Hoy me he emocionado. Os explico. Estaba yo el otro día con la cabeza metida en este blog cuando llegó una de mis niñas. Miró curiosa la pantalla del ordenador y me dijo: “¿ese de la foto es mi bisabuelo el de las Pajaritas?”.
Pues esta tarde ordenando papeles me he encontrado con este regalo por casualidad. Casi ha llegado a mis manos sin yo buscarlo. Es la pajarita que el abuelo escribió en el año 1947 para ellas y para todos los bisnietos que habrían de llegar y que ya están aquí. Y me he alegrado, porque me he dado cuenta de repente, que estamos contribuyendo con el blog a que se cumplan sus deseos de no ser “el señor viejo de la sala” para todos aquellos que no tuvieron la suerte de conocerlo. Seguro que cuando se rompa el cristal de su foto lo cambiarán por uno nuevo, y no morirá por culpa de ese accidente nuestro abuelo, porque será, por lo menos para ellos, “el bisabuelo de las Pajaritas”, más aferrado a la vida que nunca.
Pues esta tarde ordenando papeles me he encontrado con este regalo por casualidad. Casi ha llegado a mis manos sin yo buscarlo. Es la pajarita que el abuelo escribió en el año 1947 para ellas y para todos los bisnietos que habrían de llegar y que ya están aquí. Y me he alegrado, porque me he dado cuenta de repente, que estamos contribuyendo con el blog a que se cumplan sus deseos de no ser “el señor viejo de la sala” para todos aquellos que no tuvieron la suerte de conocerlo. Seguro que cuando se rompa el cristal de su foto lo cambiarán por uno nuevo, y no morirá por culpa de ese accidente nuestro abuelo, porque será, por lo menos para ellos, “el bisabuelo de las Pajaritas”, más aferrado a la vida que nunca.

LA EMOCIÓN DEL ENAGUADO
Yo creo que a todos los abuelos causará una gran emoción contemplar el “hatillo” del primer nieto que se acerca a la vida. Y no es que creo, sino que sé de cierto que la emoción es infinitamente mayor y más intensa que la que nos produjo la del hijo primero. Es quizás que, por lo mismo que estamos para irnos, nos aferramos a quedarnos, y ese nieto que llega nos da la seguridad de que, en cierto modo, quedaremos, si no para “in aeternum”, para unos años más; al menos mientras el que está al llegar nos recuerde y nos nombre. Y ahí se termina todo, porque es que los bisnietos ya no nos echan cuenta. Por eso yo soy enemigo de retratarme, y no deseo que mi efigie, encerrada en un marco, adorne una pared.
Tengo para ello mis razones que te voy a contar. Yo frecuento una casa en la que existen dos de esos retratos venerables. Son abuelo y abuela de los que fueron señor y señora de aquella casa y, por tanto, bisabuelos de las niñas, que son ya mayorcitas y se gobiernan solas. Pues bien, yo he oído más de una vez cómo esas niñas, para referirse a esos retratos, los llamaban “el viejo de las barbas que está en la sala” y “la señora vieja de la sala”. Cuando el padre vivía, horrorizado, rectificaba al punto: "Niñas, ¡que son vuestros bisabuelos!". Pero ellas, no sé porqué me parece que no miran con el debido respeto a sus lejanos ascendientes. El otro día he visto que el cuadro de “la señora vieja de la sala” se le había roto el cristal y estaba la cartulina en trance de caer. ¿Lo arreglarán las niñas informales? ¿Morirá definitivamente de este accidente la pobre bisabuela?
Yo no quiero verme en el trance de “la señora vieja de la sala”. Por eso, cuando el que ha de vestir el enaguado que contemplaba ayer tenga nietas y nietos, quiero que de mi persona no quede sino el recuerdo, si es que él se digna recordarme entonces; pero no que sus niñas me nombren por un mote: ni por “el de las barbas” ni por otro ninguno.
Y esta fue mi emoción al contemplar el lindo “hatillo” del que ha de sucederme. Yo a él siempre lo querré, porque él viene como a prolongarme la vida. Pero cuando él viva la suya y cree un hogar, se olvidará de mí. Y sus niñas, irrespetuosas, me habrán de adjudicar un feo mote. Si no se te fuera a olvidar, yo te haría un encargo: que enseñes a tus niñas a llamarme “el bisabuelo de las Pajaritas”, de las que ellas serán las más lindas sin duda. Porque si no salieron de mi pluma, habrán salido de mi corazón.
Tengo para ello mis razones que te voy a contar. Yo frecuento una casa en la que existen dos de esos retratos venerables. Son abuelo y abuela de los que fueron señor y señora de aquella casa y, por tanto, bisabuelos de las niñas, que son ya mayorcitas y se gobiernan solas. Pues bien, yo he oído más de una vez cómo esas niñas, para referirse a esos retratos, los llamaban “el viejo de las barbas que está en la sala” y “la señora vieja de la sala”. Cuando el padre vivía, horrorizado, rectificaba al punto: "Niñas, ¡que son vuestros bisabuelos!". Pero ellas, no sé porqué me parece que no miran con el debido respeto a sus lejanos ascendientes. El otro día he visto que el cuadro de “la señora vieja de la sala” se le había roto el cristal y estaba la cartulina en trance de caer. ¿Lo arreglarán las niñas informales? ¿Morirá definitivamente de este accidente la pobre bisabuela?
Yo no quiero verme en el trance de “la señora vieja de la sala”. Por eso, cuando el que ha de vestir el enaguado que contemplaba ayer tenga nietas y nietos, quiero que de mi persona no quede sino el recuerdo, si es que él se digna recordarme entonces; pero no que sus niñas me nombren por un mote: ni por “el de las barbas” ni por otro ninguno.
Y esta fue mi emoción al contemplar el lindo “hatillo” del que ha de sucederme. Yo a él siempre lo querré, porque él viene como a prolongarme la vida. Pero cuando él viva la suya y cree un hogar, se olvidará de mí. Y sus niñas, irrespetuosas, me habrán de adjudicar un feo mote. Si no se te fuera a olvidar, yo te haría un encargo: que enseñes a tus niñas a llamarme “el bisabuelo de las Pajaritas”, de las que ellas serán las más lindas sin duda. Porque si no salieron de mi pluma, habrán salido de mi corazón.
2 comentarios:
esto que te ha pasado no es casualidad, él te pone los papeles de forma, ordenadamente desordenada,para que tú los encuentres, él sabia que tú, fabricarías un marco que no se rompería y que en tu casa nunca moriría "el bisabuelo de las pajaritas", gracias a tí, todos tenemos en casa una foto de él, que no se rompera, el encargo te lo estaba haciendo a tí, ¿no te das cuenta? él, estará muy orgulloso contemplando que tu trabajo esta dando sus frutos, no lo dudes, él sabía que lo harías, y lo estas haciendo de maravilla, yo por mi parte intentare seguir tus pasos, para en la medida que pueda, lo sigan recordando como "el bisabuelo de las pajaritas" eres grande muy grande, gracias por todo, te lo digo de corazon, besos
Yo leí ésta pajarita hace unos meses, y en tales circunstancias que venían totalmente a cuento, os lo prometo, me emocioné muchísimo, y tengo claro que entre cuento y cuento, a mi hijo le leeré las pajaritas de su bisabuelo, para que lo tenga muy presente.
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