
Que suerte tenéis de vivir en Sevilla y de poder hablar con las tías de vuestras cosas y disfrutar de todo lo que saben y de su sentido del humor.
Ahora que soy madre y abuela, no sabéis lo que rejuvenece (gracias al blog) que te traten de hija y de nieta.
He tardado tanto en escribir porque no tengo práctica ninguna en utilizar este cacharro.
Tía Tote pregunta que si tengo recuerdos de Albareda 17, pues sí, tengo muchísimos, y todos buenos.
Me acuerdo estupendamente de aquella casa. Había un portero, un patio con una fuente en medio, una escalera amplia con el retrato del Cardenal Spínola, un salón con dos sillones de cuero negro en los que yo me tiraba como si fueran un tobogán. El tintineo de las máquinas de escribir se oía toda la noche en un patio con claraboya junto a la cocina.
La cocina era grandísima, o por lo menos a mí me lo parecía, y estaba junto al dormitorio de Rafaela, Isabel y Encarna con una ventanita que daba a la escalera.
El dormitorio del abuelo tenía una mesa llena de papeles que estaba prohibido tocar, y el de las tías que tenían muchos collares y a mí me encantaba ponérmelos.
Jugaba yo con una sobrina de Rafaela que luego murió, creo que de meningitis. Rafaela me llevaba al edificio de enfrente que era una casa de Falange femenina.
También íbamos a la Plaza Nueva a jugar con mi prima Bibi, que vivía al otro lado de la plaza, en la calle Jimios, ella iba con su ama. Bibi era mayor que yo y me dejaban de cascarón de huevo, y a mí me daba mucho coraje. Rafaela me defendía y me llevaba a San Buenaventura a comprar merengues.
Cuando iba el padre Ángel a visitar a las tías, yo me escondía, no sé por qué me daba miedo aquel cura.
Yo también quería mucho a Encarna, que era la cocinera. Muchos de los primos no la recordarán porque fue la primera que murió. Un día acordándome de ella escribí esta humilde poesía:
Las lentejas de Encarna:
Cuando pongo lentejas
la costumbre es limpiarlas
y me siento en la mesa
con un plato a pasarlas.
Las paso poco a poco
para seleccionarlas,
que no caiga ni un chino
ni un palito ni nada.
Esta costumbre antigua,
no puedo remediarlo,
me recuerda una cosa,
me recuerda una casa.
La casa de mi abuelo,
su cocinera Encarna,
cuando así ella lo hacía
yo pequeña miraba.
¡Qué lentejas más buenas
las que guisaba Encarna!
Y qué feliz yo era
cuando allí las tomaba.
¡Cómo me acuerdo Dios!
De esa cocina amplia,
también de Rafaela,
con sus bromas jugaba.
Y yo entre muchas risas
con Rafaela hablaba
para darle una broma
a la apacible Encarna.
Y Encarna con paciencia
aguantaba sentada
bromas de Rafaela
y, mientras, las limpiaba.
Estos tiempos, Dios mío,
qué lejanos estaban,
lejos de que yo misma
tuviera que limpiarlas.
Qué lejos de que yo
fuera el ama de casa
y de que yo ahora fuera
la que estaba sentada.
No puedo remediar
acordarme de Encarna
cuando limpio lentejas
aquí en la mesa blanca.
Le rezo un Padre Nuestro
se me saltan las lágrimas,
Dios mío, ¡quién pudiera!
9 comentarios:
Hola! greeting from Indonesia!
soy mªJesus Montoto y tengo que decirte que no entiendo como no te atreves a publicar, si has sido capaz de hacer una poesia a las lentejas de Encarna que tiene todo el arte del mundo, besitos y que sigas deleitandonos con publicaciones como esta.
Estupendo estreno, Isabel Mª. Ya que le has cogido el tranquillo al dichoso cacharro esperamos más historias (somos insaciables), mira, hasta en Indonesia te felicitan ¿a que no te esperabas algo así? Besos
yo me se otra sobre las lentejas, dice asi:
mama,mama, otra vez lentejas
pues si niño otra vez lentejas
pero no te preocupes que el que
quiere las come y el que no
las deja
ves, Tia Tote, como todavía
esta viva tu casa, estan presentes Rafaela,Isabel y tambien Encarna.
Isabel Maria, desde su habitacion abre su ventana, entra en la cocina y con el aroma de las lentejas nos embriaga, ademas se le nota, fijate en la fotografia, como esta de guapa, cuantos platos se comeria,dice que ha rejuvenecido, es verdad ahora esta un poco mas alta, mas delgada y menos traviesa (esto de ser travieso, me estoy dando cuenta que yo no era el unico)no estan tus recuerdos tan lejanos, Isabel Maria, estan muy cerca, la distancia que hay desde el corazon a tu cabeza, te quedan muchas lentejas que limpiar todavia, cuando te sientes en tu mesa blanca, rezes el padre nuestro, si alguna lagrima se derrama, y cae por tu mejilla, piensa que alguna mas estara cayendo aqui en sevilla,cierra los ojos y piensa en ellas, veras como es facil agarrarse de nuevo a sus faldas, es bonito recordar, eso es algo que nadie te podra arrebatar. bueno te mando un saludo y te felicito, eso que has escrito es muy bonito.
fe de errata: como redactora jefe tengo que disculparme. El comité de dirección, reunido en su mesa camilla, me ha comunicado que la niña de la jarrita en NENA, y no ISABEL Mª. El error quedará subsanado en breve.
ya quedó subsanado el error ¡ésta si es Isabel Mª!
querida redactora jefe, porque no pones esa foto de nena en la publicacion que de ella se hizo, anda,ponla porfa
ya está!
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