que fuera siempre el centro de reunión, acudían primos y amigos, de niños para jugar y de mayores para todo cuanto fueron necesitando. Era una casa de puertas abiertas.
Mis hermanos se fueron casando, y mis cuñadas embarazándose. Como en aquella época los niños nacían en las casas, pues a ella acudían a dar a luz.
Lo primero que aparecía por las puertas era una horrible maleta de la farmacia, que traía todo lo necesario para el evento. Luego la matrona, ella indicaba cuando teníamos que recoger al médico.
En la casa se armaba un lío que para qué, todo eran carreras, las muchachas iban y venían con ollas de agua caliente, líos de sábanas, etc... y nosotras, mientras, nos metíamos en el último rincón.
La primera en nacer fue Isabel Mª Montoto Cañas, que aunque era la segunda en número de sobrinas nacidas, fue para nosotras la primera. Nos hizo muchísima ilusión y volcamos en ella todo nuestro cariño de tías primerizas.
Luego fueron llegando uno tras otro, hasta un total de doce. Con deciros que en un año tuvimos en casa tres partos.
De ellos dos fueron Montoto Cañas
Dos Montoto Linares
Tres Montoto Sousa
Cinco Castrillón Montoto
Creo que el dormitorio se mereció el título de Maternidad.
Todo esto fue posible por la hospitalidad de abuelo, y la valiosa colaboración de Rafaela, Isabel y Encarna, que como siempre lo daban todo.
Pasaban los años, abuelo pensaba en jubilarse, y por ello comprar un piso donde mudarnos. Usando la amistad de un amigo de tía Salud, adquirió en Los Remedios el piso de la calle Asunción (donde actualmente vive ella). Estuvimos durante un tiempo a medio camino, unas veces en Albareda y otras en Asunción. Nuestros amigos nos preguntaban: ¿dónde vivís ahora, en el centro o en los suburbios?
El traslado definitivo de Albareda fue horrible ¿sabéis lo que supuso levantar una casa donde habíamos vivido 15 personas durante tantos años, para meternos en un piso de cuatro dormitorios?
Desde entonces, mis peleas con tía María, porque todo lo que durante un año no se ha usado, es trasto para el contenedor, aunque es verdad que a los cinco minutos de haberlo tirado, resulta que te hace falta.
Del cambio a los Remedios, guardo buen recuerdo. Era entonces un barrio de nueva construcción, agradable para vivir. Se puso muy de moda, con buenas tiendas y muchas cafeterías donde se reunía la juventud.
Desde allí pasamos a Nervión y más tarde de nuevo aterrizamos en Los Remedios, donde según dice Miguelito “nos resistimos”.
Y así va pasando el tiempo, y en tu vida van quedando trozos de recuerdos que ahora adquieren gran protagonismo, como sucede al pasar por la calle Albareda, donde ya no existen los balcones, ni las habitaciones, sólo un espacio vacío, no sé si con el número 17.
5 comentarios:
QUERIDA TIA DOLORES.
tia tote para todos nosotros, deja que te diga, no sé si esto aliviara tu pena y tu añoranza, pero yo diría que esa casa nunca ha sido demolida, ni deja espacios vacios,sigue viva en cada uno de vuestros corazones, en vuestros recuerdos y vuestras emociones,solo le faltan algunas habitaciones, que irremediablemente se han ido cerrando, pero al mismo tiempo algunas se abrieron, porque los que se nos van las cierran, pero los que en ella nacieron, otras fueron abriendo,solo tienes que cerrar los ojos y pensar en ese cariño de tias primerizas y experimentadisimas mas tarde(pues fueron unos cuantos partos) y vendran a tu mente maravillosos recuerdos, que son los de tu casa, casa de puertas abiertas, que nadie ni nada, podra demoler, ni cerrar jamas,solo el tiempo, ese enemigo de todos, que nos tiene en sus manos,al que teneis que resistiros con todas vuestras fuerzas.
cuando pases por la calle albareda parate en el numero 17, cierra de nuevo los ojos, veras tu casa con todas sus puertas, habitaciones y balcones, abiertos de par en par,piensa que cada habitacion y cada balcon, de esta gran casa que somos todos, casa que vosotros habeis decorado con vuestro amor, y nos veras asomados a ellos, pues cada balcon es un trozo de tu corazon, y en el, estamos cada uno de nosotros, piensa que ninguno dejaremos que esa casa caiga, porque tambien es nuestra casa. por eso en la calle albareda 17 tu casa siempre estara y ningun vacio quedara, ahora mas que nunca, tu casa tiene mas habitaciones y balcones, una por cada uno de nuestros corazones.
¡Ésta es la que decía que no sabía escribir! ¡pos anda que no lo hace bien! ¡Tío Jesús, tío Luis! ¡las niñas os van a dejar sin temas!
No sé si alguno de los doce que nacieron allí recordarán algo de esa casa, pero sería bonito saber qué sensaciones les han traído lo que ha contado tía Tote del lugar donde nacieron.
Por favor, Tía María Dolores, escribe más sobre Albareda 17.
Tío Jesús, cuentan las malas lenguas que alguien metió alguna vez un borreguito en los almacenes donde se almacenaba el papel en Albareda 17... ¿sabes tú algo de eso?
Perdonen que me meta, un poco de rondó y algo tarde, en la conversación, pero la encontré precisamente buscando por internet si existía alguna foto del antiguo hospital de San José en la calle Albareda, en el número 15, en cuyo ático viví con mi familia unos 35 años.
Efectivamente el número 17 sigue existiendo solo que desde que se demolió el edificio de El Correo se compone de 17A y 17B.
Mis padres vivieron allí desde 1968 hasta el 2005, ¿ustedes en que año dejaron la casa de al lado? Si tienen alguna foto en la que aparezca la calle en aquellos años, o la azotea por donde usted se colaba a jugar (y que luego sería la mía), les agradecería mucho la colgasen.
Un cordial saludo y me pareció muy interesantes y evocadoras sus reflexiones sobre nuestra calle.
Muchas gracias,
Francisco Gil
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